Tortosa, ciudad mártir de Catalunya

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Tortosa se convirtió en una inmensa ruina. Resultaba imposible transitar por sus calles

El 13 de enero de 1939, las tropas nacionales entraron en la ciudad de Tortosa, después de nueve meses de asedio (18 de abril de 1938 – 13 de enero de 1939), que dejaron la urbe desierta y devastada. La ciudad sufrió 35 bombardeos aéreos de ambos bandos contendientes. El 60% de los inmuebles de la ciudad fueron destrozados por los obuses o las bombas, que ocasionaron más de 70 muertos y un centenar de heridos. Fueron destruidos 1.247 edificios; otros 1.356 resultaron seriamente dañados. De las 2.961 casas que Tortosa tenía en aquella época, sólo 358 tuvieron daños de menor importancia. La ciudad se convirtió en una inmensa ruina. Resultaba imposible transitar por sus calles, convertidas en una verdadera montaña de escombros. Las principales arterias de la población ofrecían un espectáculo dantesco. Sólo hay que ver las fotografías. Habrá que recordar las palabras del ministro de Obras Públicas, Alfonso Peña Beuf, que en su visita a la ciudad, a primeros de noviembre de 1939, proclamó a Tortosa como “ciudad mártir de Cataluña.” Se ha escrito que Guernica, Belchite, Tortosa y Nules fueron las ciudades más castigadas por los efectos de la guerra civil.

El parte del bando nacional del referido 13 de enero informa que “… ha continuado el avance de nuestras tropas (…), quedando liberadas totalmente la ciudad de Tortosa y las poblaciones de Perelló, Ampolla, Campredó, Hostalnou, Choperal, Camarles, Jesús y María, La Cava y otras de menor importancia.” Destaca que durante la jornada “siguió el victorioso avance de nuestras tropas en Cataluña, arrollando cuantas resistencias intentó el enemigo…”

Calcula que se elevan a más de veinte millones los cartuchos recogidos y recontados. En un depósito se hallaron veinte ametralladoras nuevas, trescientos fusiles y cuatro millones de cartuchos, así como diverso material. El número de prisioneros aumentaba cada día. A los detenidos en el campo de batalla hay añadir los desperdigados por los caseríos del campo, “que los naturales del país se apresuran a detener y entregar”.

EN LA HUERTA DE VALLS.- El mismo día, las tropas nacionales salvaron la última divisoria que les separaba de la huerta de Valls, de cuya población se encontraban a dos kilómetros. Además, fueron ocupados durante la misma jornada los pueblos de Montfalcó de Agramunt, Lilla, Figuerola, Pla de Cabra (hoy, El Pla de Santa María), Miramar y Masmolets.

Partes posteriores del mismo día confirman “que la jornada de hoy en Cataluña ha sido una de las más victoriosas, siendo muy grande la extensión del terreno conquistado y el quebranto causado al enemigo.”

OTROS PUEBLOS OCUPADOS.- Además de los pueblos ya mencionados, el mismo día fueron ocupados Castellnou, Pira, Belltall, Cabra del Campo, Fontcaldes, Picamoixons, Capafons, Ferena, Guiamets, Capsanes, Serra de Almos, Tivenys, Bitem y Benifallet, “quedando en nuestro poder todo el trozo de la costa, desde la desembocadura del Ebro, pasando por el pueblo de la Ampolla, hasta la cala de la Ametlla de Mar.”

EL PARTE REPUBLICANO.- El parte republicano del mismo día, al referirse a Cataluña informa que “continúan con enorme violencia los ataques de las divisiones italianas y fuerzas españolas a su servicio, protegidos y apoyados por extraordinaria cantidad de material blindado, artillería y aviación, a las líneas republicanas en el frente de Cataluña.” Destaca que en la zona de Agramunt, “los soldados españoles han contenido heroicamente los ataques enemigos, destrozando dos tanques extranjeros.”

Más al sur – señala el parte – prosigue la acción ofensiva italo-faciosa en los sectores de Solivella, Barberá y Capafons, consiguiendo el enemigo, a costa de muchas bajas, modificar su línea de vanguardia.

Respecto a la actividad aérea señala que los aparatos españoles (republicanos) de gran bombardeo alcanzaron a cinco barcos de guerra enemigos, “bombardeándolos con precisión y alcanzando a uno de ellos, que viró hacia Mallorca visiblemente tocado.”

ENTRADA TRIUNFAL EN VALLS.- El 14 de enero, el parte de los nacionales informa que “han continuado la victorias de las armas nacionales, avanzando las tropas españolas en todos los sectores en una profundidad media de ocho kilómetros, pasando del millar el número de prisioneros evacuados hacia la retaguardia.”

En el sector sur de Cataluña, “se ocupó a primeras horas de la mañana la importante y rica ciudad de Valls, nudo de comunicaciones de la hermosa vega tarraconense, habiéndola rebasado ampliamente en dirección a Tarragona.” También fue ocupada la población de Alcover, importante nudo de carreteras al pie de las últimas estribaciones del Montsant, a diez kilómetros de la industriosa ciudad de Reus.

Destaca el parte que “la entrada en Valls fue triunfal.” “Toda la población ovacionó continuamente a nuestras tropas, a pesar del fuego de la artillería enemiga, que ocasionó algunas bajas en el elemento civil, incluso en las mujeres, luciendo en el Ayuntamiento dos banderas nacionales que tenían escondidas los habitantes de la ciudad. La rapidez con que se operó permitió detener un tren con dos locomotoras, que a todo trance intentó marcharse cargado con los productos de los saqueos.”

Durante la misma jornada, por la costa continuó la progresión de las tropas nacionales, “liberando playas y puertos”, así como el más importante puerto natural de El Fangar.

Por Francesc Basco Gracià, publicado en Diari de Tarragona el 02/02/2014

VEINTIÚN TORTOSINOS, INMOLADOS EN LA CHECA SAN ELÍAS

DestacadoVEINTIÚN TORTOSINOS,  INMOLADOS EN LA CHECA SAN ELÍAS

VEINTIÚN TORTOSINOS,

INMOLADOS EN LA CHECA SAN ELÍAS

Y CATORCE, ASESINADOS EN VINAROZ

 

En un oficio fechado el 15 de septiembre de 1936, el Comité central antifascista de Tortosa, adscrito a la Comisió de Justicia, redacta una lista de presos, que eleva a lator2 Comisión de Investigación y Defensa de la Generalitat, que considera “facciosos y enemigos del actual Régimen, y por lo tanto los pone a disposición del Comité Antifascista Central de Cataluña”. Estos son sus nombres: Juan Cotolí Pedrol / Lluis Cruells Aragonés / Manuel Vicente Duart / Jaime Climent Ferré / Francisco Bertomeu Gilabert / Juan Vidal Galindo / David Catalá Solá / José Casanovas Ferrando / Joaquín Beltri Ferré / Juan Sagristá Cepeda / Joaquín Querol Morelló / Francisco Izquierdo Izquierdo / Hilarión José Soler / José Cervera Tomás / Jaime Fontcuberta Lluis / José Casanovas Baiges / Ismael Rius Ferrando / Lluis Cruells Martí / Lluis Panisello Martí / Sebastián Segarra Barberá / Mariano Tornadijo Gil / Juan Arru7fat Panisello / Francisco Minguez Lima / Juan Molino Expósito. Al final de la relación se pude leer la siguiente nota: “Los individuos inscritos en esta lista, la Comisión de Investigación y Defensa los considera como facciosos y enemigos del actual Régimen, y por lo tanto, los pone a disposición del Comité Antifascista Central de Cataluña”. Todos perecieron asesinados; de algunos sus familias no consiguieron hallar sus restos mortales.

 

El 23 de septiembre de 1936 se corrió la voz que durante la madrugada había salido de la ciudad una expedición de ilustres presos tortosinos en dirección desconocida, en un coche fantasma; un ómnibus que efectuaba el servicio de viajeros entre Tortosa y las poblaciones de la comarca. Era una saca más numerosa que las anteriores. En el autobús viajaban veintena personas encarceladas. La población no tardó en rumorear algunos nombres. Se temía que aparecieran muertos en alguna carretera de la comarca. En la carretera de Tortosa a Barcelona no había aparecido ningún cadáver de quienes formaban la expedición. Tampoco se encontró cuerpo alguno en ninguna otra carretera del extenso término municipal de Tortosa. Aquel infausto día sólo se hallaron los cadáveres del abogado Francisco Olesa Homedes y de dos infelices sacerdotes de pueblos próximos.

 

El terrible interrogante embargaba el espíritu de sus familias. ¿Dónde estaban sus deudos? Las horas y los días transcurrían con la lógica angustia. Por fin se abrió una esperanza. Se supo que habían sido conducidos, sanos y salvos, a la checa San Elías de Barcelona, la peor de todas las de la Ciudad Condal, con el beneplácito de las autoridades estatales y autonómicas gobernantes. En ella, una pira de cerdos se alimentaba de los cadáveres descuartizados que les echaban los milicianos, de las personas allí martirizadas y asesinadas. Contaba, también, con un horno crematorio, – al estilo nazi -, donde se introducían cadáveres inmolados para reducirlos a cenizas. Una auténtica máquina de matar y de esconder crímenes. Se comentó en algún bar de Tortosa que uno de los chequistas motejó de cobardes a sus camaradas tortosinos, “por no haber sabido cumplir durante el trayecto la orden de las autoridades locales”: asesinarlos en masa. Alguien apuntó que “estaban hartos de matar a gente desconocida”, por ello habían decidido trasladarlos a Barcelona, donde operaban profesionales del crimen. Sabían que en San Elías funcionaba muy bien el siniestro oficio de matar personas y destrozar familias. Finalizada la guerra, once cadáveres de las víctimas tortosinas aparecieron en una fosa común, en el cementerio de Las Corts; del resto de las víctimas nunca más se supo.

 

He aquí la relación nominal de los asesinados: 1.- Lluis de Cruells Aragonés, inmolado en el cementerio de Las Corts. 2.- Manuel Duart Palomar, inmolado en el cementerio de Las Corts. 3.- Jaime Climent Ferré, su cadáver no fue hallado; 4.- Francisco Bertomeu Gilabert (a) Blanquet, inmolado en el cementerio de Las Corts; 5.- Juan Vidal Galindo, inmolado en el cementerio de Las Corts; 6.- David Catalá Solá, su cadáver no fue hallado; 7.- José Casanovas Ferrando, inmolado en el cementerio de Las Corts; 8.- Joaquín Beltri Ferré, inmolado en el cementerio de Las Corts; 9.- Juan Sagristá Cepeda, su cadáver no fue hallado; 10.- Joaquín Querol Morelló, inmolado en el cementerio de Las Corts; 11.- Francisco Izquierdo Izquierdo, inmolado en el cementerio de Las Corts; 12.- Hilario José Soler, su cadáver no fue hallado; 13.- José Cervera Tomás, su cadáver no fue hallado; 14.- Jaime Fontcuberta Lluís, su cadáver no fue hallado; 15.- José Casanovas Baiges, inmolado en el cementerio de Las Corts; 16.- Ismael Rius Ferrando, su cadáver no fue hallado; 17.- Lluis de Cruells Martí, inmolado en el cementerio de Las Corts; 18.- Lluis Panisello Martí, su cadáver no fue hallado; 19.- Mosén Sebastián Segarra Barberá, natural de Paüls, sacerdote Operario Diocesano, inmolado en el cementerio de Las Corts; 20.- Mariano Tornadijo Gil, inmolado en el cementerio de Las Corts; 21.- Juan Arrufat Panisello, su cadáver no fue hallado.

 

Junto con el alcalde y su secretario, estos eran los miembros del Comité local antifascista de Tortosa cuando ocurrieron los hechos: Finanzas, Timolau Granyó (ERC); Gobernación, Josep Brull (ACR); Cultura, Joan Cid Mulet (ACR); Defensa, Manuel Carrozas (CNT); Sanidad, Joaquim Tena (CNT); Economía, Josep Tarín (CNT); Provisiones, Pere Sàez (CNT); Agricultura, Felip Panisello (U. de R.); Treball, Francesc Melich (PSOE); Obras Públicas, Tomás Jardí (PSOE).

 

Finalizada la guerra, los restos mortales de once de las víctimas fueron hallados en una fosa común del cementerio de Las Corts; del resto nunca más se supo. Sus restos mortales fueron trasladados a Tortosa el 28 de octubre de 1940, y depositados en un salón a la Casa Consistorial. Familiares y autoridades velaron los féretros hasta la mañana del día 29 de octubre (Día de los Caídos), en que fueron trasladados a la Catedral Basílica de la ciudad, donde se celebró un solemne funeral, que ofició el vicario general de la diócesis, Mn. Claudio Pérez de Heredia, al que asistieron las autoridades, familiares y numerosos fieles, que llenaron el recinto catedralicio. Pronunció la oración fúnebre el canónigo Mn. Felipe Pitarque. La mayoría de los balcones de la ciudad lucían colgaduras con crespones negros. Terminado el acto religioso, los féretros fueron trasladados ante la Cruz de los Caídos, situada en el paseo central del parque Teodoro González. Allí pronunció una vibrante plática el doctor Joan Bautista Manyà, canónigo de la Catedral, prestigioso Teólogo de la Iglesia católica y destacado nacionalista catalán, que, durante la guerra, salvó la vida de verdadero milagro. Una inmensa multitud asistió al acto y desfiló emocionada ante los féretros, que fueron trasladados seguidamente al cementerio de San Lázaro, donde recibieron cristiana sepultura.

 

CATORCE TORTOSINOS, ASESINADOS EN VINAROZ

 

“Tarancón al paredón”. ¿Se acuerdan? Vicente Enrique Tarancón, el preclaro cardenal de Madrid que criticó con dureza el régimen del general Franco en sus últimos años; el mismo que enterró al presidente Carrero Blanco, asesinado por ETA. “Tarancón al paredón”, se oía de entre la muchedumbre, mientras desfilaba el cortejo fúnebre.

 

Era el mismo que fue perseguido con saña por los sicarios del Frente Popular en 1936 y logró salvar la vida milagrosamente. El mismo que, el 28 de julio de 1939, presidió en Vinaroz (Castellón, obispado de Tortosa) la ceremonia fúnebre y bendijo los restos mortales de catorce tortosinos asesinados por milicianos anarquistas durante la guerra civil y la persecución religiosa, ante los familiares de las víctimas, cuando ejercía su ministerio sacerdotal como arcipreste de la villa castellonense.

 

El día 9 de septiembre de 1936 se recibió en Tortosa una triste noticia. En el frente de Aragón había muerto Alfonso Pla, uno de los fundadores de la CNT-FAI de la ciudad. Sus partidarios exigieron a gritos venganza. Una tragedia se cerniría a no tardar en algunos hogares tortosinos. El pánico se apoderó de las personas recluidas en las cárceles de la ciudad. En la tarde del mismo día 9, elementos revolucionarios organizaron una manifestación de protesta. Los gritos y los mueras encontraron eco en los comités revolucionarios locales. Un tal Batiste, que se jactaba de haber dado muerte a más de cuarenta sacerdotes, lideraba la multitud con enardecidas palabras de venganza.

 

Pocas horas después, patrullas de milicianos allanaban los hogares de varias familias cristianas de la ciudad y procedían a la detención de algunos de sus miembros, sin orden judicial alguna, por la fuerza bruta de los puños y las armas. Algunos habían sido detenidos con anterioridad y puestos en libertad sin cargos. Ninguna autoridad legalmente constituida intervino para proteger estas familias y parar las insidias de los revoltosos.

 

Estas fueron las víctimas:

José Panisello Tafalla; Conrado Palies; Luís Emperador García; Arturo Vergés Delsors; Juan Arasa Povill; Daniel Nivera Antó, Ramón Albacar Nicolau; Julián Lavega Roé; Matias Cairat Maties; Victoriano Peralta Beltri; I. de Ramón y de Salvador; Luis Canivell Curto; Ernesto Mestre Ferrús; Manuel Canalda Gil.

 

De esta matanza pudo escapar Gerardo Vergés Delsors, que logró esconderse cuando los milicianos fueron a buscarle para llevárselo junto a su hermano, Arturo Vergés.

 

En la madrugada del 10 al 11 de diciembre de 1936, fueron atados en las celdas de la cárcel tortosina por los matones más famosos de la comarca: “Chaparro”, “Carrozas”, “Margarit” y un tal Grau. Obligaron a las víctimas a subir en un coche autobús (el célebre coche fantasma), que tomó la dirección de la carretera de Valencia. En el paraje conocido por la Pedrera de Cálig, sito en el término municipal de Vinaroz (Castellón), hallaron el lugar idóneo para asesinarlos. Cuando algunos de ellos estaban todavía en vida rociaron sus cuerpos con varios bidones de gasolina, prendiéndoles fuego. Para hacer desaparecer por completo las huellas del crimen, colocaron sobre los cuerpos varios haces de leña, que quemaron durante varias horas. Sus deudos hallaron en este lugar, medio calcinados, los restos de los catorce cadáveres de pacíficos ciudadanos tortosinos, que, de momento, no pudieron ser identificados. Su único delito era ser católicos, de derechas y no comulgar con los principios revolucionarios del Frente Popular republicano. Pero no se les podía acusar de haber hecho mal a nadie.

 

Poco tiempo después, los tortosinos tuvieron noticia de algunos detalles horripilantes de aquella noche trágica, narrados por los propios asesinos en los bares de la ciudad, entre celebración y borrachera, jactándose de sus “hazañas” ante seres indefensos. Se emborrachaban de sangre inocente, que les convertía en personajes sádicos y deleznables. Había quien contaba los asesinatos por docenas, pero nunca fueron capaces de marchar a combatir al frente de batalla. En las noches de orgía, en bacanales trágicas, – entre insultos y blasfemias – desmenuzaban sus horrendos crímenes. Se burlaban de aquellos “palomos” que salían por la fuerza bruta de las cárceles para que ellos ejercieran de matones, jugando al blanco con sus cuerpos en los andurriales de la noche oscura, con sacerdotes, religiosos y padres de familia cristianos.

 

RESPONSO DE TARANCÓN.- Los restos de las víctimas fueron trasladados ante la puerta principal de la iglesia parroquial de Vinaroz, donde el arcipreste Tarancón rezó un responso. La comitiva fúnebre siguió camino hacia Tortosa, a donde llegó a las siete de la tarde; después de pasar el río Ebro en una barcaza, los restos de las víctimas fueron conducidos a la Catedral, donde quedaron depositados. A la mañana siguiente, después de un solemne funeral fueron trasladados al cementerio de San Lázaro, donde recibieron cristiana sepultura. Centenares de personas asistieron a los actos. El 2 de agosto de 1939, Vinaroz celebró un solemne funeral, presidido por el arcipreste Vicente E. Tarancón, por el eterno descanso de las almas de las víctimas de esta barbarie.

 

El día 19 de agosto de 1938, la colonia tortosina refugiada en Vinaroz levantó e inauguró una Cruz en la Pedrera de Cálig, a unos cinco kilómetros de Vinaroz. Allí estuvo, también, con los deudos de las víctimas el arcipreste Tarancón.

 

“Mediterráneo”, el periódico de Castellón, el 21 de dicho mes, recogía en sus páginas el acto. “Gloria a los mártires. En Vinaroz y en el punto conocido por Pedrera de Cálig, fue erigida anteayer una Cruz en memoria de trece vecinos de Tortosa y uno de Ginestar, que en aquel punto fueron asesinados en diciembre de 1936 y quemados luego sus restos por la criminal horda marxista”. El padre de una de las víctimas, el ilustre patricio tortosino Francisco Mestre y Noé, cronista de la ciudad de Tortosa, contestó con emocionadas palabras a los familiares y autoridades allí presentes. No pudo superar la muerte de su querido hijo y fallecía en Tortosa el 6 de diciembre de 1940.

 

CORRIDAS DE TOROS PARA CELEBRAR ASESINATOS

Durante los meses de septiembre y octubre de 1936 es cuando más sangre inocente se vertió en tierras tortosinas, donde se cometieron monstruosos crímenes. Los políticos y sindicalistas del Frente Popular, que formaban parte de los Comités, legalizados por la Generalitat republicana, para distraer a la plebe, organizaban verbenas y corridas de toros en la plaza de Remolinos (Tortosa), como celebración de los asesinatos. En estos festivales participaban los más refinados asesinos de la zona. Era de dominio público que, una vez terminada la faena en las corridas de toros, los matarifes profesionales se dirigían a las cárceles de la ciudad con sus famosas listas, que alguien les confeccionaba desde algún organismo oficial, para llevarse a unos cuántos infelices en el ómnibus de la muerte y sacrificarlos en las cunetas de carreteras de la ciudad y comarca.

 

Mientras la ciudad se vestía de luto y sangraban los corazones de decenas de familias cristianas, la milicianada y sus corifeos acudían a la plaza de toros y a los festivales musicales nocturnos, aplaudiendo o coreando a los matarifes de personas, alentándolos para que se comportaran como auténticos héroes en la próxima matanza. Solían actuar de lidiadores los matarifes de personas de orden, alentados desde las gradas por el personal ávido de sangre, cuando no acertaban en el estoque ante los astados. “¡Vamos a ver si tampoco acertáis con los fascistas!” O bien: “¡Espabila, hombre. Matas mejor a los fascistas que a los toros!” Dicen los periódicos de la época que, en una de esas corridas, uno de los asesinos actuaba de matador de toros, y como no acertaba en el descabello, una espectadora, desde una de las primeras filas, le gritó, burlándose de su desacierto, a la que desde la plaza, contestó: “¡Si vieras como acierto con el descabello de los curas…!”. En los saraos y las veladas nocturnas, con las que se celebraban algunos asesinatos, ciertas mujeres se disputaban el honor de bailar con el asesino de moda, o con el que mayores fechorías contaba en los bares.

 

FRANCESC BASCO GRACIÀ. Periodista (Del libro inédito LA REPRESIÓN DEL FRENTE POPULAR EN EL BAIX EBRE).

UN ASESINATO “LEGALIZADO” POR EL TRIBUNAL POPULAR DE TARRAGONA.

UN ASESINATO “LEGALIZADO” POR EL TRIBUNAL POPULAR DE TARRAGONA.

LA CONDENA A MUERTE DE SANT JAUME HILARI.
UN “ASESINATO LEGALIZADO” POR EL TRIBUNAL POPULAR DE TARRAGONA.
(AHN, Causa General de Tarragona, Caja 1.457, exp. 8)

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 Dice así:

“Entre las causas originales instruidas durante el periodo de dominio rojo en esta capital (Tarragona) por los Juzgados y Tribunales Populares, y recuperadas después de la liberación, que constan archivadas en esta Causa General, figura un procedimiento en cuya carpeta y con lápiz obran las indicaciones “Nº 21 T.P.”, “Expediente núm. 122”, seguido contra D. MANUEL BARBAL COSÁN, Hermano de las Escuelas Cristianas, conocido en religión por el nombre de JAIME HILARIO y perteneciente al Colegio que dicha Comunidad tiene establecido con el nombre de Colegio de San José, en el pueblo de Cambrils, de esta provincia y partido judicial de Reus.

 

“El procedimiento mencionado fue hallado y recuperado en su total integridad y como tal figura unido a la pieza separada número 5 Justicia roja, ocupando los folios 836 a 899 del Tomo III de la mencionada pieza, constando de un proceso en el que se tramita en el mismo cuerpo lo que podríamos llamar sumario y plenario con su ejecutoria, y unas diligencias, en pieza separada, referentes al cumplimiento de la pena accesoria de confiscación de bienes, terminando esta última con un auto declaratorio de insolvencia total del penado.

 

“De los autos se desprende que el hermano Barbal fue detenido en Lérida, en el mes de noviembre de 1936, o al menos es el 28 de dicho mes cuando obra la primera declaración del encartado, de la que, aclarando lo anteriormente expuesto, se desprende que fue detenido en Mollerusa (Lérida), el día 23 de julio de dicho año, afirmando el inculpado en dicha declaración, que era hortelano del Convento de San José y no haber pertenecido nunca a ningún partido político.

 

“El Tribunal Popular de Lérida se inhibe a favor del de Tarragona el 3 de diciembre y remite las actuaciones practicadas, que se concretan a la citada declaración. Recibidos los autos en Tarragona, se piden informes a los Ayuntamientos de Cambrils y Enviny (lugar de naturaleza del encartado) y a la Comisaría de Orden Público de Lérida, obrando en autos tales informes, de los que resulta que el Ayuntamiento de Cambrils le da totalmente por desconocido; el de Enviny afirma que ejercía la carrera Eclesiástica y que hace más de 25 años se halla ausente del distrito, por lo que actualmente es completamente desconocido; y la Comisaría de Lérida se limita a decir que fue detenido el 23 de julio y que manifestó ser hortelano del Convento de San José.

 

“En estas condiciones se recibe declaración al hermano Barbal, a bordo del  Isla Menorca, barco – prisión surto en el Puerto de Tarragona, con fecha 12 de enero de 1937 y ante el fiscal instructor E. Escudero, en cuya declaración se afirma por el acusado y ante la contradicción que, por lo visto, se le debió poner de relieve de ser hortelano y religioso, que primero fue religioso, y después, por la sordera total que padecía, solicitó y obtuvo de su Superior quedarse en el Convento como hortelano, sin haber llegado nunca a tomar Ordenes. En estas condiciones, y sin mayores trámites ni antecedentes, se declara al encartado procesado por una providencia de la misma fecha 12 de enero, que firma el “ciudadano presidente del Tribunal”, estableciéndose que “como se consideran practicadas las diligencias encaminadas a la averiguación de los motivos de tal procedimiento”, se señala para la celebración del correspondiente juicio el día 15 del mismo mes, en la Sala del ex – Seminario de esta ciudad, pasándose los autos para calificación del fiscal, el cual al siguiente día, 13 de enero, formula escrito de conclusiones, en la primera de las cuales afirma que de las diligencias sumariales resulta que el referido procesado ha desarrollado actividades fascistas, coadyuvando con ello a la rebelión militar y al movimiento fascista del 19 de julio del año próximo pasado, conceptuando en la segunda que los hechos constituyen un delito comprendido en el Art. 1º del Decreto de la Consejería de Justicia de la Generalidad de Cataluña, de fecha 5 del mismo mes de enero de 1937, conceptuando autor del mismo al procesado sin circunstancias modificativas y solicitando la aplicación de la pena de MUERTE, con la accesoria de confiscación de bienes. La Defensa pide la absolución, por no aparecer materia alguna delictiva, y en 15 de enero de 1937 se reúne el Tribunal Popular, resultado del acta del mismo la comparecencia del procesado quien, a preguntas del fiscal ratifica sus declaraciones anteriores, sin que se practique prueba testifical alguna y leyéndose la documental, que como se desprende habrá de quedar reducida a los informes de que antes hemos hecho mención, elevando las partes a definitivas sus conclusiones e informando con arreglo a las mismas el fiscal y el defensor, retirándose el Jurado a deliberar y emitiendo un veredicto de culpabilidad, condenando al procesado a la pena de MUERTE, en cuyo sentido se dicta sentencia en la misma fecha, cuyo resultado dice así: “Resultando que de lo actuado y como consecuencia del Juicio aparece probado que el procesado MANUEL BARBAL COSÁN desde hace 20 años ingresó en la Orden de Religiosos denominada San José, dedicándose primeramente a la enseñanza y luego desempeñó otros cargos en distintos lugares, desde los cuales  y en todo momento ha desarrollado actividades fascistas y con ello ha coadyuvado a la rebelión y como consecuencia al Movimiento del 19 de julio del año próximo pasado”.

 

“En el Considerando dice que los hechos declarados probados vienen comprendidos dentro de los establecidos en el Art. 1º del Decreto de la Consejería de Justicia de la Generalidad de Cataluña de fecha 5 de los corrientes. Notificada la sentencia al reo y comunicada la misma al presidente de la Generalidad por medio de un telegrama, el 18 del citado mes de enero de 1937 fue fusilado el hermano MANUEL BARBAL, constando en autos los oficios de entrega del reo a los Agentes de Seguridad para el cumplimiento de la sentencia, la comunicación dando cuenta de la ejecución firmada por el Comisario de Orden Público, y la certificación del forense, de defunción, a las 15,30 horas, por hemorragia interna a consecuencia de los disparos por fusilamiento, obrando igualmente copia de la partida de defunción y nota del enterramiento en el cementerio, sin especificar el lugar.

 

“El hecho queda relatado y documentalmente comprobado, constituye el caso más patente de “asesinato legalizado”, que pueda darse, poniéndose en él de relieve la forma de actuar de la llamada Justicia roja (o republicana). Se condena y ejecuta al hermano MANUEL BARBAL por el mero hecho de ser religioso, ya que en ninguno de los folios ni actuaciones resulta imputársele la menor actividad política ni concomitancia alguna con el Alzamiento Nacional, constituyendo un modelo de cinismo el resultando de hechos probados de la sentencia, en el que se afirma, sin precedente alguno, que el acusado desarrolló actividades fascistas y coadyuvó con ello a la rebelión, extremo  que no resulta ni tan siquiera insinuado en ninguno de los elementos del juicio que pudo tener a su vista el Jurado Popular, que estaba presidido por un Abogado llamado Andrés Massó López, actualmente ejecutado por sentencia de Consejo de Guerra, y del que formaban parte ocho Jurados Populares, en representación de los diferentes partidos políticos del Frente Popular y Sindicales”.

 

Fechado en Tarragona, el 20 de agosto de 1943. El Fiscal Instructor (Firma ilegible). Hay un sello con el escudo de España en el centro que dice “Causa General, Tarragona”.

 

Francesc Basco Gracià. Periodista. (Del libro inédito “JAUME HILARI, EL PRIMER SANT DE LA GUERRA CIVIL”)

 

 

3.753 PERSONAS FUERON ASESINADAS EN TARRAGONA POR EL FRENTE POPULAR

3.753 PERSONAS FUERON ASESINADAS EN TARRAGONA POR EL FRENTE POPULAR

La desmemoria histórica

3.753 PERSONAS FUERON ASESINADAS

EN TARRAGONA POR EL FRENTE POPULAR

Estos rojelíos nuestros, se deslizan de nuevo por el túnel del tiempo. Regresa la desmemoria histórica. Se acerca el 18 de julio, se cumplen ochenta años de la victoria de los nacionales, y erre que erre con las querellas, la exhumación de muertos y la promoción política de las célebres “victimas del franquísmo”. No hemos conseguido que salga una sola víctima de los milicianos del Frente Popular o del Ejército republicano. Seguramente porque eran unos angelitos…

Algunos quieren volver la historia del revés como un calcetín y que lo que sucedió no haya pasado nunca. “Que lo que sucedió no haya pasado, cosa que al mismo Dios es imposible”, escribió en dos endecasílabos memorables Manuel Machado.

¿Quién responde del asesinato del doctor Josep María Vives Salas, quemado vivo rociando su cuerpo con gasolina, junto a la antigua Escuela de Trabajo (en la Era del Eume),  cerca de donde hoy se hallan las instalaciones de Diari de Tarragona, inmolado por presos comunes, liberados y armados por la Generalitat, entre ellos Recasens, el tristemente célebre “Sec de la Matinada”? El doctor Vives dejó esposa y siete hijos. ¿Quién responde de esta barbaridad?

¿Quién responde de los 3.752 asesinatos perpetrados en la provincia de Tarragona desde julio de 1936 hasta el final de la guerra, bajo el dominio del Frente Popular? Las cifras son del doctor Miquel Aleu (epr), médico forense de unos y otros, que, por imperativo legal, tuvo que presenciar las ejecuciones y efectuar la autopsia a los cadáveres de personas asesinadas que llegaban al cementerio. Me dijo: “Els afusellats en la represió franquista foren 116”. Después, haciendo broma, como le gustaba, sentenció: “Si fem una resta, la diferencia és de 3.636 víctimes; güanyen per golejada els del Front Popular”. Y se reía… Asesinar sin piedad a 3.752 personas en dos años no es una broma. Es imposible que, con ese número de víctimas, nadie encuentre un solo culpable. El doctor Aleu no necesitaba estadísticas; los asesinados pasaban por sus manos y tenía información fidedigna. Hubo consejos de guerra y condenas a la última pena, aplicando la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada, por cierto, en tiempos de la Segunda República y empleada por el Frente Popular.  Afortunadamente, muchos fueron los que se exiliaron a Francia porque eran bastantes los que tenían delitos de sangre o habían cooperado en ellos. Después pudieron regresar y algunos no quisieron. No debían tener la conciencia muy tranquila.

¿Quién responde de los 141 sacerdotes martirizados y fusilados en la Archidiócesis de Tarragona? (BOAT, núm 15, pág. 209 – 212, 30 de agosto de 1944). ¿Quién responde de los 316 sacerdotes martirizados y fusilados en la diócesis de Tortosa? ¿Quién responde de los 41 Hermanos de las Escuelas Cristianas inmolados en la provincia? ¿Y de los siete Carmelitas Descalzos? ¿Y de los siete Misioneros del Corazón de María?  ¿Y de los cuatro religiosos de la Fraternidad Terciaria Carmelitana de la Enseñaza? ¿Y del capuchino, Carmelo de Colomés? Hoy, todos beatificados, excepto los de Tortosa. ¿Quién responde del asesinato en Calafell de quince Hospitalarios de San Juan de Dios, que se dedicaban al cuidado de niños minusválidos y enfermos mentales? Hoy, beatificados. ¿Y los 52 ex alumnos de La Salle, inmolados por sus creencias religiosas, quién responde?

¿Quién responde de los 500 templos devastados en la Archidiócesis de Tarragona? ¿Y del incalculable patrimonio artístico y cultural destruido, propiedad de la Iglesia y del Estado? ¿Quién responde? ¿Quién responde del tesoro del Papa Luna del obispado de Tortosa, trasladado a México en el barco “Vita”, y del cual nada más se supo? ¿Y del camión de la Generalitat que recorría pueblos y ciudades de la provincia para recoger los objetos de valor de la Iglesia y de los vecinos “benestants”, llevárselos a Barcelona para fundirlos y convertirlos en lingotes de oro y plata, para pasarlos a Francia? ¿Quién responde de todo esto?

¿Quién responde de las 149 personas no residentes en Tarragona, cuyos cadáveres fueron hallados en las carreteras, los descampados y en la tapias del cementerio de la capital, entre las que se relacionan 62 de desconocidos, que no pudieron ser identificados? Dice así: “Persona desconocida: se presume que era jesuita por su vestimenta”. Otro: “Persona desconocida: se presume que era sacerdote por la tonsura”. Otro: “Persona desconocida: llevaba una Cruz en el bolsillo”. Y así hasta 62 cadáveres. En otra lista aparecen 132 personas asesinadas, todas residentes en Tarragona, inmoladas entre julio de 1936 y abril de 1937. ¿Quién responde de todo esto?

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¿Quién responde de los 560 asesinatos perpetrados en el partido judicial de Tortosa? ¿Y de los 387 de Grandesa; y de los 329 del Priorato; y de los 373, de Reus; y de los 349 de Tarragona; y de los 278 de Valls; y de los 233 de El Vendrell; y de los 197 de Montblanc? ¿Quién responde del asesinato del beato Manuel Borrás, obispo auxiliar de Tarragona, en el Coll de Lilla? ¿Quién responde de la noche triste de Falset, con el asesinato en masa de 26 personas, ametralladas en el cementerio? ¿Y del asesinato de Enrique Rull Cortés, “porque tenía un hijo en el Seminario”? ¿Quién responde?

¿Quién responde de haber suprimido el día de Navidad en Cataluña y de haber convertido el día de Reyes en “la setmana dels infants? ¿Quién responde de haber suprimido del callejero de los pueblos y ciudades de Cataluña, todos los que llevaban  nombre de santo desde tiempo inmemorial? Santa Coloma de Queralt se convirtió en Queralt de la Conca; Sant Carles de la Ràpita, en La Ràpita a secas; Sant Jaume dels Domenys, en Domenys del Penedès; Sant  Jaume d’Enveja, en Enveja, y así en el resto de Cataluña? ¿Quién responde de estas barbaridades, abolidas luego por los nacionales?

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Y si van a revisar y anular las sentencias de los juicios sumarísimos del final de la guerra, ¿qué hacemos con todas las condenas a muerte de los llamados Tribunales Populares, creados por la Generalitat republicana? ¿Las ponemos como impecables ejemplos de la modélica y equilibrada justicia del pueblo en armas? El juicio y la condena de Jaume Hilari, hermano de las Escuelas Cristianas, por el Tribunal Popular de Tarragona, es un buen ejemplo de cómo funcionaba la justicia “popular” en aquellos tiempos. El hermano vivía en el colegio de Cambrils. Como estaba sordo no podía dedicarse a la enseñanza y trabajaba de payés en el huerto. Fue condenado “porque sabía Latín y enseñaba la Religión católica a sus alumnos”. El mismo día, el tribunal de Tarragona remitió a la Generallitat la condena de veinte penas de muerte para que fueran ratificadas o conmutadas por el presidente Lluis Companys. Diecinueve de ellas fueron conmutadas por treinta años de reclusión. Un solo reo fue condenado a la pena máxima: Jaume Hilari. Presenció la ejecución, por imperativo legal, el doctor Miquel Aleu. En 1999 estuvo presente en Roma, como testigo de excepción, junto a san Juan Pablo II, en el acto de canonización hermano lasaliano.  Es el primer Santo de la persecución religiosa en Cataluña.

Como pueden ver, si se sacan los muertos de un lado empezarán a salir los del otro. Y si hay que pedir perdón por unos habrá que hacerlo también por los otros, que fueron mucho más numerosos. Todo debe ser perdonado; pero es intolerable la manipulación de la verdad histórica. Han pasado ochenta años y es hora que se sepa la realidad de aquellos tiempos.

Jordi Pujol, siendo presidente de la Generalitat, dijo, referente a la memoria histórica que “se puede chapotear con el agua, pero no con la memoria”.  Recordó que en Cataluña tenemos la suerte macabra de haber sido a la vez verdugos y mártires y, por tanto, podemos entendernos mutuamente”. Y se preguntó: “¿Alguien ha pedido perdón por los 5.000 curas, frailes, monjas, democristianos, carlistas o falangistas muertos en Cataluña?” Esta situación fue la que hizo que “en Cataluña murieran hasta tres veces más personas de derechas que de izquierdas, simplemente porque muchos pudieron huir a Francia”. Confesó que él, como presidente de la Generalitat también debería haber pedido perdón. Pero antes tenía que haberlo hecho Tarradellas, “porque aunque la Generalitat perdió el control de la calle, tenía la obligación de mantenerlo, porque era el régimen legalmente constituido y debía garantizar la seguridad de todos”.

Francesc Basco Gracià. Periodista. Tarragona, 15 de mayo de 2016.

 

DOCUMENTACION

Los Tribunales Populares fueron creados por la Generalitat republicana; las sentencias de muerte se ejecutaban por orden del Govern y las firmaba el president Companys. Para que quede claro, definitivamente. Por tanto, sant Jaume Hilari fue condenado a morir fusilado por el presidente Lluis Companys.

He aquí los documentos:

ELS TRIBUNALS POPULARS

(DOGC, núm. 289, 15 d’octubre de 1936, pags. 194 a 196)

El Conseller Primer de la Generalitat de Catalunya, Josep Tarradellas, amb el vist-i-plau del Conseller de Justícia, Andreu Nin, signen un Decret, amb data 13 d’octubre de 1936, creant al territori de Catalunya els Tribunals Populars, que entendran en els actes que directament o indirectament hagin coadjuvat a la rebel·lió militar i al moviment feixista i en aquells que per llur índole especial poden conceptuar-se com a contrarevolucionaris.

Els Tribunals Populars es compondran d’un president y vuit membres pertanyents a cadascun dels partits polítics i organitzacions sindicals següents: un del Partit Socialista Unificat de Catalunya(PSUC); un de la Federació Anarquista Ibèrica (FAI); un del Partit Obrer d’Unificació Marxista (POUM); un d’Esquerra Republicana de Catalunya (ERC); un de la Confederació Nacional del Treballs (CNT); un de la Unió General de Treballadors (UGT); un d’Acció Catalana Republicana (ACR) i un de la Unió de Rabassaires (UR).

LES SENTÈNCIES DE MORT ES COMUNIQUEN

I LES EXECUTA EL GOVERN DE LA GENERALITAT

(DOGC núm 29, de 28 de gener de 1937).

El Conseller de Justícia, Rafael Vidiella, resol que “Les sentències de condemnament a mort es comunicaran al Govern de la Generalitat per mitjà del Conseller de Justícia, al qual li’n serà tramesa una còpia autoritzada. El Conseller de Justícia donarà rebut de l’entrega, el qual s’unirà a la causa”. Seguidament que el Tribunal rebi l’acús de rebut de la còpia, notificarà la sentència al condemnat, al efectes del termini de l’apartat i de l’art. 18 del decret del 5 de gener de 1937. “La pena de mort s’executarà pel personal designat a l’efecte i hi assistiran les representacions que l’Autoritat legitima cregui convenient”. (Ordre de la Conselleria de Justícia de 18 de gener de 1937).

TARRAGONA; COMPANYS COMMUTA PENES DE MORT

En data 12 de gener de 1937 (DOGC núm 14, del 14 de gener de 1937), el president Companys signa un Decret pel qual commuta la pena de mort dictada pel Tribunal Popular de Tarragona, en data 24 de desembre últim, per la de reclusió perpètua a Daniel Vallbona i Sanau, Josep Carreras i Pont i Salvador Palau i Costa.

En data 15 de gener de 1937 (DOGC núm 17, del 17 de gener de 1937, pag 260), vista la sentència dictada pel Tribunal Popular de Tarragona amb data 25 de desembre últim, el president Companys commuta la pena de mort per la de reclusió perpètua a Josep M. Sunyer i Vaquet, Josep Roca i Sanuan, Joaquim Sunyer i Paladella, Josep Llop i Peris, Josep Roca i Oriol i Josep Llop i Gasull.

El dia 26 de gener de 1937, el president Companys commutava a Isabel Segura i Adell la pena de mort imposada pel Tribunal Popular de Tarragona, per la privació de llibertat en camps de treball correccionals. I el mateix dia commutava la pena de mort dictada pel Tribunal Popular de Tarragona per la de reclusió perpètua a Josep Torrens i Grau, Lluis Solé i Grau, Agustí Solé i Grau, Sebastià Roig i Bover, Eduard Bargalló i Peirats, Joan Mercader i Mercader i Josep Martí i Navarro. (DOGC num 29, 28 gener 1937, pag. 422).

VICTIMAS Y VERDUGOS

VICTIMAS Y VERDUGOS

ICV se querella por la ejecución de 45 tarraconenses por el franquismo. Eran miembros del PSUC y fueron fusilados entre 1939 y 1943. Con esta querella los ecosociaslistas catalanes se suman al proceso abierto en Argentina contra los crímenes del régimen del general Franco, en el que también se personó ERC. Haciendo un pequeño esfuerzo democrático y ya que están metidos en faena, yo les aconsejaría que incluyeran también a los 1.550 ciudadanos asesinados en la provincia en poco más de dos años (21 de julio de 1936- 14 enero de 1939), cuando era zona republicana y estaba administrada por el gobierno del Frente Popular y la Generalitat de Catalunya.

Estas víctimas del franquismo tuvieron una suerte macabra, que fueron juzgadas por un tribunal militar y condenados a muerte, de acuerdo con el código de justicia militar republicano. De las 1.550 víctimas de la República sólo trece fueron sometidas a juicio y condenadas a muerte, entre ellas Sant Jaume Hilari, condenado por el tribunal popular de Tarragona “porque sabía Latín y enseñaba la Religión católica a sus alumnos”. El resto fueron víctimas de las “sacas” y “paseos” a que sometían a la población los llamados “tribunales de sangre”, es decir grupos de milicianos (“incontrolados”)  bien armados, con listas de victimas en la mano,  que allanaban las viviendas sin orden judicial o entraban en las cárceles libremente, para secuestrar a sus indefensas víctimas, martirizándolas y asesinándolas en las cunetas de las carreteras o en las tapias de los cementerios. Todo muy democrático. Yo, desgraciadamente, no puedo presentar copias de sentencias; sólo certificados de defunción “por hemorragia.”

Las ejecuciones se producían en la montaña de la Oliva, con el visto bueno del comisario de la Generalitat en Tarragona, según documento adjunto. Era obligado que el médico forense las presenciara y certificada la muerte de la víctima “a consecuencia de hemorragia.” Según testimonio del doctor Miquel Aleu, forense sustituto, cuando regresaba de la Oliva de presenciar una ejecución, encontraba en el cementerio montones de cadáveres de personas asesinadas, entre ellas algunos familiares suyos, sin haber sido juzgadas ni condenadas por tribunal alguno, víctimas del terror rojo. En pocos meses el ilustre médico perdió trece kilos por el estrés al que estaba sometido.

Una de las víctimas de este pavor revolucionario y antidemocrático fue el doctor Josep María Vives y Salas, a quien, no hace muchas semanas, el Colegio de Médicos de Tarragona rindió un merecido homenaje, que, desgraciadamente, no ha tenido ningún eco en los medios. El doctor Vives era médico forense titular de Tarragona y médico de la prisión de la ciudad. El joven doctor Aleu, recién salido de la Universidad,  le auxiliaba en estos menesteres. El gobierno del Frente Popular indultó a los presos políticos e indultó y armó a los comunes, que se convirtieron en protagonistas de las ejecuciones, ordenadas por quienes ostentaban el poder o arrogadas por su cuenta. En un primer intento, los  sicarios ex prisioneros, atacaron al doctor Vives, que resultó herido leve. Días después, los mismos individuos se personaron en la casa del médico y, con la escusa  que tenía que ir a declarar ante el comité local, lo sacaron de su domicilio. A pocos metros del mismo, en la denominada Era del Delme, cerca de donde hoy se hallan las instalaciones del Diari, rociaron su cuerpo con gasolina y lo quemaron vivo en presencia de uno de sus hijos. El doctor Aleu tuvo que realizar la autopsia a su maestro y amigo, bajo la vigilancia de un miliciano. A duras penas, logró arrancar el anillo de boda del cadáver y entregarlo a la viuda.

Los ecosocialistas ponen como ejemplo de victima al médico tortosino Primitivo Sabater (PSUC), director del Hospital de Jesús (Tortosa), condenado a muerte por haber  permitido que salieran del centro tres enfermos, – según se dice – por orden de la conserjerías de Sanidad y de Justicia de la Generalitat, que luego fueron asesinados por quienes habían acudido a recogerlos. Ningún enfermo hospitalizado puede ser entregado a nadie sin una orden judicial que lo ordene. El doctor Salaber lo sabía y cometió una grave irresponsabilidad, que costó la vida a tres personas inocentes. El enfermo Enrique Ramón Mateo era vecino de Amposta. Fue asesinado el 28 de octubre de 1936, en la carretera de Tortosa a Gandesa. Los verdugos fueron a buscarlo al Hospital de Jesús, donde yacía enfermo, y de donde lo sacaron violentamente, a las 13:30 de la tarde del mismo día. El enfermo José Porres Carcellé, también,  natural de Amposta, fue asesinado la misma fecha y en el mismo lugar que el anterior. Lo sacaron violentamente del citado hospital. Ramón Ibarz Aznarez tenía 33 años de edad; era médico como el doctor Sabater. Fue detenido el 25 de julio de 1936; intentaron asesinarlo el 14 de agosto, en la cuesta de San Onofre (Tortosa). Pero no murió en el acto de los balazos que le dispararon. Gravemente herido fue recogido por personas caritativas y trasladado al Hospital de Jesús (Tortosa), de donde unos pistoleros lo sacaron de la cama, donde yacía enfermo, y lo trasladaron a la carretera de Tortosa a Valencia, cerca de la cuesta de Vinallop, donde lo asesinaron sin piedad.

A veces la Historia también la escriben los perdedores, que convierten en víctimas a los verdugos y a sus cómplices. Francesc Basco.

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Siete mil sacerdotes asesinados; diez mil templos devastados; miles de familias católicas enlutadas

Siete mil sacerdotes asesinados; diez mil templos devastados; miles de familias católicas enlutadas

La República se desvió del buen camino

Alcalá Zamora: ‘La República se desvió del buen camino y cayó en la anarquía y en la guerra’

La República se desvió del buen camino y cayó en la anarquía y en la guerra”. No lo escribo yo. Lo dijo don Niceto Alcalá Zamora, en su libro “Régimen político de convivencia en España. Lo que debe ser y lo que no debe ser”, escrito en su exilio de Buenos Aires y publicado en 1945. Fue el artífice decisivo en la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. El único presidente legitimo, que fue desposeído de su cargo por las Cortes en abril de 1936, mediante un golpe de Estado parlamentario, que le obligó a emprender el camino del exilio con su familia.

Dice más. Escribe en el prólogo que “el Alzamiento de julio de 1936 (…) fue republicano en sus comienzos”. “La insurrección fue una rebeldía legal – subraya – contra los que habían violado reiteradas veces la legalidad constitucional”.

Para Alcalá Zamora, la República equivale a una fecha: el 14 de abril de 1931. “Todo lo que vino después fue una desviación del espíritu originario, causada por los fanáticos de uno y otro lado”. Cuenta que después de la quema de conventos de 1931, convocó un Consejo de Ministros para tratar de la conducta a seguir con la Iglesia católica. El propuso, – según escribe -, “la paz religiosa, la separación de la Iglesia y el Estado y un nuevo Concordato”. Por once votos contra uno se acordó que esta seria la pauta a seguir. Sin embargo, semanas después, las Cortes y el Gobierno “se inclinaron por la persecución religiosa y el anticlericalismo del más rancio y desusado estilo”.

Luego, el eminente jurisculto, examina las mil y una ocasiones en que la Constitución de 1931 “fue deliberadamente violada y pisoteada por el Gobierno de la República a partir de febrero de 1936”. “De los 125 artículos de la Constitución – revela don Niceto – ni uno solo quedó intacto. Todos fueron conculcados por el Gobierno de Frente Popular”. Resume su denuncia con estas palabras: “¿Quién ha matado la Constitución de 1931? ¿Los rebeldes de julio de 1936? La verdad es que no han hecho sino disparar contra un cadáver que ya estaba apuñalado por las izquierdas republicanas”.

Los católicos de aquella época sufrieron la legislación laicista republicana con una terrible violencia totalitaria que trataba de arrancar a Dios de sus corazones. La República defendió el laicismo y tenía derecho a ello, pero no tuteló la libertad religiosa ni el pluralismo espiritual, requisito fundamental en un Estado democrático. Durante más de medio siglo se ha dado una interpretación exclusivamente política a la persecución violenta de la que fue objeto fundamental únicamente la Iglesia católica.

He aquí las palabras del cardenal Vidal y Barraquer al ministro Manuel de Irujo:

“Los fieles todos, y en particular los sacerdotes y religiosos, saben perfectamente los asesinatos de que fueron víctimas muchos de sus hermanos, los incendios y profanaciones de templos y cosas sagradas, la incautación por el Estado de todos los bienes eclesiásticos y no les consta que hasta el presente la Iglesia haya recibido de parte del Gobierno reparación alguna, ni siquiera una excusa o protesta”.

Así comenzó la persecución religiosa:

Año 1931.- (11-13.05): Más de un centenar de iglesias y conventos son incendiados y saqueados en Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sevilla, Málaga y Cádiz. La fuerza pública no interviene.

Año 1932.- (16.01): Orden de retirar el Crucifijo de las escuelas. (19.01): El Gobierno suspende el diario católico El Debate (23.01)

Año 1933.- Enero: Continúan los incendios de edificios eclesiásticos. (17.05) Las Cortes aprueban la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas.

Año 1934.- (04. 10): Comienza la revolución de Asturias. Los rebeldes entran en Oviedo, destrozan la catedral y otros edificios religiosos y asesinan 34 sacerdotes y religiosos. En Catalunya, el presidente Lluis Companys proclama el Estado catalán dentro de la Republica Federal Española.

Año 1936.- (19.02): Azaña forma el primer Gobierno del Frente Popular. Comienzan los incendios, asaltos, saqueos y destrucción de iglesias y conventos. Atentados y asesinatos de personas en toda España. A la persecución política se une la persecución religiosa.

En Tarragona, primera víctima de la persecución religiosa, el sacerdote Jaume Mir Vime es asesinado en el Monte de la Oliva. (24.07): La Generalitat cesa a los funcionarios no adictos y decreta el cese de los concejales desafectos al Frente Popular.

Año 1937.- (1, 7, 28. 01 y 20.02 ): La Generalitat elimina los nombres de Santos de las denominaciones toponímicas. (19.03): Pío XI publica la encíclica Divini Redemptoris contra el comunismo y la persecución religiosa en España.

Año 1938.- (11.02). El ministro Manuel de Irujo (PNV) invita al cardenal Vidal y Barraquer (exiliado por la República) a regresar a España. (30.04): Respuesta del cardenal: “Yo no debo regresar a mi diócesis mientras haya un solo sacerdote en las cárceles. No pueden hermanarse la libertad del pastor con la prisión de sus sacerdotes”.

Conclusión: Siete mil sacerdotes asesinados; diez mil templos devastados; miles de familias católicas enlutadas. El cardenal Vidal y Barraquer, exiliado. ¿Quién tendría que pedir perdón por esta barbarie? Ustedes mismos…

Por Francesc Basco, publicado en Diari de Tarragona el 25/11/2013