¿A qué se refieren los podemitas con ‘Arderéis como en el 36’? (1, 2 y 3) – Juan E. Pflüger

Destacado¿A qué se refieren los podemitas con ‘Arderéis como en el 36’? (1, 2 y 3) – Juan E. Pflüger

Juan E. Pflüger 

/ 17 junio, 2015

“¡Arderéis como en el 36!” El grito de guerra con el que algunos pretenden reivindicar, desde el entorno de Podemos y su planteamiento del laicismo más radical, los ataques a la Iglesia nos lleva a alguno de los episodios más negros de nuestro pasado reciente. No solamente por la brutalidad criminal que reivindican, sino por los hechos que pretenden conmemorar, conviene recordar qué están demandando los bárbaros de hoy, herederos intelectuales de aquellos otros bárbaros que cometieron crímenes como el martirio de los 51 claretianos de Barbastro.

La comunidad claretiana misionera de Barbastro estaba formada por 60 miembros: nueve sacerdotes –de los que tres tenían el rango de superiores de la congregación-, doce hermanos y 39 seminaristas. Desde que se inició el alzamiento militar en los territorios españoles de Ceuta y Melilla habían vivido casi enclaustrados en el interior de la sede congregacional hasta que el 20 de julio irrumpieron violentamente un grupo de milicianos comunistas y anarquistas armados que, en lugar de luchar en el frente se dedicaron a la represión en la retaguardia, y que con la excusa de que los religiosos estaban almacenando armas para los sublevados, armas que jamás se encontraron como es lógico, detuvieron a los tres superiores y confinaron en la escuela de los Escolapios al resto de los claretianos.

Desde el primer momento quedó claro que la búsqueda de armas solamente era una excusa ya que los testimonios escritos por los seminaristas en sillas, paredes, y cualquier papel al que tenían acceso (incluso en los envoltorios de los alimentos) dejan claro que lo que pretendían era su apostasía y la explicación de comunistas y anarquistas de que lo que odiaban no eran “sus personas, sino sus creencias y sus hábitos negros”.

Los asesinatos sin juicio previo empezaron pronto. El 2 de agosto tras ser martirizados, apaleados y vejados, los tres superiores de la congregación fueron fusilados. Mientras, los jóvenes seminaristas eran tentados llegando a introducir a prostitutas en su lugar de reclusión para intentar tentarlos. Del mismo modo, eran frecuentes las palizas y las agresiones físicas y verbales.

El 12 de agosto asesinaron a otro grupo de seis, el resto entre los días 13, 15 y 18 del mismo mes. Así hasta un total de 51 asesinatos, junto a una ladera con una fosa común cavada donde eran arrojados los cuerpos, según la autopsia recogida en la Causa General, “sin tiro de gracia” y algunos de los cuerpos “con decenas de fracturas” que dejaban clara la tortura a la que habían sido sometidos.

 

Junto a los mártires de Barbastro fue asesinado Ceferino Giménez ‘El Pelé’, un gitano de gran devoción religiosa que fue golpeado y asesinado por negarse a entregar un rosario bendecido que pretendían profanar. ‘El Pelé’ se ha convertido en el primer gitano beatificado por la Iglesia Católica, al igual que sus 51 compañeros de martirio.

En este mismo contexto y con los mismos autores materiales fue brutalmente torturado y asesinado el obispo de Barbastro, Monseñor Florentino Asensio. Detenido el 18 de julio, se le encarceló en las celdas municipales el día 22. El 8 de agosto le trasladaron a una zona solitaria de la cárcel municipal donde fue torturado durante horas, llegando los anarquistas y comunistas a cortarle los testículos en la orgía de odio que vomitaron en aquellos días en la población en la que todos se conocían, puesto que no superaba los 7.000 vecinos.

Monseñor Asensio fue asesinado en la madrugada del día 9 de agosto y su cuerpo, tras arrancarle la dentadura, mutilarlo y robarle la ropa que vestía, fue arrojado a la fosa común en la que reposaban los restos de los 51 claretianos y ‘El Pelé’.

Barbastro es solo una muestra de los incendios de 1936 que los “podemitas” piden que se repitan. En esa localidad de Huesca los número lo dejan claro: fueron incendiados 14 edificios religiosos; asesinaron a 123 de los 140 religiosos que había en el pueblo, además del presidente de la Acción Católica local; también la represión se cebó sobre los falangistas que fueron sacados por la noche de sus casas y fusilados por los milicianos en un número no concretado que va de las 13 a las 19 víctimas; y 15 personas reconocidas como derechistas también recibieron el mismo “castigo revolucionario”. Es solamente un ejemplo de lo que supuso que en 1936 ardieran los templos ¿es esto lo que reivindican los “podemitas”?

2ª parte.

El 18 de julio de 1936, pese a la férrea censura de prensa impuesta por el Gobierno revolucionario del Frente Popular, toda España conocía ya el pronunciamiento militar de la víspera en las guarniciones de Ceuta y Melilla. Una de las respuestas inmediata de los revolucionarios fue el ataque a la Iglesia, eso que los podemitas reivindican con su lema “Arderéis como en el 36”.

Si nos centramos en Madrid, la destrucción de los centros religiosos, con el correspondiente patrimonio cultural y los asesinatos de religiosos, es suficientemente elocuente de qué anhelan los representantes y seguidores de la nueva izquierda seguidora de Podemos.

En Madrid había antes de empezar la Guerra Civil 210 iglesias. En 1939, tras la derrota del Frente Popular el resultado era el siguiente: 45 habían sido destruidas totalmente, 56 habían sufrido daños en más del 50% de su estructura, 84 tuvieron daños leves que afectaron a entre el 25 y el 50% del total del edifico, 14 fueron dañadas en menos del 25% y solamente 11 no recibieron daños en su estructura. Independientemente de los destrozos causados por la turba, las 210 iglesias fueron saqueadas.

Entre estos templos y edificios dañados había algunos de tanto valor como la parroquia de San Andrés, la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, Nuestra Señora de Covadonga, San Antonio de la Florida, el oratorio de Nuestra Señora de Lourdes, el convento de San Plácido,…. y todos ellos con su rico patrimonio dentro.

Aparejado a la destrucción, quema y saqueo de templos se produjo el asesinato de religiosos y católicos, que también empezaron desde el primer momento. El mismo 18 de julio fueron asesinados una docena de miembros de Acción Católica cuando acudieron a sofocar el incendio de la parroquia de San Andrés, ese día también fue asesinado el párroco de Nuestra Señora de los Dolores y tres sacerdotes de edad muy avanzada y enfermos que se encontraban ingresados en la Mutua del Clero.

En los días que van del 20 al 30 de julio fueron asesinados 43 religiosos más, esto era solamente un adelanto de lo que fue el desarrollo posterior del exterminio de religiosos. Solamente en Madrid fueron asesinados 451 religiosos, 73 religiosas y más de 2.500 personas vinculadas a movimientos de laicos de la Iglesia como la Adoración Nocturna y Acción Católica.

3ª parte

Continuamos con la serie centrada en explicar qué significa el grito de guerra enarbolado por algunos podemitas y la izquierda radical: “Arderéis como en el 36”.Aquellos miles de asesinatos de hace casi 80 años vuelven a cobrar actualidad gracias al nuevo ataque anticatólico que padece España.

Esta vez nos centraremos en la crueldad del martirio de los dominicos de Almagro. Los estudios que se realizaban en el convento de esa localidad de Ciudad Real habían concluido con el inicio del verano y solo una treintena de frailes y estudiantes permanecían en las instalaciones.

El 18 de julio, tras el levantamiento militar los religiosos empezaron a percibir un aumento de los insultos y las amenazas por parte de un sector de la población dirigido desde el ateneo libertario. Tres días después, varios miembros de esta institución anarquista quemaron la Iglesia de la Madre de Dios, próxima al convento. Cuando varios de los religiosos acudieron a sofocar el incendio fueron agredidos por la turba que saqueaba el interior del templo mientras prendían el fuego. Al frente de la gente estaban los dirigentes del ateneo libertario que llevaban desde el principio de la guerra insistiendo al alcalde, el socialista Daniel García Pozo, para que les permitiera fusilar a los religiosos.

El alcalde propuso que los dominicos abandonaran el convento y se instalasen en casas particulares tras enterarse de que los anarquistas estaban planeando incendiar el edificio con sus habitantes dentro. Sin embargo, la presión de los miembros del ateneo libertario obligó a que los religiosos fueran reubicados en una casa abandonada. Para intentar que no fueran asesinados en la localidad, el alcalde les facilitó poco a poco salvoconductos para que fueran abandonando Almagro.

Sin embargo, los anarquistas los seguían en sus desplazamientos para que fueran detenidos y asesinados en las poblaciones en las que eran interceptados. Así, tres religiosos fueron asesinados en Miguelturra y otros tantos en Manzanares, algunos de ellos fueron torturados y mutilados antes de recibir la descarga del pelotón de fusilamiento.

El grueso de los dominicos fue fusilado el día 13 de agosto en Almagro para evitar que fueran trasladados a Madrid a instancias del alcalde socialista. Por la noche fueronllevados a un descampado próximo al municipio donde fueron fusilados uno a uno en presencia del resto de los miembros de la congregación. Mientras les disparaban, eran insultados e instados a blasfemar y abandonar la fe.

Los restos de los 27 mártires de Almagro fueron recuperados tras la Guerra Civil y enterrados en la capilla del convento en el que fueron detenidos en la noche del 23 de julio de 1936.

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Origen: ¿A qué se refieren los podemitas con ‘Arderéis como en el 36’? | La Gaceta

Fuente: https://laverdadofende.blog/2018/02/04/a-que-se-refieren-los-podemitas-con-ardereis-como-en-el-36-1-2-y-3-juan-e-pfluger/

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Dos sacerdotes con distinto final – Juan A. Torres / El periódico de Ibiza y Formentera

DestacadoDos sacerdotes con distinto final – Juan A. Torres / El periódico de Ibiza y Formentera

Historia – 80 aniversario del golpe de estado contra la II República

| | Eivissa | 

Sobre estas líneas un sacerdote rodeado por milicianos en las calles de Dalt Vila, en una imagen publicada en el libro ‘Mallorca en guerra contra el marxismo’, de Andrés de Palma, publicado en 1936 por la editorial Antonio Sabater. Foto: AHE

17-07-2016

Mañana, 18 de julio, se cumplen 80 años del golpe de estado contra el gobierno de la Segunda República. El fracaso de esta sublevación militar de 1936, conocida como el Alzamiento nacional, y que estuvo apoyada por los partidos de derechas y fascistas además de la Iglesia, condujo al país a una guerra civil de casi tres años que dividió España en dos bandos y que tras la derrota de los republicanos desembocó en cuatro décadas de dictadura del general Franco, uno de los militares sublevados junto a Emilio Mola y José Sanjurjo.

Las noticias del golpe de estado también llegaron a las Pitiüses y un día después, el 19 de julio, el capitán Rafael García Ledesma, la máxima autoridad militar en las Pitiüses, declaró el estado de guerra y se unió a la sublevación. La represión contra la izquierda no se hizo esperar y alrededor de unas sesenta personas fueron encarceladas en el castillo de Dalt Vila. A García Ledesma le sustituyó el comandante de infantería Juli Mestre Martí, un militar catalán de rango superior que se encontraba de vacaciones en la isla.

Tres semanas tardaron los republicanos en recuperar el control. Fue después del desembarco del 8 de agosto en Santa Eulària y Pou des Lleó de la denominada Columna de Baleares, una expedición comandada por Alberto Bayo que tres días antes había salido del puerto de Barcelona con el objetivo de recuperar el control de las Islas para el bando republicano y que contó con la ayuda de guardias civiles llegados desde Valencia al mando de Manuel Uribarry.

Desde que pisaron la isla, los milicianos fueron en busca de las personas relacionadas con el golpe, entre ellos el banquero Abel Matutes Torres y el mismo comandante Mestre, que fue fusilado el 15 de agosto. García Ledesma ya se había quitado la vida un día después de la llegada de los republicanos. Pero el gran objetivo de los republicanos fue la Iglesia. Hasta 21 eclesiásticos de la isla fueron asesinados a manos de los milicianos, que también destrozaron y quemaron iglesias por toda la isla. Uno de ellos fue el párroco de Sant Francesc Xavier, Antoni Roig Juan. Un joven de 39 años que había nacido en Santa Eulària y que fue asesinado en sa Carrossa cuando era conducido preso hacia el Castell. Enrique Fajarnés Cardona narró este episodio en su libro ‘Lo que Ibiza me inspiró’: «Parece que los milicianos le compelían a que vitorease la República; pero él, fortalecido ya por el espíritu del martirio, replicaba vitoreando a Cristo Rey. Exasperados los otros, le dispararon los fusiles a mitad de la cuesta. El prisionero no pudo llegar a la cárcel».

Paco, un joven testigo

Presenciando aquella escena estaba Paco, un joven vilero que entonces contaba con trece años de edad acompañado por otro chaval del que sólo recuerda que era hijo de Consuelo Cuevas, «una artista de segunda». Cuenta Paco que prefiere mantener su apellido en el anonimato al hablar de una época que todavía hoy, a sus casi 94 años, le produce mucho dolor. Aquel día su amigo y él, que vivía en la entonces calle Tamarit del Poble Nou de la Marina (ahora bautizada como Bisbe Torres) subieron a la Catedral para ver los destrozos que los republicanos habían provocado en el templo. Al bajar de allí y a su paso por sa Carrossa se encontraron con la trágica comitiva. «Fue una escena dantesca: aquel sacerdote no quería caminar y un bravucón de aquellos le disparó por detrás y lo mató», explica Paco de manera pausada y con el pesar que los años no han conseguido borrar.

Mossènyer Cama

Otra suerte muy distinta corrió Vicent Ferrer Cama, sacerdote originario de Sant Joan y que sobrevivió a la masacre de ‘Els fets des Castell’ del 13 de septiembre, donde 93 personas (entre ellas 18 religiosos) perdieron la vida masacrados por los milicianos que emprendían su huida de la isla tras el bombardeo que sufrió la ciudad por parte de la aviación fascista italiana. Don Vicent, que aquella noche perdió a su hermano Josep, también sacerdote, se mantuvo con vida tras la primera embestida con ametralladoras y granadas de mano que los milicianos utilizaron para acabar con los prisioneros.

Los republicanos encontraron a don Vicent sentado en la esquina donde pudo esquivar los proyectiles y rodeado de cadáveres. Le ordenaron que se levantara y ante la negativa del sacerdote le dispararon el tiro de gracia, que no fue tal. Mossènyer Cama se tapó la cara con el brazo derecho, que fue atravesada por la bala que le impactó en la cara del sacerdote y le salió junto a la oreja, sin llegar a matarlo. Malherido, salió de Dalt Vila por el Portal de ses Taules y llegó a la desaparecida Clínica Alcántara, en la actual avenida Ignasi Wallis, donde fue curado de sus heridas.

Don Vicent fue un auténtico enamorado de la música pero el balazo que recibió en el brazo le impidió volver a tocar el violín. Mossènyer Camafalleció en 1986 y desde 2007 tiene una estatua que le recuerda junto a la iglesia de su pueblo natal.

Tras la recuperación del poder por parte del bando nacional, empezó la represión más sangrienta de todo el conflicto armado alentada por Arconovaldo Bonaccorsi, autoproclamado Conde Rossi, un fascista italiano que luchó contra las tropas de Bayo en Mallorca liderando a los Dragones de la muerte

 

Origen: Dos sacerdotes con distinto final » Ibiza » Pitiusas » El periódico de Ibiza y Formentera

Fuente: https://laverdadofende.blog/2018/02/19/dos-sacerdotes-con-distinto-final-juan-a-torres-el-periodico-de-ibiza-y-formentera/

Los 335 «chequistas» a los que Carmena incluirá en el memorial del cementerio de La Almudena – ABC

DestacadoLos 335 «chequistas» a los que Carmena incluirá en el memorial del cementerio de La Almudena – ABC
ABC reproduce el listado de nombres de fusilados del franquismo que homenajeará en el camposanto, cotejado con el trabajo de uno de los investigadores pagados por el Consistorio
@abc_madrid MADRID 
  1. La checa del Cinema Europa

    Checa del Cinema Europa, en 1939
    Checa del Cinema Europa, en 1939 – ARCHIVO DE ABC

    Las últimas investigaciones sobre las checas de Madrid computan un total de 345 en la capital, de las que 120 no estaban inventariadas en la Causa General. El estudio dirigido por Alfonso Bullón de Mendoza muestra un mapa salpicado de centros de detención, torturas y asesinatos en el que había cuatro checas por kilómetro cuadrado. La mayor concentración estaba en los barrios de Centro, Palacio, Latina y Universidad, y en el extrarradio, en Vallecas y Pueblo Nuevo.

    La checa anarquista del Cinema Europa, en Bravo Murillo, dirigida por el delincuente común Felipe Sandoval, conocido como «Doctor Muñiz», fue según los historiadores una de las más crueles en los primeros meses de la contienda. A ella se atribuye el asalto a la Cárcel Modelo –el 22 de agosto de 1936–, tras el que fueron asesinados Melquiades Álvarez, José Martínez Velasco, Manuel Rico Avello, Fernando Primo de Rivera, José María Albiñana y Julio Ruiz de Alda, entre otros destacados presos políticos.

    Según el cotejo realizado con el riguroso estudio la relación que figura en el libro «Los Fusilamientos de La Almudena» –de Manuel García Muñoz, uno de los expertos contratados por el Ayuntamiento para la elaboración del informe– Carmena honrará una veintena de nombres de sus componentes. Uno de los más destacados en este homenaje esSantiago Aliques Bermúdez, pintor, que formó el grupo de defensa de la checa. Se le atribuyen cientos de asesinatos de hombres y mujeres. Participó en la saca de la cárcel de Ventas, que terminó con los asesinatos del cementerio de Aravaca. Fue fusilado en 1941 en La Almudena.

    Asimismo serán homenajeados Brígido, Gregorio y Juan Gómez Barba, señalados por el propio Felipe Sandoval como los que le acompañaron en el asesinato de un matrimonio de Retiro en la carretera de Fuencarral. También será recordado Antonio Prieto Blázquez, fusilado el 6 de mayo de 1943. Con Sandoval, a Prieto se le atribuye el asesinato en un hotelito de Ciudad Lineal del bibliotecario Florián Ruiz Egea. Según el relato de algunos historiadores, le sacaron de su casa bajo engaño diciendo que les acompañara para ir a valorar una biblioteca incautada. Hoy Ruiz Egea da nombre a una biblioteca pública de Cuatro Caminos. Según last mismas fuentes, Prieto también intervino en el secuestro y asesinato del Barón de Bochgrave, cónsul de Bélgica que ayudaba a repatriarse a brigadistas internacionales desertores de sus unidades.

    Otros miembros de la checa de Sandoval que serán reconocidos son Pablo González Cubillo, de la CNT, que asaltó la cárcel Modelo; Félix González Díez, que también fue miembro del comité de Fuencarral; Juan Gutiérrez Villegas, acusado de llevar a los detenidos a la checa; y Antonio Martínez Rojas, carpintero, asaltante de la Modelo; Enrique Merino del Ojo, chófer, acusado de asesinar al obispo de Sigüenza; Isaac Sánchez Guimaray, albañil, que formaba parte de los piquetes de ejecución; Pedro Sanz Labanda, contable de la checa; Antonio y Narciso Segura Germán, que participaron en los asesinatos del cuartel de la Montaña; Higinio Viela LafuenteCristóbal Villar Galán, mozo de tren; Saturnino Andrés AlbaRamón Ayuso García, miembro de los grupos de ejecución; Máximo Belloso Barbado, asaltante de la Cárcel Modelo; Miguel Cantalapiedra Martín; y Alberto Chenel de la Cal. Todos sus nombres están vinculados a labores organizativas y ejecutivas en la checa del Cinema Europa, según los datos recogidos por García Muñoz.

    Origen: Los 335 «chequistas» a los que Carmena incluirá en el memorial del cementerio de La Almudena

    Fuente: https://laverdadofende.blog/2018/02/20/los-335-chequistas-a-los-que-carmena-incluira-en-el-memorial-del-cementerio-de-la-almudena-abc/

Agapito Garcia Atadell – El terror Rojo de las checas del PSOE

DestacadoAgapito Garcia Atadell – El terror Rojo de las checas del PSOE

agapitoNació en Vivero (Lugo) el 28/5/1902, muriendo ejecutado en Madrid el 22/8/36. Era un obrero tipógrafo socialista que el 17/1/1922 fue detenido por coacciones y amenazas contra el obrero impresor Benito López García, al que amenazó porque no se quiso afiliar a la asociación de impresores a que Atadell pertenecía.

Cuando estalló la guerra civil organizó en Madrid una organización de terror en checas cometiendo numerosos robos, saqueos y asesinatos.   Participó en numerosas checas en Madrid, creando la de le Brigada de de Investigación Criminal, también denominada Milicias Populares de Investigación que con la aquiescencia de las autoridades republicanas instaló su checa en un palacio del Paseo de la Castellana, que al igual que otras checas, empleó los archivos del ministerio de la Gobernación (actualmente Ministerio del Interior) para perseguir a gente de derechas y católicos e incluso funcionaba con policías nombrados entre milicianos dispuestos a realizar los crímenes.

Actuaba de forma móvil y también en el Palacio de los Condes de Rincón, la carrera de San Francisco, 4, y con la Brigada de Investigación Criminal de la calle de Martínez de la Rosa,1 o la Brigada sita en al calle de Víctor Hugo.  En la prensa republicana de Madrid solían elogiar mucho a la Brigada de Atadell e incluso la publicación de fotografías de visitas de personalidades políticas y parlamentarias del Frente Popular, que incluso le hacían visitas oficiales (por ejemplo el ministro socialista Anastasio de Gracia).

En octubre de 1936 García Atadell con dos cómplices (eran Luis Ortuño y Pedro Penabad, el cual fue detenido y ejecutado con él) y su esposa o compañera Piedad Domínguez Díaz (antigua monja de su pueblo, Vivero) y las esposas de sus cómplices, huía de España con el botín que había acumulado, llegando a Marsella. De allí embarcaron para La Habana, el 20 de noviembre a las cinco de la tarde en el buque francés Mexique, en Saint Nazaret, y tras escalas fue arrestado en Santa Cruz de La Palma (Canarias) el 26 de noviembre.  Marchaba a Hispanoamérica tras vender el botín en Marsella pero no supuso que el barco hacía escala en Canarias, concretamente en la isla de La Palma, y ahí podía ser detenido al ser territorio español siendo finalmente ejecutado en Sevilla.

Finalmente también querían ejecutarlo también los republicanos, por las razones expuestas y porque su checa  también asesinó a republicanos enemigos de algunos líderes del PSOE, como la periodista francesa Carmen de Bati o de Ruy-Wamba, adversario del Ministro de Gobernación Ángel Galarza, mereciendo incluso la visita de miembros del gobierno republicano como la del ministro Anastasio de Gracia y los diputados socialistas Almoneda, Bugida y Alvar (como se ve en la foto del diario Crónica de 13-9-1936, en que se fotografían con García Atadell y sus chequistas.

Fuente: https://laverdadofende.blog/2016/01/20/agapito-garcia-atadell-el-terror-rojo-de-las-checas-del-psoe/

MEMORIA HISTÓRICA: libro sobre el ‘monstruo’ de las checas de Barcelona

DestacadoMEMORIA HISTÓRICA: libro sobre el ‘monstruo’ de las checas de Barcelona

El próximo martes sale a la venta El hombre de las checas (Editorial Espasa), de Susana Frochtmann

Celda psicotécnica con ladrillos de canto para que el preso no pudiera andar. AP / ÁLBUM PERSONAL

La escalofriante historia del artista de la tortura narrada por la niña a la que educó su esposa como institutriz

Se llamaba Alfonso Laurencic, torturaba en nombre del Frente Popular y obligaba a los detenidos a ver ‘arte’, como la escena de una película de Buñuel donde una cuchilla de afeitar corta el ojo de una mujer

Antes de tomar asiento en el banquillo, el hombre saludó al tribunal con una ligera inclinación de cabeza. Era un tipo alto y corpulento, iba enfundado en un abrigo negro y pantalón blanco, y tenía los pies calzados con unas sencillas alpargatas. Era el 12 de julio de 1939 y para Alfonso Laurencic, de 37 años, casado y sin hijos, nacido en Francia, de padres austriacos, empezaba un proceso sumarísimo que le llevaría directo a la muerte. Era el final de un personaje propio del cine negro. De un monstruo. Una especie de perverso Frankenstein que había permanecido escondido detrás de un tipo culto y seductor. Porque Laurencic, que además hablaba siete idiomas, había sido muchas cosas en la vida. Desde boxeador y buscavidas a músico de jazz y refinado torturador. De su cerebro enfermizo saldrían las checas más diabólicas en tiempos de la Guerra Civil española. Las checas eran las cárceles del Frente Popular (coalición de partidos de izquierda) donde cientos de infelices fueron torturados y asesinados durante aquella contienda.

Entendido en colores y efectos de luz, combinaba figuras de ilusión óptica en las checas -agujeros de dos metros de altura por metro y medio de ancho- que hundían aún más el ánimo del recluso. Eran las llamadas celdas psicotécnicas, uno de los modelos de checa más cruel y que Alfonso Laurencic decoraba con dibujos inspirados en los artistas de la Bauhaus alemana. Estaban alquitranadas por dentro y por fuera, para que el sol recalentara el interior hasta convertirlo en un horno asfixiante. Lo peor era que la tabla que se utilizaba como cama estaba inclinada unos 20 centímetros, lo cual imposibilitaba descansar; por añadidura, el suelo era ondulado, inspirado en los diseños de la Bauhaus, que hacía que caminar resultara inseguro e incierto. Por último, las paredes eran curvas y sobre ellas se proyectaban motivos geométricos y obras abstractas y surrealistas de Kandinsky, Paul Klee y otros artistas (a Laurencic le encantaban las obras abstractas y surrealistas) o la famosa escena, la más brutal, de El perro andaluz, de Buñuel, en la que se ve cómo le rajan el ojo a una mujer con una navaja de afeitar.

Lo que nunca supo -hasta hace poco- Susana Frouchtmann, autora de El hombre de las checas (Espasa, en la calle el martes 13 de febrero), era que ese hombre, precisamente él, algo había tenido que ver con su confortable infancia y juventud. Descubrió que era el marido de la institutriz que durante 30 años se había sentado a la mesa con los Frouchtmann y había cuidado de sus cuatro hijas (Mita, Ana, Susana y Herminia, ya fallecida), nacidas en una familia de la burguesía catalana, descendientes de judíos y de un eminente cirujano, el doctor Manuel Corachán. Susana, periodista, escritora, comisaria de exposiciones y mil cosas más, andaba a la caza de datos sobre la Barcelona de la Guerra Civil con el propósito de documentar una historia sobre mujeres de la época, cuando se topa con Meri Laurencic (su institutriz) en un blog sobre la Memoria histórica. No aparecía con ese nombre sino como Frau Preschern (apellido de soltera de Meri), que es como la llamaban en casa de los Frouchtmann. Pero lo que pone en guardia a la escritora es que Frau Prechern figuraba en una lista bajo el inquietante título Personajes de terror en Barcelona. «¿Podía ser cierto?», se preguntó con estupor. Para Susana fue como un viaje en el tiempo. «La infancia siempre vuelve», dice ella. Y comenzó una búsqueda tenaz y apasionada para esclarecer un capítulo de su niñez que había adquirido un nuevo significado.

Aunque no lo buscaba, Alfonso Laurencic volvió a ella en el verano de 2015. Y con él regresaron las palabras olvidadas y los paisajes de una niña que ahora, de mayor, descubre que hablaban de una vida oculta y mucho menos placentera que la que merodeaba en sus bucólicos años de infancia y juventud. «Nuestra madre nos explicó, muy por encima, que al marido de Meri (Laurencice, esposo de la institutriz austriaca) lo habían fusilado nada más acabar la Guerra Civil», recuerda la autora. Pero con sólo nueve años, a la pequeña le resultaba imposible imaginar que aquella inesperada revelación apuntaba a uno de los personajes más sórdidos y crueles de la época. Laurencic era el padre y constructor de las peores checas, especialmente las que se levantaron en las calles Vallmajor y Zaragoza de Barcelona. La primera, un auténtico museo de los horrores donde habían abierto una gran fosa para los simulacros. Colocaban a su víctima al borde del agujero, haciéndole creer que iba a ser enterrada allí mismo, mientras un pelotón de fusilamiento le apuntaba con sus fusiles sin llegar a disparar o con balas de fogueo.

Al margen de los recuerdos de Susana, los documentos sobre Alfonso Laurencic hablan de un hombre nacido el 2 de julio de 1902 en Enghien-les-Bains, un barrio bien cercano a París. Alto, rubio, refinado, cosmopolita, cínico, músico y fundador de una orquesta de jazz, Los 16 Artistas Unidos, banda que triunfó en los más elegantes salones de baile de Barcelona hasta que en julio de 1936 estalla la Guerra Civil… Hijo de un matrimonio austriaco, Julio y Melitta, Laurencic se enroló un tiempo en la Legión extranjera, viajó por Europa, donde ejerció diversos oficios, y regresó a Barcelona en 1933, ganándose primero la vida con el jazz. No era la primera vez. Años antes su padre, Julio Laurencic -editor, publicista, innovador-, había recalado en la capital catalana tras un periplo por Berlín, París, San Sebastián, Madrid y Galicia. Ya asentado en la Cataluña republicana, hizo fortuna como editor y hasta fue condecorado Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica.

A partir de su muerte en Barcelona en 1923, la familia fue a menos y Alfonso, ávido de éxitos y experiencias, recorre Europa, se casa en Austria y vive con Meri, de exquisitos modales, culta y hermosa, unos años de vino y rosas en el Berlín de Weimar. Escaparán al llegar los nazis al poder.

Laurencic, al que no se le puede negar una capacidad innata para sobrevivir, utilizaría sus dotes de seductor consumado y temible para codearse con los más granado. «Le daba igual el credo político», puntualiza Frouchtmann. «No tenía ideología ni escrúpulos. Su credo era él mismo». Sólo un diablo como él podría actuar como espía de los dos bandos (republicanos y nacionales), afiliarse a la CNT y a la UGT, y después traicionarlos a la vez que conseguía un puesto en la Consejería de Orden Público de Barcelona como intérprete. Además, como estafador no tenía precio: distraía fondos del Servicio de Investigación Militar (SIM) de la República, para el que llegó a trabajar, y facilitaba la salida de España a personas pudientes, a cambio de elevadas sumas. Hasta que fue detenido por vender pasaportes falsos. Por estos delitos, terminó en la checa de Vallmajor que él mismo había ideado.

El día antes de ser fusilado no quiso cenar, se confesó y comulgó. El 9 de julio de 1939, de madrugada, fue ejecutado sin dejar que le vendasen los ojos. La institutriz de las niñas ricas ya nunca volvería a despertarse al lado de su amado arquitecto de las checas.

Fuente: https://elheraldomontanes.wordpress.com/2018/02/17/memoria-historica-libro-sobre-el-monstruo-de-las-checas-de-barcelona/

No es por la cruz, es por la Cruz

DestacadoNo es por la cruz, es por la Cruz

Gonzalo García Yangüela

Al hilo de la profanación de la Cruz arrancada en Callosa de Segura ayer leía algo muy interesante en una red social. Hablaban de cómo algunos fueron concediendo, concediendo, pensando que tapando primero la placa con los nombres de los caídos, eliminándola después, dejando sólo la cruz desnuda a las puertas de la iglesia del pueblo los fervores memorísticos serían saciados.

Pero esos que concedieron y confiaron no fueron capaces de entender lo que era evidente: No pararán jamás hasta erradicar cualquier vestigio, máxime si ese vestigio es una cruz. Porque evidentemente su interés por la “memoria democrática” no es sino un impulso de odio, y como todo impulso de odio es luciferino.

Esperemos que a alguien le sirva de lección y sepa que la concesión es siempre el primero de muchos pasos hacia el precipicio que tenemos detrás.

Después, alguien tuiteaba “en España se está empezando a arrancar cruces de las plazas”, alertando del grado de radicalidad que alcanzan algunos en su campaña de odio histórico. Con el aprecio que le tengo le corregí, y me dio pie para algunas puntualizaciones que quiero traer aquí.

Corría el año 1984. El alcalde de Sevilla era Manuel del Valle Arévalo. Hoy día es citado por medios de todo signo como alguien centrado, moderado… vamos, como un modelo. Junto a los muros del Alcázar se alza una cruz, de hierro, sin inscripciones ni reseñas. Años antes, tras ella, se alzaba una placa. Caídos por Dios y por España. Como en tantos pueblos. Pero ya no estaba. No quedaba ninguna referencia. Se había eliminado “para acabar con signos partidistas”. Como en Callosa. Pero quedaba la cruz. Como en Callosa.

Amanece el 1 de diciembre, y junto a la Puerta de los Leones de los Reales Alcázares, oh, misterio, no hay ninguna cruz. Ni rastro. Se corre la voz. Algunos piden explicaciones. El señor alcalde las da: ha sido una decisión del equipo de gobierno. Para el alcalde la cruz (desnuda, sin placa, sin inscripciones) es un símbolo que divide a los ciudadanos y que no es acorde con los tiempos democráticos.

Curiosamente, nadie hace la pregunta clave, hasta que a alguien se le ocurre. Sr. Alcalde, ¿dónde han trasladado la Cruz? Del Valle adopta un tono solemne y sentencia: A un lugar más adecuado.

Los medios pasaron página. Los partidos de la oposición no perdieron un segundo de su precioso y democrático tiempo. El cardenal emérito de Sevilla descansaba en su retiro. Del flamante arzobispo Amigo no recuerdo ningún comentario. Algunos sevillanos protestamos, entre un silencio ensordecedor. Un lugar más adecuado. Silencio.
Pocos días después, en un vertedero, un empleado del mismo observa unos hierros que asomaban entre los escombros. Escarba y saca la cruz. El empleado en cuestión es un viejo falangista. Llama a sus camaradas y entre varios sacan, limpian y trasladan la cruz. Me dijeron entonces que la mantenían custodiada y honrada. Confío en que siga siendo así. Yo no la he vuelto a ver.

Si el ruido mediático con la retirada fue escaso, el de la aparición en el vertedero fue nulo. El que un alcalde dijera que un vertedero era un lugar más adecuado para una cruz no mereció para los medios conservadores ni para los pastores eclesiásticos alteración alguna. Sólo algunos como el padre Estudillo, para dolor de cabeza de monseñor, seguiría recordándolo cada vez que tuviera ocasión. Cosas que pasan.

Cuento todo esto sobre todo por un motivo. Ayer no eran pocos los foros en los que se señalaba, no sin fundamento, a tres pilares del ultraje de Callosa y de la “Ley de Memoria Histórica”, corregida y aumentada en algunas regiones (en Andalucía la de “Memoria Democrática”) y que en breve conocerá su versión 2.0 que supondrá penas de cárcel a quien diga que si no es por los pantanos de Franco habría menos agua. Esos tres pilares que se señalaban eran, a saber:

– El adanismo de José Luis Rodríguez Zapatero, que quiso vengar la derrota de su abuelo en la guerra con su malhadada ley, decretando que es al poder a quien le corresponde fijar la bondad o maldad de los acontecimientos históricos.
– La cobardía, que yo llamo coherencia, de Mariano Rajoy y de todo el Partido Popular que han mantenido la ley sin variar una coma. Y digo que es coherente porque esta plaga pepera de verdad piensa que hay un error que corregir en nuestra historia.
– El pulso de algunos sectores del PSOE por ganar posiciones de izquierda radical ante el avance de Podemos.

Siendo ciertos estos tres puntales, repásese la historia que cuento. Y cómo alguien a quien hoy todos los medios conservadores consideran un tipo moderado y ejemplar tiró la cruz al vertedero “porque era el lugar adecuado”. Cómo la derecha del 84 ya miraba para otro lado. Cómo la autoridad eclesiástica sonreía al poder hace 34 años porque no se iba a meter en según qué cosas. Y díganme si de verdad siguen pensando que es cosa de Zp, de Rajoy, de la radicalidad o de los nuevos tiempos.

No. Es todo este régimen, de la raíz a la última punta, quien está en esta guerra. Que no es contra la cruz de Sevilla. Ni contra la cruz de Callosa. Ni contra la cruz del Valle. Es contra la Cruz.

Bienvenidos a la realidad.

Fuente: https://www.ahorainformacion.es/blog/no-es-por-la-cruz-es-por-la-cruz/

 

522 MÁRTIRES BEATIFICADOS EN TARRAGONA

Destacado522 MÁRTIRES BEATIFICADOS EN TARRAGONA

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SE CUMPLEN CUATRO AÑOS

522 MÁRTIRES DEL SIGLO XX

FUERON BEATIFICADOS EN TARRAGONA

 

Se cumplen cuatro años. El 13 de octubre de 2013 fueron beatificados en Tarragona 522 mártires del Siglo XX, procedentes de distintas diócesis españolas; la más numerosa, las 147 víctimas – sacerdotes y religiosos -, que desarrollaban su misión en el Arzobispado de Tarragona. Esta beatificación pasará a la historia de la Iglesia como un día memorable. Concelebraron la ceremonia todos los obispos españoles y unos treinta extranjeros, junto con mil cuatrocientos sacerdotes. En la explanada de la antigua Universidad Laboral se congregaron unos veinticinco mil fieles, venidos en peregrinación desde distintos puntos de España, entre ellos se hallaban presentes unos cuatro mil parientes de los nuevos beatos, e incluso algunos hermanos de sangre, que se unieron a los miles de hermanos en religión, miembros de los veinticuatro institutos de vida consagrada a los que pertenecían la gran mayoría de los nuevos testigos de la fe beatificados.

 

España sufrió entre 1931 y 1939 – y de manera singular durante 1936 a 1939, coincidiendo con la Guerra Civil – una cruel persecución religiosa. Para encontrar algún paralelismo, habría que remontarse a las catacumbas, en los primeros siglos del cristianismo. Los mártires – sacerdotes, religiosos y seglares, hombres y mujeres – que desarrollaban sus actividades religiosas o ejercían sus profesiones, fueron arrancados violentamente de sus hogares, de sus parroquias y comunidades religiosas, para ser martirizados y asesinados brutalmente. A los verdugos les animó un solo móvil: el odio a la fe, a la Iglesia católica y al mismo Dios que nos creó de la nada. En el Sanatorio Marítimo de Calafell (Baix Penedés), los milicianos obligaban a decir a los niños enfermos de familias sin recursos allí acogidos: “Dios no existe”, sustituyendo así sus habituales oraciones de la mañana. “Dios será derrotado”, se puede leer hoy en las hemerotecas que guardan periódicos izquierditas de la época, al mismo tiempo que se retiraban los crucifijos de las escuelas por orden de las autoridades republicanas.

 

Se cumplen ochenta años de aquella masacre inmisericorde. Todo está perdonado – las víctimas lo hicieron en el momento sublime de su martirio -. Pero tenemos el deber moral de explicar a las nuevas generaciones toda la verdad. Los eclesiásticos asesinados en España en ese periodo están en torno a los 7.000, de los cuales 12 eran obispos, unos 4.000, sacerdotes seculares y cerca de 3.000, religiosos y religiosas. Los santos y beatos, víctimas de aquellos tenebrosos años, elevados a los altares por la Iglesia católica, ascienden a más de 1.500. Todos murieron perdonando a sus agresores. Los laicos que fueron fusilados por el hecho de ser católicos se cuentan, también, por miles.

 

En Catalunya, la represión en la retaguardia del Frente Popular provocó 8.360 muertos, de los que sólo 400 fueron condenados por tribunales oficiales. El resto fueron víctimas de las habituales sacas y paseos, ordenados por los Comités revolucionarios. De entre esos sacrificados, 2.442 eran eclesiásticos; representan el 30% del total. Fueron inmolados 4 obispos, 1.438 sacerdotes, 842 religiosos y 76 monjas. El resto de las víctimas asesinadas eran casi todas “gent de missa”, laicos de filiación católica. Catalunya fue la comunidad en la que la represión contra el clero ocasionó un número más elevado de víctimas. Después de las diócesis de Madrid – Alcalá (334 asesinatos de sacerdotes) y Valencia (327), les sigue la diócesis de Tortosa, con 316 sacerdotes inmolados de los 510 que ejercían su ministerio; y la de Barcelona, con 279 inmolados de los 1.251 en activo. En la archidiócesis de Tarragona hubo que lamentar 141 víctimas de 404 sacerdotes: en la de Vic, 177 de 652; en la de Girona, 196 de 932; en la Seu d’Urgell, 109 de 540, y en la de Solsona, 60 de 445. Uno de cada tres sacerdotes catalanes fue asesinado. Además, fueron sacrificados 824 religiosos y 76 religiosas. Catalunya acogía en aquella época 2.500 religiosos, que vivían en 225 comunidades y 8.500 religiosas, en 840 comunidades. Todos fueron obligados a abandonar los conventos, que fueron incautados.

 

La persecución en la España del Frente Popular fue muy intensa hasta diciembre de 1936; después decreció, porque sacerdotes, religiosos y seglares buscaron refugio: se escondieron, se exiliaron o se pasaron a los nacionales. Pero la persecución no se detuvo. Los últimos mártires fueron inmolados en febrero y marzo de 1939, pocos días antes del final de la guerra. En los últimos días de julio de 1936, fueron fusilados unos 70 sacerdotes diarios, en el territorio dominado por el Frente Popular. El día de Santiago Apóstol se batió el récord, con 95 sacerdotes asesinados. Este ritmo se mantuvo a lo largo del mes de agosto de 1936. Algunos historiadores suelen atribuir esta masacre a la Carta Colectiva del Episcopado Español, publicada en agosto de 1937. Por estas fechas ya habían sido asesinados el 90% de los sacerdotes. La carta fue la consecuencia de estos asesinatos masivos, no al revés.

Estos mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia en España. No eran combatientes; no tenían armas; no lucharon en los frentes de batalla. Eran hombres y mujeres pacíficos, trabajadores de la caridad. Fueron inmolados por odio a la fe, porque eran católicos, porque eran sacerdotes, seminaristas, religiosos y seglares creyentes. Pero la bondad, en aquellos tiempos, se convirtió en un serio peligro de muerte. Su apostolado se centraba en la catequesis en las parroquias, la enseñanza en las escuelas, el cuidado de los enfermos, la caridad hacia los pobres, la asistencia a los ancianos y a los marginados. A la atrocidad de los perseguidores impíos, respondieron con la mansedumbre de los fuertes.

Los caídos en la guerra, muertos en defensa de una causa, y las víctimas de la represión política, en uno y otro bando, merecen nuestro respeto. Fueron víctimas de aquella lamentable situación política, que hoy también padecemos; sin sangre, pero con mucho dolor familiar. Fueron héroes porque defendieron sus ideales con sus vidas; pero no fueron mártires de la fe cristiana. Escribe San Agustín que ante Dios sólo es mártir el que muere por Cristo. El hecho de haber padecido mucho no es suficiente para otorgarle el título de mártir. Y pone el ejemplo de la pasión del Señor: en el Calvario se alzaron tres cruces, idéntico era el castigo, pero no la causa. Cristo era inocente; los otros dos sacrificados con él estaban acusados de ladrones. Quienes dieron su vida por una causa que creían justa son reconocidos como héroes. Hubo personajes heroicos, valientes y honrados en ambos bandos. Pero sólo pueden ser reconocidos como mártires quienes defendieron y dieron su vida por Cristo, perdonando a quienes les martirizaban e inmolaban brutalmente.

 

Hoy, los mártires, los beatos y los santos, víctimas de la persecución religiosa del siglo XX en España, son una molestia para algunos. Mejor no recordarlos, que no se enfaden los puros y limpios del pensamiento único…; pretenden echarles la tierra del olvido encima, cuando son un admirable ejemplo para los cristianos de hoy. Y en los medios de comunicación fieles al separatismo están dispuestos a enterrarlos de nuevo en las fosas comunes de la indiferencia para que la posteridad les desconozca. Escribimos estas líneas para recordarles y para dar testimonio de la verdad a la sociedad del siglo XXI. Y para afirmar rotundamente que, en aquellos años lúgubres, Dios no fue derrotado.

 

Francesc Basco Graciá. Periodista.

(Del libro inédito “LAS FOSAS DEL FRENTE POPULAR EN TARRAGONA”.