Las trincheras de la Guerra Civil española

Las trincheras de la Guerra Civil española

EL ALZAMIENTO MILITAR DE 1936

 El golpe de Estado estaba en preparación desde el mes de marzo de 1936. El lamentable espectáculo de anarquía que vivía España; la demagogia de un Gobierno que hablaba de “republicanizar la Justicia”, y que actuaba a rastras de la “revolución espontánea”, provocada por sus aliados marxistas, declarándose “beligerante contra el fascismo”, cuando se tildaba de fascista a toda España no incluida en el Frente Popular. Las continuas apelaciones a una revolución que proponía por modelo las terribles jornadas de “Asturias la roja”, suscitaron una reacción de los cuados de mando del Ejército – cuyo primitivo nexo era la U.M.E. (Unión Militar Española) -, manifestada desde el primer día en forma de advertencias al Gobierno, que se limitó a cambiar la situación de los jefes más prestigiosos: Franco y Goded, que habían colaborado en el Ministerio de Guerra con Gil Robles, fueron enviados, respectivamente, a Canarias y Baleares; Mola fue trasladado de Marruecos a Pamplona – bastión eminentemente católico y tradicionalista -, apropiado para desarrollar una conspiración antirrepublicana.

Antes de que se produjera la dispersión, los principales jefes del Ejército contactaron con vistas al posible golpe de Estado. Todos reconocieron la jefatura de Sanjurjo, el gran exiliado; pero, de momento, la trama de la conjura quedó en manos de los generales Varela y Orgaz, que se hallaban en Madrid. Pero el Gobierno, sospechando algo, envió a Varela a Cádiz y a Orgaz a Canarias. Antes de partir, Varela consiguió hacer llegar la documentación relacionada con la conjura a Mola, que quedó convertido en “director” del Alzamiento.

No podrá entenderse lo que fueron el Alzamiento de 1936 y la Guerra Civil que le siguió, mientras se trate de situar a aquel en la línea de los viejos pronunciamientos militares. Porque este implicó a grandes masas de la población. Todos aquellos que se habían sentido atacados, heridos o ultrajados por el sectarismo de las izquierdas. La guerra no fue, como algunos explican, una lucha entre la España progresista – la de los intelectuales, la de las reivindicaciones sociales y culturales – y la España negra, la de las viejas oligarquías reaccionarias. El cuadro era mucho más complejo, puesto que no fueron escasos los intelectuales que mostraron su disconformidad con el régimen republicano en su versión frentepopulista de 1936. Unamuno, por ejemplo, repudió en términos durísimos el espectáculo de anarquía propiciado por el Frente Popular. Ortega, protestó formalmente, ya al otro lado de la frontera, contra las presiones ejercidas sobre los intelectuales para que prestaran sus voces a la República anarquista. Azorín se sumó muy pronto a la España nacional. Intelectuales comprometidos que pagaron dolorosamente con su sangre la lealtad a sus convicciones políticas los hubo en uno y otro bando. Frente al desastrado fin de García Lorca podemos situar el de Ramiro de Maetzu, por no citar más nombres.

En la zona nacional prevaleció la concepción del mundo de la clase media española. Y en la zona republicana se intentó cubrir una mercancía anarquista, sindicalista o comunista – es decir, rigurosamente proletaria – con la bandera de un liberalismo burgués tranquilo y europeo, que engañó a muchos incautos. Esa clase media que nutrió las filas nacionales no se lanzó a las trincheras para defender privilegios. Era otro orden de valores en crisis lo que esos hombres y mujeres trataron de salvar por encima de todo. La generación nacionalista de 1936 se vio abocada al rompimiento de todas las raíces que daban razón y sentido a su vida: conciencia religiosa, concepción del pasado histórico, defensa de la integridad de la patria. Seguramente ninguna tan poderosa como la primera. La Guerra Civil la abrió la República, ignorando desde el primer día, el peso de las convicciones religiosas en el español medio de aquella época. Luego, la violencia de las persecuciones contra la Iglesia y sus ministros fue ensanchando el abismo, que llegaría a extremos inauditos durante la guerra, pero que la Republica puso en marcha mucho antes. No debemos confundir determinadas apariencias posteriores a la guerra con las razones que llevaron hasta el último sacrificio a una juventud tan exaltada en la derecha como en la izquierda.

El general Franco, aunque en contacto con los conspiradores, había mantenido una posición de prudente expectativa, limitándose a requerir al Gobierno, mediante un extenso memorando, para que pusiera fin al desorden y al trato arbitrario de que venían siendo objeto – según su ideología – los cuadros de la oficialidad del Ejército. Pero Casares Quiroga se abstuvo de contestar a esta carta, facilitando así una mayor libertad de movimientos al general. Alejado de la Península, Franco no pudo hacer otra cosa que establecer contactos personales con los mandos de la Armada. En el plan definitivo estructurado por Mola, Franco tenía la misión de ponerse al frente del ejército de África, una vez iniciado el Alzamiento. Las maniobras militares efectuadas a principios de julio en el Llano Amarillo (Marruecos) permitieron a los oficiales comprometidos atar los últimos cabos de la conspiración en marcha. Fijóse entonces la fecha definitiva para el Alzamiento: el 18 de julio.

ENÉRGICA PROTESTA DE VIDAL Y BARRAQUER.- El 15 de marzo de 1936 (no había empezado la guerra, pero si la persecución religiosa), el cardenal Vidal y Barraquer escribió una carta al presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña, para protestar contra los atentados que se cometían contra la Iglesia en toda España, de la cual, por su interés, reproducimos el texto íntegro:

Tarragona, 15 de marzo de 1936

           Excmo. Sr. D. Manuel Azaña

Presidente del Consejo de Ministros.

                                             Madrid

 

Respetable Sr. Presidente:

Son tan graves las noticias que me llagan, no ya por la prensa, sino por informaciones autorizadas de carácter reservado, relativas a incendios de iglesias, contra personas y cosas sagradas, que, como Cardenal español más antiguo, no puede silenciar ya ante V.E. la más enérgica y amarga protesta de la Iglesia, que vuelve a ser la víctima inocente de bárbaras violencias y desenfrenadas acometidas, tanto más graves e injustas cuanto a ellas no son ajenas las iniciativas públicas de las propagandas disolventes, y tanto más de sentir cuanto aparece visible la pasividad y negligencia en prevenirlas y reprimirlas por parte de quienes tienen el deber de garantizar el orden público y salvaguardar la seguridad, la libertad y el honor de los ciudadanos e instituciones nacionales. Nada ha contenido el furor de tales vandalismos, ni el sagrado de los templos, ni el respeto a la libertad de las creencias y a la dignidad de las personas, ni aún la venerada atención a los tesoros monumentales del país, cuya pérdida afrenta con el peor de los estigmas a todo pueblo y poder que la consiente.

Bien consta a V.E. cuánto ha hecho la Iglesia para coadyuvar a la paz social y civil de la nación y cómo, fuera y por encima de todo partidismo político, ha sido respetuosa con los poderes constituidos, no dejando de laborar su Episcopado, fiel a la suprema inspiración del Papa, para una decorosa y digna armonía entre ella y el Estado, a pesar de no haber recibido de éste la debida correspondencia con su legislación injusta y vejatoria. Si todo Gobierno no debe jamás dejar abandonada la defensa de los derechos naturales y políticos, esenciales a todos los ciudadanos, mucho menos puede desatender la legítima y obligada salvaguarda de instituciones que, como la Iglesia, están asistidas por supremos títulos de derecho espiritual y las normas jurídicas de la civilización y que, aún dentro de los límites estrechos de la legalidad española, ha sabido mostrarse paciente, patriótica y generosa para aportar su máximo esfuerzo a los fines del consorcio civil y al levantamiento moral de la nación con ejemplaridad y perseverancia merecedoras de otro trato que el incendio de los templos, mansiones de oración, y la persecución de sus obras, instrumentos técnicos del bien social.

Temo, Sr. Presidente, y hasta comprenderá la amargura con que se lo manifiesto, que de seguir las cosas por estos rumbos, se va a la anulación del poder público por la dejación de sus atributos en manos de la violencia agresora y de la reacción defensiva de la ciudadanía que nunca pierde su derecho natural de existir; que sin seguridad y dignidad, se va a la misma ruina de España, cuya vida y civilización no pueden subsistir sin la paz espiritual y civil que han de ser plenamente garantizadas por sus órganos estatales, atentos sólo a los fines de justicia y de equidad inexorablemente impuestos por el supremo bien del país.

A tales fines cooperará siempre la Iglesia de España, firme y perseverante en sus deberes en bien de las almas y de la misma sociedad política, de la que sus fieles han de ser ciudadanos respetados, y sus obras, instituciones en derecho garantizadas.

En prueba de tal espíritu reciba, Sr. Presidente, esta mi protesta sentidísima y enérgica, a la cual en mi deseo de no dificultar la actuación reparadora del Gobierno para el mantenimiento de la paz pública, he creído, por el momento, no dar exterioridad, protesta justificadísima que está en la conciencia de todos los obispos y católicos españoles.

Con todo respeto y consideración se despide de V.E. att. ss. ss.

Firma: F. Cardenal Vidal y Barraquer.

Con la misma fecha, el purpurado tarraconense remitió una copia de esta carta al presidente de la República, Niceto Alcalá – Zamora, para que conociera la comunicación elevada al presidente del Consejo de Ministros. Vidal y Barraquer advertía a Alcalá – Zamora, en carta adjunta, que “vivimos momentos gravísimos que ya se preveían para después de la disolución de las Cortes y de las actuaciones de algunos hombres públicos”. Y subrayaba: “Dejémonos de lamentaciones y veamos si entre todos podemos sacar el carro del hondo y peligroso atolladero”.

Más adelante, el ilustre purpurado le decía: “No quiero apelar […] a sus sentimientos religiosos y patrióticos. Que cada uno desde su sitial alto o bajo, prescindiendo de amarguras, decepciones y sacrificios, ponga cuanto esté de su parte a fin salvar a la Religión y a la Patria. Permítame este sincero, afectuoso y apremiante desahogo”. Acaba su carta afirmando “Mucho pido a Dios que le ilumine y le asista…”

El día 14 de marzo de 1936 (un día antes de la carta de Vidal y Barraquer), Alcalá – Zamora relata en sus memorias la dramática situación de España y su advertencia a Azaña en su despacho: “Al marcharse (Azaña) le dije una vez más que la prolongación intolerable y tolerada de la anarquía podía traer una reacción que arrolle todo el régimen. No lo niega, pero él, que es jefe del Gobierno y de la mayoría que lo impone, no pone remedio”. Más adelante escribe: “He sabido […] que bajo la presidencia del general de la I División se habían reunido todos los jefes del cuerpo, estando unánimes en apreciar y comunicar al Gobierno que no pueden repetirse cosas como las que vienen sucediéndose…”. Esta situación hizo exclamar al presidente: “¡Qué amargas son las mías, pocas atribuciones, ningún concurso, sin Gobierno, con tanta mayoría que lo impone, como falta de autoridad que lo desacredita, y tener que hacer frente a todo!”.

EL ASESINATO DE CALVO SOTELO.- Una noticia gravísima precipitó los acontecimientos: la muerte de Calvo Sotelo, asesinado por un grupo de Guardias de Asalto de la República. La atmósfera de tremenda violencia creada por los debates parlamentarios explicaba, si no justificaba, un atentado tan monstruoso como aquel. Se culpó a Casares Quiroga de responsabilidad directa en el crimen. Lo había autorizado moralmente con su célebre frase: “Si algo pudiera ocurrir, su señoría sería el único responsable con toda responsabilidad”. Aquel crimen político echó por tierra los últimos obstáculos con que tropezaron los planes de Mola. El acuerdo con la Comunión Tradicionalista quedó sellado definitivamente en cuanto se tuvo noticia del sangriento suceso. Sobre la tumba del que más adelante había de ser llamado “protomartir”, el jefe de Renovación Española – la agrupación monárquica alfonsina – pronunció unas palabras solemnes, que pueden considerarse el prólogo de la tragedia que iba a iniciarse dos días después: “… Ante Dios, que nos oye y nos ve, empeñamos solemne juramento de consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España”.

EL ALZAMIENTO MILITAR.- El Alzamiento se inició en Melilla, una de las plazas de soberanía española en la costa marroquí. Aquí, el núcleo de conspiradores, al tener noticia de que el general Romerales estaba sobre aviso, hubo de adelantar el golpe respecto a la fecha prevista. A las cinco de la tarde del día 17 de julio de 1936, la rebelión era ya un hecho. Detenido el general Romerales y dominada la ciudad, el estallido repercutió inmediatamente en Ceuta, la otra plaza de soberanía y sobre todas las fuerzas militares que guarnecían el protectorado, mentalizadas desde hacía tiempo por los coroneles Yagüe, Tello y Seguí.

Al día siguiente, y antes de que el Gobierno republicano pudiese reaccionar, el Alzamiento estalló en todas las Divisiones militares de la Península, con arreglo a un esquema alternativo. Allí donde el jefe de la división formaba parte de la conjura, se declaraba el estado de guerra. Las tropas ocupaban las centrales sindicales y los edificios oficiales. Se decidía todo con rapidez y precisión. En las zonas donde el jefe de la División era leal al Gobierno, el golpe vino de uno de sus subordinados inmediatos. Pero el golpe fracasó en Madrid y en Cataluña, donde Goded, que se había sublevado en Mallorca, llegó muy tarde para enderezar la situación en Barcelona. El ministro Giral en Madrid y Companys en Barcelona se pusieron en manos de las sindicales obreras, abriendo los parques militares a sus masas, lo que derivó en una violencia sanguinaria y anárquica, que fue la réplica inmediata al Alzamiento.

El frenesí revolucionario en la zona republicana, que no excluía las luchas encarnizadas entre las distintas organizaciones obreras, y su ausencia de disciplina y mandos, permitieron a los nacionales deshacer a su favor, en poco tiempo, el inicial equilibrio de las fuerzas enfrentadas. Porque la iniciativa militar estuvo siempre en sus manos.

UN LIBRO REVELADOR.- El presidente de la Segunda República, Niceto Alcalá Zamora, – líder de los republicanos progresistas -, escribió en el exilio americano un libro de 240 páginas, de extraordinario interés, ignorado por muchos historiadores contemporáneos: “Régimen político de convivencia en España. Lo que no debe ser y lo que debe ser”, editado en Buenos Aires en 1945, basado en “una trayectoria de convivencia”, en la que busca “los cimientos teóricos o doctrinales que hagan posible la convivencia de los españoles”. “Somos, – según el vencedor del 14 de abril de 1931 -, una patria dividida, escindida en odios abismales, y es preciso […] ofrecer una solución estable, buscar un régimen que garantice ante todo la convivencia civilizada”. Según él, “la Monarquía es algo que está definitivamente muerto y no puede volver”. “La República no ha desaparecido jamás – subraya – , sino que ha subsistido soterrada bajo el Movimiento y aún bajo el Estado actual”.

En el prólogo afirma que escribe el libro para el español sereno, desapasionado, de posición centro, “para el que la separación de la Iglesia y el Estado no significa la quema de iglesias y conventos”. Opina que “el Alzamiento de julio de 1936 (…) fue republicano en sus comienzos”. Añade que “la insurrección fue una rebeldía legal contra los que habían violado reiteradas veces la legalidad constitucional”. Y subraya que “el tinte republicano del Movimiento fue una de las claves del éxito del mismo”. En cuanto a los combatientes – siempre según el ilustre político – “eran republicanos de corazón en su inmensa mayoría los que lucharon en el bando nacional”.

Para Alcalá Zamora, la República equivale a una fecha: el 14 de abril de 1931. “Todo lo que vino después fue una desviación del espíritu originario, causada por los fanáticos de uno y otro lado”. A causa de ellos, “la República se desvió del buen camino y cayó en la anarquía y en la guerra”. Cuenta que después de la quema de conventos de 1931, se reunió un Consejo de Ministros bajo su presidencia para tratar de la conducta a seguir con la Iglesia católica. El propuso, – según escribe -, “la paz religiosa, la separación de la Iglesia y el Estado y un nuevo Concordato”. Por once votos contra uno se acordó que esta sería la pauta futura. Sin embargo, semanas después, las Cortes y el Gobierno “se inclinaban por la persecución religiosa y el anticlericalismo del más rancio y desusado estilo. Aquellos ministros – confiesa– habían cambiado sus trajes de civil por lo mandiles de cierta Orden, y una vez en el seno de su disciplina, los hermanos hubieron de recibir consignas y obedecerlas”.

Más adelante declara que “de acuerdo con el sentir religioso y católico de la inmensa mayoría del pueblo español es necesario que la enseñanza sea evidentemente religiosa y el símbolo de la Cruz debe presidir las escuelas públicas para inculcar la moral cristiana, a la par que el patriotismo, en las nuevas generaciones, tarea que incumbe a los párrocos, a los que el Estado debe ayudar y proteger”.

Luego, el eminente jurisculto examina como abogado y jurista las mil y una ocasiones en que la Constitución de 1931 “fue deliberadamente violada y pisoteada por el Gobierno de la República a partir de febrero de 1936. De los 125 artículos de la Constitución – revela don Niceto – ni uno solo quedó intacto. Todos fueron conculcados deliberadamente por el Gobierno del Frente Popular”. Y resume su acusación en estas palabras: “¿Quién ha matado la Constitución de 1931? ¿Los rebeldes de julio? La verdad es que no han hecho sino disparar contra un cadáver que ya estaba apuñalado por las izquierdas republicanas”.

La persecución religiosa de los años 1931, 1934 y 1936-1939 fue el aspecto más negativo de la Segunda República, que se pretende ocultar incluso hoy mezclándola, confundiéndola o justificándola con la Guerra Civil, cuando en realidad empezó años antes. El Papa Pío XI, en la encíclica “Dilectissima nobis” (3 de junio de 1933) denunció ante el mundo la situación de auténtica persecución religiosa que vivía la Iglesia en España.

LA CONVERSIÓN DE AZAÑA.- Manuel Azaña, Jefe de Gobierno y presidente durante el final de la Segunda República, fue un exponente del anticlericalismo. No actuó con diligencia a la hora de evitar la quema masiva de iglesias y conventos en 1931. Es el autor de la famosa frase: “ni todos los conventos de Madrid valen la vida de un republicano”; o la de “España ha dejado de ser católica”, pronunciada en las Cortes. El espíritu de la Constitución de 1931, aprobada cuando él era jefe del Gobierno, estaba en esta línea. El texto regulaba de manera restrictiva el estatuto jurídico de las confesiones religiosas, así como la libertad de conciencia. Su desarrollo legislativo tuvo una serie de graves consecuencias, como la disolución de la Compañía de Jesús en 1931 o la ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de 1933. El Cardenal Vidal y Barraquer dirigió, en su día, las siguientes palabras al presidente Azaña: “Aunque sea V.E. un perseguidor de la Iglesia, cumpliendo el precepto de Cristo le encomiendo a Dios todos los días, a fin de que un día se acuerde de que tiene V.E. un alma para salvar”.

Efectivamente, el sacerdote Gabriel M. Verd, en el libro “La Conversión de Azaña”, describe los últimos momentos del político español en su exilio francés. Pudo haber muerto arrepentido de su actuación, pidiendo piedad y misericordia a aquel Dios que tanto combatió en vida. Según el relato del obispo francés de Montauban, monseñor Pierre-Marie Théas, que se acercó a él en los últimos días de su vida, años después del fallecimiento del dirigente del Frente Popular, en que hizo públicos los últimos momentos de Azaña, que él vivió de cerca.

“JESÚS, PIEDAD Y MISERICORDIA”.- El 18 de octubre de 1940 se produjo el primer encuentro entre el prelado y el presidente, gravemente enfermo, a petición del dirigente español. “Vuelva a visitarme todos los días”, dijo Azaña al prelado tras la primera cita. El obispo le visitó a diario; así lo relata: “Hablamos de la revolución, de los asesinatos, de los incendios de iglesias y conventos… El me hablaba de la impotencia de un gobernante para contener a las multitudes desenfrenadas”. En estos escritos, rescatados por Gabriel M. Verd, el obispo añade que “deseando conocer los sentimientos íntimos del enfermo, le presenté un día el Crucifijo. Sus grandes ojos abiertos, enseguida humedecidos por las lágrimas, se fijaron largo rato en Cristo crucificado”. Tras esto, Manuel Azaña “lo cogió de mis manos, lo acercó a sus labios, besándolo amorosamente por tres veces y exclamando cada vez: “¡Jesús, piedad y misericordia!”. Siguiendo con el relato de los hechos, el obispo francés le preguntó: “¿Desea usted el perdón de los pecados?”; Azaña contestó que sí. “Recibió con plena lucidez el sacramento de la Penitencia, que yo mismo le administré”, declaró monseñor Théas.

Sin embargo, cuando el obispo habló con los que rodeaban al enfermo para administrarle la comunión en forma de Viático (sacramento que se administra a los enfermos moribundos), le fue denegado con estas palabras: “¡Esto le impresionaría!” La insistencia del prelado no dio resultado positivo. Pero el presidente Azaña recibió el sacramento de la Extremaunción; y murió el 3 de noviembre de 1940, en presencia del obispo francés.

Este acercamiento al catolicismo también fue confirmado por su viuda, que destacó la importancia que en estos hechos narrados tuvo una monja, que actuó como enlace para que pudiera conocer al obispo. Además contó que el día de la muerte del político, “ya por la noche, viéndole morir, por encargo mío salieron en búsqueda de la monja, y ésta, cumpliendo mis deseos igualmente, vino acompañada del obispo. Minutos después, nuestro enfermo expiraba”.

Esta actitud del presidente Azaña en los últimos momentos de su vida, debería hacer reflexionar hoy a algunos mentirosos compulsivos, implacables perseguidores de la verdad histórica. O recordar estas palabras del general Lister, durante su regreso a España, en noviembre de 1977: “Las trincheras de la Guerra Civil española están cerradas y bien cerradas, y no hay por qué intentar abrirlas de nuevo”. Es lo que intentan hacer hoy los sembradores de odio, a través de la desmemoria histórica. Los hijos y los nietos de quienes padecieron aquella barbarie tenemos el deber moral de la reconciliación definitiva.

Francesc Basco Gracià. Periodista (Del libro inédito “La represión del Frente Popular en Tarragona”)

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Según algunos “los cristianos somos generadores de odio”

Según algunos “los cristianos somos generadores de odio”

LA DESMEMORIA HISTÓRICA

LA PERSECUCION RELIGIOSA

EN LA PROVINCIA DE CASTELLON

Advierte el fiscal de la Causa General de Castellón que “el presente informe – resumen, – realizado el 11 de marzo de 1939 -, tiene carácter provisional, porque contiene solamente datos referentes a la capital y a 104 municipios de la provincia. Faltan los 37 municipios que todavía no habían sido liberados por el Ejército nacional, algunos tan importantes como Segorbe, Viver y Vinaroz, capitales de comarca. Al final de este trabajo ofrecemos datos de algunos municipios no liberados todavía”. Pertenece al Capítulo XI de la persecución religiosa en la provincia castellonense. Cabe recordar que la mayoría de las parroquias de esa provincia pertenecían al obispado de Tortosa, incluida la capital.

El número y clasificación de las víctimas pertenecientes al clero y órdenes religiosas, radicadas en la provincia de Castellón durante la dominación marxista es la siguiente:

Asesinatos:

187 sacerdotes, de ellos 61 mayores de 60 años de edad.

66 religiosos, de ellos 12 mayores de 60 años de edad.

3 religiosas, de ellas una mayor de 60 años de edad.

TOTAL, 256 SACERDOTES Y RELIGIOSOS/AS ASESINADOS.

Detenidos en zona republicana:

Cinco en total, dos sacerdotes, un religioso y dos religiosas.

Cadáveres encontrados en pueblos, que no eran vecinos ni refugiados:

75 sacerdotes, de ellos 23 mayores de 60 años de edad.

51 religiosos, de ellos uno menor de 20 años y cinco mayores de 60 años de edad.

2 religiosas, de ellas una mayor de 60 años de edad.

EN TOTAL, 128 CADÁVERES.

 

Localización de los asesinatos:

Asesinatos cuyos cadáveres han sido hallados         152

Asesinados fuera de la provincia                              10

Asesinados en zona no liberada de la provincia       13

Asesinados en la zona liberada y no reconocidos    56

Asesinados en lugar ignorado                                   25

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Total ……………   256

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Cadáveres encontrados en pueblos de la provincia,

que no eran vecinos ni refugiados:

Cadáveres identificados y contrastados……………………   91

Cadáveres identificados de vecinos lejos de la provincia…     7

Cadáveres de vecinos de la provincia, en zona no liberada.   5

Cadáveres hallados y no identificados………………………   25

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Total……………………………… 128

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La persecución de sacerdotes y religiosos, sin consideración a la edad ni al sexo, por las hordas rojas y sus dirigentes, es una de las características principales de la revolución protagonizada por el Frente Popular. Destruir cuanto se relacionaba con la Iglesia católica, fue la primordial preocupación de los cabecillas marxistas. Los sacerdotes y religiosos fueron perseguidos como alimañas. Se organizaron batidas por los montes para apresarlos, torturarlos y asesinarlos. Como muestra del ensañamiento y la barbarie empleados en la persecución citaremos algunos casos:

 

En PUEBLA TORNESA, el sacerdote Vicente Falomir fue maltratado de obra por unos quince milicianos. Le obligaron a subir a un camión y lo asesinaron, disparando sus escopetas contra él. (Folio 7 de la pieza 20).

 

En VILLARREAL fueron maltratados de palabra y obra los presos recluidos en la cárcel. A uno de ellos le cortaron los testículos, en el momento en que obligaban a salir del centro a un numeroso grupo de detenidos con el objetivo de asesinarlos. La primera víctima fue sacada cadáver de la cárcel. Otro sacerdote fue golpeado brutalmente, y luego le curaban las heridas con excrementos. (Folio 26 de la pieza núm. 24).

 

En FIGUEROLES, el sacerdote Miguel Martínez fue asesinado a cuchillazos y rematado a pedradas. (Folio 11, pieza núm. 35).

 

En ZUCAINA, el sacerdote Enrique Lagarda, al huir de la masía donde se había refugiado para trasladarse a su pueblo natal, fue detenido y apaleado, hasta el punto de dejarle abandonado por muerto. (Folio 4, pieza num. 47).

 

En ARES DEL MAESTRE, los cadáveres de los sacerdotes Fernando Vicente y Pascual Celma, aparecieron asesinados y con la cabeza completamente destrozada. (Folio 2 y 3, pieza num. 48).

 

En TODOLELLA, el sacerdote José Mezquieta fue detenido en la masía donde se había refugiado y maltratado bárbaramente; pero no consiguieron matarlo porque se les encasquilló el arma. Se lo llevaron a la cárcel de Morella. Luego lo trasladaron a la de Castellón, en cuya capital fue asesinado. Estando preso en la cárcel de Morella fue visitado por una hermana suya, a la que narró los maltratos sufridos al ser detenido, sin ocultar las bárbaras humillaciones a que fue sometido. (Folio 7, de la pieza 67).

 

En VILLAFRANCA DEL CID, el cadáver de uno de los sacerdotes asesinados fue hallado con la cabeza completamente destrozada y, según testigos, el cadáver apareció completamente mutilado, con los brazos, las piernas y los órganos genitales separados del cuerpo. Por otra parte, el cadáver del religioso asesinado, José María Salvador Torrijos, fue quemado con gasolina y como no acababa de consumirse se le enterró a flor de tierra, siendo su cadáver pasto de los perros. (Folios 10, 11, 12 y 13 de la pieza 69).

 

En ALCALÁ DE CHISVERT, el sacerdote Felipe Cervera fue atormentado por una turba compuesta por más de doscientas personas, disparando contra un grupo de unas ochenta personas. Uno de los milicianos se sentó encima del cadáver del sacerdote, encendió un cigarro y lo desnudaron entre las burlas de las mujeres, desfilando luego todos los extremistas del pueblo para presenciar la macabra escena. (Folios 6, 14 y 15 de la pieza 86).

 

En CERVERA DEL MAESTRE, tres sacerdotes asesinados, Felipe Cardona, Manuel Besalduch y Juan Tatay fueron vejados e insultados de palabra y obra. Pretendieron hacerles gritar “Viva la FAI”, a lo que se negaron gritando “Viva Cristo Rey”. Como respuesta, les dispararon a las piernas para prolongar su agonía, y después de rematarlos rociaron sus cadáveres con gasolina, dejando sus restos insepultos en el lugar del crimen. El sacerdote Juan Tatay fue conducido al lugar del crimen maniatado con hilo metálico; su cadáver fue profanado, hurgándole entre mofas y burlas, en los genitales. También fue quemado el cadáver del sacerdote Juan Tafalla. (Folios 6, 9, 12, 14 y siguientes de la pieza 88).

 

En LA JANA, el cadáver del sacerdote Carlos Llombart apareció chamuscado de media cintura para arriba, con vestigios de haber sido rociado con gasolina su cuerpo. Las autoridades republicanas de Traiguera, donde fue hallado el cadáver, prohibieron al médico forense que examinara el cadáver, para que no pudiera certificar la causa de su muerte. (Folio 20, pieza 93).

 

En BENICARLÓ al sacerdote Juan Alambillaga le dieron un cigarro antes de asesinarle, y al ir a encenderlo le cortaron los dedos. (Folio 25 de la pieza 110).

 

Además de los casos anteriormente citados, fueron rociados con gasolina y quemados los cadáveres de varios sacerdotes y religiosos, en los municipios de Cinctorres, Chert, Villavieja y San Mateo. (Folios 11, 14 y 20, pieza 54; folio 14, pieza 82; folios 10 y 14, pieza 85, y 6 y siguientes, pieza 92).

 

En algunos pueblos se obligó a los sacerdotes a trabajar en el desescombro o demolición de iglesias. Esto ocurrió en Benicarló y Cálig. (Folio 10, pieza 110; folio 6, pieza 111).

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TEMPLOS DESTRUIDOS Y EXPOLIADOS.

El número de templos y demás edificios destinados al culto, así como de Órdenes y Congregaciones religiosas, destruidos y expoliados, en la provincia de Castellón, durante la dominación marxista fue el siguiente:

 

Iglesias destruidas………… 29

Ermitas……………………. 12

Conventos…………………   4

Capillas……………………   2

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Total……………. 47

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Entre las iglesias destruidas figura la se Cinctorres, volada con dinamita por las fuerzas del Ejército republicano en retirada. También con dinamita fue destruido el Calvario. (Folio 19, pieza 54).

 

Fueron también destruidos un oratorio público, varias capillas de Vía Crucis y lápidas y cruces de cementerios.

 

 

En CASTELL DE CABRES fue incendiado el maderamen de la iglesia parroquial y una ermita. (Folio 5, pieza 52).

 

Iglesias saqueadas…………………. 152

Ermitas…………………………….. 132

Conventos………………………….. 16

Capillas…………………………….. 19

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           Total………………………… 296

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Además de los saqueos referidos, los milicianos del Frente Popular, en BENICASIM se incautaron de la fábrica de licor de los Padres Carmelitas, del convento – colegio e iglesia de la misma orden y del edificio ocupado los las religiosas Oblatas, habiendo causado daños por un total de 936.000 pts

 

En BORRIOL se incautaron de un convento.

 

En VILLAFRANCA DEL CID, de un colegio en el que se causaron daños por un total aproximado de 27.000 pts Además de las indicadas en la relación precedente, fueron saqueadas varias ermitas y capillas de municipios de la provincia, en número no precisado. (Folios 5 y 10, pieza 15; 6 de la 17 y 4 de la 69).

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OBRAS DE ARTE RELIGIOSO DESTRUIDAS

Entre las obras de Arte Religioso destruidas o robadas por los republicanos del Frente Popular, figuran las siguientes:

 

TORRE DE ENDOMENECH, además del incendio del altar mayor, fue rota en pedazos una imagen de la Virgen, muy antigua, tallada en piedra. (Folio 9, pieza 11).

BENICASIM, un cuadro de Goya. (Folio 5, pieza 15).

BENLLOCH, una imagen del siglo XIII, de considerable valor. (Folio 5 pieza 16).

OROPESA, una imagen del siglo XVI, la biblioteca parroquial y una pila bautismal de mármol blanco. (Folio 5, pieza 19).

TORREBLANCA, un lienzo de gran valor y el altar mayor, reputado como valiosa joya artística. (Folio 5, pieza 21).

ADZANETA, varias tallas de la Virgen y cinco retablos de mucho valor artístico. (Folio 5, pieza 25).

CHODOS, un antiguo cuadro de La Dolorosa. (Folio 5, pieza 32).

FIGUEROLES, varios cuadros de Ribalta. (Folio 11, pieza 35).

VILLAHERMOSA DEL RÍO, cinco retablos del siglo XV. (Folio 5, pieza 45).

VISTABELLA DEL MAESTRAZGO, destruida la fachada de la iglesia, de mucho valor artístico, así como valiosas obras de arte contenidas en ella. (Folios 4, 5 y 5, pieza 46).

ZUCAINA. Destrozados varios altares de gran valor. (Folios 4 y 5, pieza 47).

OLOCAU DEL REY, una imagen valorada en 75.000 pts y retablos de incalculable valor. (Folio 5, pieza 62).

ONDA, retablos de Juan de Juanes, un cuadro de Vergara, siete de Rubens y una imagen de San Roque del siglo XIII. (Folio 5, pieza 82).

CERVERA DEL MAESTRE, la Cruz parroquial y una imagen de Nuestra Señora de la Costa, ambas joyas de arte gótico. (Folio 7, pieza 88).

SALSADELLA, la Vera Cruz, la Cruz parroquial y varias casullas de gran valor artístico y religioso. (Folio 5, pieza 91).

TRAIGUERA, orfebrerías de Juan de Olzina y cuadros de Ribalta. (Folio 7, pieza 93).

BENICARLÓ, un Santo Cristo de notable mérito y un retablo valorado en 15.000 pts (Folio 7, pieza 110).

PEÑÍSCOLA, el Tesoro del Papa Luna, compuesto por varias joyas de arte religioso y reliquias de valor inestimable, valorado en 33.000.000 de pts por las autoridades republicanas que lo incautaron. El altar mayor de la iglesia parroquial, incendiado, tasado en 200.000 pts Desapareció o fue destruida una escultura de la Virgen con el Niño, del siglo XIII. (Folios 7, 9 y 13, pieza 112).

MONTÁN, un Cristo en la cruz, de Salcillo, y catorce altares de incalculable valor artístico. (Folio 10, pieza 130).

CASTELLÓN, el valor de los altares destrozados alcanza las 115.000 pts (Folio 425).De la magnífica iglesia arciprestal, declarada monumento histórico nacional desde hacía años, sólo quedaron los cimientos. La destruyeron piedra a piedra por orden del Ayuntamiento revolucionario. El “nefasto” régimen de Franco la reconstruyó y hoy sigue donde estaba.

 

Fueron destruidos los archivos parroquiales y saqueadas las viviendas de los sacerdotes en la mayoría de las parroquias del territorio. Fueron profanadas sepulturas en los templos, capillas y cementerios en Villamalefa, Chodos, Caltellfort, San Jorge y Montán. (Folio 7, pieza 29; folio 5, pieza 32; folio 5, pieza 53; folio 4, pieza 114; folio 10, pieza 130).

 

Las profanaciones cometidas en edificios, con objetos destinados al culto, fueron muy numerosas. En muchos pueblos, los templos fueron utilizados como almacenes, mercados, corrales, cuadras, garajes, cooperativas agrícolas, bares y algunos como salas de baile y cine. En numerosos pueblos, los milicianos se revistieron con las ropas ornamentales de los sacerdotes, parodiando ceremonias de culto.  En el municipio de Castillo de Villamalefa los milicianos y los dirigentes republicanos se ejercitaban en el tiro al blanco en el interior de la iglesia,utilizando como blanco las imágenes sagradas, y empleando la dinamita para arrancar cuatro imágenes empotradas en la pared que no pudieron ser derribadas con la piqueta. En Cálig, los milicianos y sus dirigentes políticos realizaron la parodia de fusilar una imagen de la Virgen María, a la que, finalmente, cortaron la cabeza. (Folios 6 y 7, pieza 29; folio 5 de la pieza 111).

En algunos pueblos se obligó a los vecinos, bajo amenaza de muerte, a entregar en los respetivos Comités revolucionarios, todos los símbolos religiosos que tuvieran en sus domicilios, para ser destruidos en la plaza pública.

De los pueblos de la provincia liberados, solamente en uno, Campos de Arenoso, la vida discurrió con entera normalidad, sin que se cometieran hechos delictivos; y en otros dos, Pavias y Pina de Montalgrao, si bien se cometieron algunos delitos, ninguno afectó a personas y bienes de la Iglesia.

La valoración total de los daños y perjuicios causados en los bienes de la Iglesia, resulta, por falta de los datos totales, de imposible cálculo. Tan sólo de algunos pueblos se conocen datos en estos momentos, cuando la guerra todavía no ha terminado.

Estos datos parciales, que afectan sólo a veintitrés municipios de la provincia, son los siguientes:

Serratella…………………………. 25.000 pts (Folio 7, pieza 7).

Tirig……………………………… 200.000 pts (Folio 5, pieza 9).

Torre Endomenech……………… 30.000 pts (Folio 9, pieza 11).

Oropesa………………………….. 30.000 pts (Folio 5, pieza 19).

Puebla Tornesa…………………. 75.000 pts (Folio 4, pieza 20).

Villarreal……………………..15.000.000 pts (Folio 18, pieza 24).

Castillo de Villamalefa……….   200.000 pts (Folio 7, pieza 29).

Chodos………………………….. 50.000 pts (Folio 6, pieza 32).

Sueras…………………………… 30.000 pts (Folio 5, pieza 40).

Vistabella de Maestrazgo……..1.000.000 pts (Folio 5, pieza 46).

Ares del Maestre……………… 180.000 pts (Folio 8, pieza 48).

Bel……………………………..     15.000 pts (Folio 6, pieza 50).

Castellfort…………………….   100.000 pts (Folio 5, pieza 53).

Puebla de Benifasar…………..     80.000 pts (Folio 8, pieza 66).

Bechí…………………………. 1.000.000 pts (Folio 5, pieza 57).

Alcalá de Chisvert…………… 1.123.000 pts (Folio 5, pieza 86).

Canet lo Roig………………… 5.000.000 pts (Folio 5, pieza 87).

Salsadella……………………. 1.500.000 pts (Folio 6, pieza 91).

Traiguera…………………… 13.000.000 pts (Folio 11, pieza 93).

Benicarló…………………….     250.000 pts (Folio 13, pieza 110).

Calig……………………………   30.000 pts

Montan………………………… 200.000 pts (Folio 10, pieza 130)

Grao de Castellón……………….100.000 pts (Folio 428)

                                              ———————

Total…………………………. 39.218.000 pts

APÉNDICE

DATOS DE PUEBLOS NO LIBERADOS

Comprende este Apéndice los datos, incompletos y provisionales, recibidos de pueblos no liberados o que se hallan en líneas de fuego, tales como Artana, Barracas, Binéfar, Eslida, Higueras, Jerica, Nules y Vall de Uxó.

Asesinatos: El Obispo de Segorbe; doce sacerdotes, de ellos, tres mayores de 60 años de edad; ocho hombres; una mujer. Total: 22 personas asesinadas.

Detenidos de los que se ignora su paradero: 25 hombres, de ellos cinco menores de veinte años; 13 mujeres, de ellas seis menores de veinte años. Total 38 personas detenidas de las que sus familiares no saben su paradero.

Detenidos en la zona republicana: 36 hombres, de ellos uno mayor de 60 años.

Cadáveres encontrados, que no son vecinos ni refugiados: Dos sacerdotes y trece hombres. Total: 15 personas.

En ARTENA el vecino Salvador Traver fue torturado brutalmente delante de su madre, antes de ser asesinado. Motivo: se negó a revelar el paradero de un grupo de personas que permanecían escondidas en el bosque y a las que el suministraba alimentos. Los cadáveres de los diez asesinados fueron quemados con gasolina.

En NULES al sacerdote Vicente Llombart le rompieron la muñeca de un brazo, el abrir el auto en el que le obligaron a subir para ser asesinado.

Por la trascripción: Francesc Basco Gracià. Periodista (Tarragona, 4 de julio de 2016).

El Frente Popular del siglo XXI

El Frente Popular del siglo XXI

FORÉS: BOICOTEAN EL TRASLADO DE

LOS RESTOS DEL BEATO TOMÁS CAPDEVILA

 El martirio y la memoria del beato Tomás Capdevila Miquel continúa siendo hoy objeto de polémica, ochenta años después de su gloriosa muerte, por quienes pretenden silenciar la auténtica memoria histórica y las barbaridades cometidas por el Frente Popular y la Generalitat republicana, en la provincia de Tarragona.

El párroco y los fieles del pequeño pueblo de Forés (Conca de Barberá), de donde era natural el beato – como es preceptivo cuando una persona es beatificada -, se disponían a trasladar sus restos mortales desde el cementerio de Conesa (Conca de Barberá), donde reposaban, hasta la iglesia de San Miguel Arcángel de Forés, donde iban a recibir sepultura definitiva. Parece que algunos Consistorios de la zona, entre ellos el de Forés, se opusieron a ese traslado y a la sepultura definitiva, tal como establecen las normas eclesiásticas, amenazando el traslado del sacerdote con manifestaciones de protesta, porque fieles de municipios de la Conca se disponían a sumarse en procesión al traslado de los restos del beato. En vista de la situación y para evitar enfrentamientos,  el Arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, tomó la decisión de trasladar los restos mortales del beato a la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, donde hoy reposan junto a los del Cardenal Vidal y Barraquer.

Tomás Capdevila Miquel nació en Forés el 22 de enero de 1903 en Forés, donde fue bautizado el 25 del mismo mes, en la iglesia parroquial. Se le impusieron los nombres de Tomás, Ramón, Pablo. Fue ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1928, y el 30 del mismo mes cantó su primera misa en la iglesia parroquial de Forés. Era hijo legítimo de los consortes Tomás Capdevila Batet, de Blancafort, y de Dolores Miquel Tarragó, de Forés. Ejerció su ministerio sacerdotal en Altafulla, la Santísima Trinitat de Tarragona, Riudecanyes, Sarral, Montbrió del Camp, y como regente de Conesa. Fue martirizado el 6 de septiembre de 1936, en Solivella. Tenía 33 años de edad y llevaba ocho de vida religiosa. Fue uno de los 147 sacerdotes y religiosos de la Archidiócesis, beatificados en Tarragona  (Universidad Laboral) el 13 de octubre de 2013, incluido en la causa del beato Manuel Borrás, obispo auxiliar de Tarragona.

Los comités antifascistas de Forés, Conesa y Sarral, hoy considerados “víctimas del franquísmo”, fueron los responsables del cruel martirio y el asesinato, entre otros, del beato Tomás Capdevila Miquel. La víctima era natural de Forés y cura – regente de Conesa; tenía 33 años de edad. Fue martirizado e inmolado el 6 de septiembre de 1936. Estos son los hechos:

Celebró la última misa el 21 de julio de 1936; alrededor de las diez de la noche abandonó la parroquia y se trasladó a pié a su pueblo natal, junto con sus padres. Permaneció algunos días en su casa. Vista la situación, junto a su padre se refugió junto a su padre en un bosque cercano al pueblo, en la partida denominada Sabellà, hasta el 5 de septiembre, fecha en que tuvo que regresar a casa, forzado por una urticaria con fiebre. El día 6 de septiembre de 1936, un grupo armado del Comité revolucionario de Forés se personó en su casa para apresarlo. El sacerdote huyó por una puerta trasera hacia un bosque cercano. Más de treinta personas del pueblo se lanzaron a su caza y captura, con armas en las manos. El sacerdote, viéndose rodeado, se sentó en una piedra esperando a sus verdugos. “Manos arriba; pasa delante”, le espetaron. Obedeció sin rechistar y se dispuso a caminar con los brazos en alto. A mitad de camino ya no podía más, y les pidió: “Levantadme las manos, que yo no puedo más”. Entonces le obligaron a seguir, y empezaron a pegarle, a escupirle y a mofarse de el. Le condujeron al Ayuntamiento, a cuya entrada le esperaba su madre, a la que abrazó; y dijo: “Mare, no ploreu la meva mort”. La escena provocó lágrimas en muchos de los allí presentes. Fue arrancado de los brazos de su madre, y conducido, a empujones, ante el Comité local. Le preguntaron si quería beber vino; contestó que no. “¡Bien lo bebías en misa!”, le espetó uno. Y le echaron el vino al rostro.

El Comité de Forés, llamó a los de Conesa y Sarral. Para condenarlo constituyeron un “tribunal” que le acusó, entre otras cosas, de no dejar tocar las campanas de la iglesia el Viernes Santo de 1934, y de escribir en diarios católicos. El sacerdote contestó: “Primero hemos de obedecer las leyes de la Iglesia”. Le abofetearon y le escupieron. El Comité de Forés, lo entregó a los de Sarral y Conesa, diciendo: “Haced de él lo que queráis”. Entonces le obligaron a subir a un coche, custodiado por un grupo de milicianos que le daban escolta en otro vehículo,  y con él se dirigieron a Solivella.

Entonces empezó el cruento martirio de la víctima por espacio de hora y media, el tiempo que duró el trayecto que separa Forés de Solivella. Durante el recorrido – todo en vivo – le amputaron la lengua y los miembros genitales, le sacaron los ojos y le fracturaron la clavícula izquierda. La víctima se desangraba poco a poco. Llegó a Solivella tan exhausto que permaneció inconsciente una media hora en la plaza mayor del pueblo. Puesta en marcha de nuevo la comitiva, se encaminaron al cementerio de la localidad. Como el camino era de herradura, fue descendido del vehículo a fuerza de brazos; arrastrado hasta el camposanto y lo precipitaron por un terraplén. El reloj de la iglesia parroquial de Solivella tocaba en aquel momento las campanadas de las once de la noche: era el 6 de septiembre de 1936. Los milicianos, siguiendo el pausado compás de las campanas, le descerrajaron once tiros a boca de jarro  Allí permaneció el cadáver  – “que presentaba toda suerte de cortaduras”, según la declaración de su madre -, hasta el día siguiente en que se le dio sepultura, cubriendo sus restos con una lechada de cal viva.

El dueño del coche, requisado por los milicianos para trasladar a la víctima de Forés a Solivella, declaró que antes de ser puesto nuevamente en servicio el vehículo, hubo necesidad de lavarlo intensamente y cambiar algunos forros de la parte trasera, puesto que las intensas manchas de sangre habían empapado la lona.

El 16 de noviembre de 1944, su madre, Dolores Miquel Tarragó declaró ante el juez la peripecia sufrida por su hijo sacerdote. Considera personas sospechosas de haber participado en el crimen Miguel Malo Vives y José Tarragó Roselló, junto a varias personas vecinos de Sarral. También prestaron declaración otras personas del pueblo sobre el atroz crimen.

El cura ecónomo de la parroquia de Santa María de Conesa, Francesc Florit, certifica que el 3 de septiembre de 1939 mandó dar sepultura eclesiástica al cadáver de mosén Tomás Capdevila Miquel que falleció “cruelmente martirizado y asesinado por su coraje y santa intransigencia en defender y vindicar loa derechos de Cristo y su Iglesia”. Sus restos mortales fueron trasladados por acuerdo del Ayuntamiento “y en medio de la consternación del pueblo, que le venera como un mártir”. Acudió a su solemne entierro una ingente muchedumbre de todos los pueblos de la comarca. Lo certifica el párroco Manuel Baldrich el 16 de abril de 1952.

El cadáver fue exhumado del cementerio de Solivella el día 3 de septiembre de 1939, y trasladado a Conesa, donde recibió cristiana sepultura. Los vecinos se arrodillaban al paso del féretro. Gentes de los pueblos cercanos se sumaron a los solemnes funerales.

  • Todos estos detalles pudieron ser recogidos de boca de los asesinos, que lo explicaban en público y se jactaban de ello, durante el periodo republicano del Frente Popular. Después intentaron esconderse o exiliarse.

 

  •  Los hechos han sido consultados en la Positio del obispo Manuel Borrás (Archivo Histórico Archidiocesano de Tarragona), y en la declaración de su madre, Dolores Miquel Tarragó, viuda, natural y vecina de Forés, que obra en el AHN, CGT, pag. 1.333. Todo ello se halla recogido en el libro “Beatifican 522 Mártires”, del mismo autor de este reportaje.

 

  • Actuaron como testigos de su vida y martirio: Francisca Duch Pijoan, Rosalina Torrellas Mañé, Marta Puig Corbella, Matilde Farré Savidó, Montse Mariano Torrellas, Cecilia Giné Clarazo, Pilar Giné Serra, Salvador Bosch Farré, Pedro Llorach Moix, Luis Puig Murtra, Juan Carlos Corbella Llort, Celestina Moix Gasol, Santiago Moix Capdevila, Maria Capdevila Miquel, Dolores Miquel Tarragó.

Francesc Basco Gracià. Periodista. Tarragona, 30 de junio de 2016.