MARTIRIZADOS DURANTE LA PERSECUCION RELIGIOSA

MARTIRIZADOS DURANTE LA PERSECUCION RELIGIOSA

SE CUMPLEN OCHENTA AÑOS

LA IGLESIA CLANDESTINA DE TARRAGONA

La mayoría de los sacerdotes fueron perseguidos,  y no pocos sufrieron los horrores de una larga prisión.

En julio próximo se cumplirán ochenta años de la feroz persecución religiosa desencadenada por el Frente Popular contra la Iglesia católica en España, iniciada en 1931 y culminada entre 1936 y 1939. Hoy, nos angustiamos – y con razón – de la persecución que los cristianos sufren en el mundo, especialmente en los países islámicos, donde se juegan la vida a diario. Eso mismo ocurría aquí hace ochenta años: asesinato de sacerdotes, religiosos y seglares, padres de familia católicos; devastación de templos y destrucción masiva de imágenes sagradas y robo de objetos de culto. No debemos olvidar los años terribles que sufrieron nuestros mayores; las catacumbas del Frente Popular republicano, que vivieron los cristianos de los años treinta en Tarragona. Esto no lo encontrarán en las televisiones, ni en los periódicos. Está prohibido relatarlo. Hoy vivimos en otras catacumbas: las de la mentira, el rencor y el odio, porque “Dios no fue derrotado”.

Los sacerdotes que sobrevivieron a la matanza, unos, después de vencer enormes dificultades, lograron franquear la frontera con Francia para refugiarse en distintos países europeos; otros, influidos por los dictados de su conciencia sacerdotal, o por la imposibilidad física de trasladarse al extranjero, optaron por permanecer escondidos en la zona republicana, al lado de sus fieles o de la familia.

Las tres primeras inmolaciones sacerdotales del arzobispado de Tarragona se producen el día 21 de julio de 1936 en Reus, Cambrils y la Selva del Camp. En Reus fue asesinado mosén José Catalá Alsina, coadjutor de la parroquia de san Francesc. Fue detenido en su casa y sacrificado en el arrabal Robuster. En Cambrils cae el capellán de las Escuelas Cristianas, mosén Eladio Perés Bori. Fue abatido por un camión de milicianos. El día 27 moría en Riudoms el capellán del noviciado, mosén José Bru Boronat. En la Selva del Camp es el padre misionero claretiano, Vicente Gomá. Apareció en su celda “horrorosamente desfigurado”, con señales de haber sido quemado, según indica el Proceso de Beatificación de Tarragona.

Hasta el día 23 no hay derramamiento de sangre en Tarragona capital. La primera víctima fue el sacristán de la Catedral, mosén Luís Janer Riba. Estaba en su casa de la plaza del Forum. Tres milicianos le ven en el balcón. Le obligan a quitarse la sotana. Un faista le dispara a quemarropa y cae en el portal de su casa. Ensotanado y ensangrentado lo arrastran hasta un montón de escombros, para que se lo lleve el carro de la basura. (Proceso de Beatificación de Tarragona, art. 1.547).

Los que pudieron huir de la matanza no permanecieron ociosos en su refugio, prestando allí donde estuvieron notables servicios. Las diócesis de Toledo, Málaga, Vitoria y otras del resto de España, así como de Francia e Italia, conservaron vivo el recuerdo de la ejemplaridad y el celo sacerdotal del clero de Tarragona que habían acogido.

Los que permanecieron en la archidiócesis, encarcelados u ocultos, se hallaron en pésimas condiciones para el ejercicio del sagrado ministerio. Sin embargo, ejercieron sus sagradas funciones cuando las circunstancias se lo permitieron en las catacumbas republicanas, lo mismo que los primeros cristianos hacían en la Roma pagana, con espíritu heroico y en forma confortante y consoladora. Lo mismo   que hoy hacen los cristianos perseguidos que viven en países islamistas.

TRES PERIODOS.- En la persecución religiosa durante la dominación republicana en Cataluña, se pueden distinguir tres periodos. El primero comprende desde el 20 de julio hasta primeros de septiembre de 1936. El segundo, de septiembre de 1936 hasta mayo de 1937, fue de relativa calma, con algunos momentos trágicos, fruto de la sed de venganzas personales. El tercer periodo, de cierta tolerancia, que comienza en junio de 1937 hasta la liberación de Tarragona por las fuerzas nacionales. Estas tres fases se refieren a lo vivido en la archidiócesis en cada periodo. En todos ellos, el clero de Tarragona permanece fiel a sus principios religiosos.

Durante este período, los sacerdotes presos en las cárceles, y muy especialmente quienes se hallaban en las mazmorras de los barcos-prisión, ejercieron allí el sagrado ministerio, confesando a otros presos y preparándoles para la muerte. Unos pedían confesarse cuando llegaban a la cárcel flotante; otros, durante su estancia, después de exhortados y convencidos; otros pedían confesarse momentos antes de partir hacia una muerte segura. Con toda urgencia confesaban sus culpas antes de salir al patíbulo. Quienes lo vivieron y pudieron contarlo aseguran que era un espectáculo emocionante. Hubo quien recibió la absolución mientras subía las escaleras del barco, a la vista de los milicianos que iban a ejecutarle.

Otra actividad consistía en preparar a los seglares presos, fomentando entre ellos el rezo del rosario. Para ello se les proporcionaba cordelitos con nudos, que sustituían las cuentas de los rosarios que les habían sido arrebatados por lo milicianos en los registros y cacheos personales. Pese a la blasfemia y al odio a la religión que profesaban los guardianes, los barcos – prisión se convirtieron en templos donde, sin cesar, se ofrecían a Dios oraciones y sacrificios, y donde las almas de los católicos presos se purificaban tras recibir la corona del martirio.

Estas actividades religiosas estaban acompañadas de otras más alegres y consoladoras. Se organizaban socorros mutuos – especialmente entre los Hermanos de las Escuelas Cristianas -, privándose de los escasos alimentos que poseían para proporcionarlos a los presos recién llegados y hambrientos, o a los que permanecían allí pero ayunos de lo fundamental para subsistir. También se les proporcionaban mantas para hacerles más llevadero dormir en el duro suelo de aquellas vastas bodegas. Las necesidades de los enfermos eran atendidas de forma fraternal y cariñosa. La caridad de Cristo mitigaba las necesidades propias y los más graves peligros para socorrer con todo amor las necesidades del alma y del cuerpo de los allí presentes.

La fulminante y automática disolución de los tribunales populares, ocurrida el 29 de agosto de 1936, modificó la situación general y en particular la situación de los presos. Como en la cárcel flotante “Río Segre” – trasladada en diciembre a los buques “Ciudad de Mahón” e “Isla de Menorca” – abundaban los sacerdotes y los religiosos, las actividades fueron intensas y organizadas siempre en un marco de sencillez y familiaridad; pero con precaución para escapar de la celosa vigilancia de guardianes y milicianos. Y para no ser víctimas de las denuncias de los espías, que no faltaban entre los presos, o de las indiscreciones de otros presos excesivamente cándidos.

En la organización de tan singular labor sacerdotal, se tuvieron en cuenta cuatro objetivos principales: Dar culto a Dios, no sólo privado sino también externo y público. Conservar, robustecer y aumentar el espíritu sacerdotal, siempre en peligro por la ociosidad de la cárcel y la hostilidad del ambiente. Confortar el ánimo decaído de los presos seglares. La conquista espiritual de los presos seglares, encarcelados por ser fascistas o de derechas, pero completamente ignorantes en religión y alejados Dios en aquellas críticas circunstancias.

EJERCICIOS PIADOSOS E INSTRUCCIÓN RELIGIOSA.- A primeros de septiembre se practicaba, en la mañana de los domingos, un acto piadoso para suplir la falta de la misa. En él tomaban parte activa todos los sacerdotes y religiosos. Asistían, también, todos los militares presos, presididos por el teniente coronel Morillo y buen número de presos. El que actuaba de celebrante predicaba una breve homilía sobre el Evangelio del día. La indiscreción de un preso – que no se libró de la muerte – provocó no continuar tan piadosa práctica y buscar otra forma de culto. Ello se consiguió con los siguientes ejercicios piadosos: Novenas a la Virgen del Pilar, a Ntra. Sra. del Claustro, a la Inmaculada Concepción y al Niño Jesús. Se realizaba un ejercicio de media noche los días de Navidad y Año Nuevo; Fiesta de Cristo Rey; Septenario de Dolores; Hora Santa ante Jesús Sacramentado el Jueves Santo y otros días; las Siete Palabras el Viernes Santo; novena a la Virgen de Montserrat; novena al Espíritu Santo; Mes de María; Mes del Sagrado Corazón; fiesta de San Juan Bautista de La Salle; fiesta de la Renovación de Votos, con exposición del Santísimo todo el día para los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Todas las meditaciones y oraciones de estos Ejercicios eran compuestas expresamente para aquellos actos. Casi todos estos se practicaban dos veces al día para evitar aglomeraciones de asistentes, con el fin de no llamar la atención de los milicianos encargados de la vigilancia.

Además de la instrucción contenida en estos ejercicios, el celo de los sacerdotes y religiosos halló nueva forma de instrucción cristiana para los seglares más necesitados. Providencialmente, pudieron llegar a manos de algún sacerdote y de algún religioso varios libros, entre ellos algunos de Ascética, Apologética, Catequesis e Historia religiosa. Con ellos hicieron un fructífero apostolado entre los seglares más necesitados de formación religiosa. Las obras de Mons. Tyamer That eran leídas con avidez y provecho. De estos y otros libros se hacían amplios extractos, que luego servían de base para conversaciones instructivas. No se desperdiciaba ninguna oportunidad para llevar las almas a Dios, bien por medios de la instrucción o de la exhortación, siempre en un ambiente fraternal y de espíritu apostólico.

Aparte de los ejercicios mencionados, se organizaron varios grupos para rezar colectivamente el rosario en diversas horas del día y bajo la dirección de los sacerdotes. También se rezaba colectivamente el Vía Crucis todos los días. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas organizaron, en cierto modo, la vida de la comunidad, no sólo para la comida sino para los rezos y el estudio. Así, en aquella cárcel, a parte de las oraciones individuales, que no eran pocas en muchos presos, se daba continuamente culto a Dios, con piadosos ejercicios colectivos.

MISA Y ADMINISTRACIÓN DE SACRAMENTOS.- En cuanto se tuvo noticia fidedigna de que la Santa Sede había concedido que, en aquellas circunstancias, se celebrase la misa sin ara, sin vasos sagrados y sin ornamentos, varios sacerdotes empezaron a celebrar la misa y continuaron esta práctica durante los meses que transcurrieron hasta obtener la libertad. Algunos de ellos lo hicieron con tales precauciones que pasó totalmente desapercibido. Desde entonces – corría el mes de marzo de 1937 – muchos presos católicos comulgaron todos los días. Por ello, la administración del sacramento de la penitencia fue muy frecuente y abundante.

OTRAS ACTIVIDADES.- Se producían frecuentes reuniones entre sacerdotes, que ellos mismos denominaban “conferencias eclesiásticas”. En ellas se trataban diversos temas de teología dogmática, moral, ascética, liturgia, oratoria sagrada, práctica parroquial, etc. Allí se planeaban proyectos de futuras actuaciones para cuanto, pasada la represión religiosa, llegara la hora de ponerlas en práctica.

Era interesante observar el interés con que muchos sacerdotes dedicaban las horas del día a trabajos útiles para un porvenir que se adivinaba no muy lejano. Quienes se dedicaban a enseñar o aprender idiomas extranjeros; quienes impartían lecciones; quienes enseñaban o aprendían matemáticas, ciencias, historia; quienes componían piezas de música; quienes procuraron el texto de las partes fijas de la misa y las partes variables de las misas de la Virgen y de réquiem, y sacaban copias para procurarse un mínimo de misal manuscrito que supliese la falta de otros. En las largas horas de internamiento en la prisión, se aprovechaba gran parte del tiempo alternando con las expansiones que las circunstancias permitían.

CAMBIO DE ORIENTACIÓN.- En mayo de 1937 se inició un nuevo periodo de cierta tolerancia, que se manifestó por un cambio de orientación en el tribunal encargado de juzgar a los presos no sometidos todavía a juicio. Se dieron por nulas las diligencias judiciales anteriores, o por lo menos se concedió a los presos formular nuevas declaraciones que tomaron personas más comprensivas. En los juicios se partió del principio de que ser sacerdote, religioso o católico no era ningún delito, y, por lo tanto, no podía imponerse por ello ninguna pena. En consecuencia, a partir del 16 de junio de 1937, fecha en la que inauguró sus tareas el nuevo tribunal, fueron sucesivamente juzgados y liberados todos los sacerdotes, religiosos y seglares sobre los que no pesaban acusaciones de tipo político, sino únicamente las de carácter religioso. Empezó entonces un nuevo periodo y una nueva forma de actividad sacerdotal.

ORGANIZACIÓN.- En la archidiócesis de Tarragona se conservó casi siempre la presencia y dirección de una autoridad jerárquica. El cardenal Vidal y Barraquer, desde el exilio, siguió en todo momento el desarrollo de aquellos dolorosos acontecimientos. Al tener noticia del martirio sufrido por el Dr. Brú, vicario general sustituto, delegó con dicho carácter al Dr. Garcés, hasta que pudiera realizar el nombramiento definitivo de vicario general. Fue designado para el cargo el Dr. Salvador Rial, de acuerdo con la Santa Sede y con las disposiciones pontificias. El nombramiento, realizado a finales de junio, fue comunicado al interesado el 16 de julio de 1937. En el mismo acto le fueron entregadas tres botellitas con los santos óleos, para la administración de sacramentos, y una cantidad en metálico para socorrer a los sacerdotes más necesitados.

Empezó entonces la organización de la archidiócesis, aunque de modo rudimentario, como sigue: El Dr. Garcés, fue designado vicario general sustituto y encargado habitual de los asuntos de la curia; delegados generales para las parroquias de Tarragona, Reus y Valls, el maestrescuela, el Dr. Juan Ros y mosén Ramón Baltá, respectivamente; delegados generales para las otras parroquias, mosén Güerri, el P. Francisco Serra, superior de los Jesuitas, y mosén Esteban Farrés, de la diócesis de Vic, entonces residente en esta ciudad. Estos tres últimos, residentes en Tarragona, salieron con frecuencia para ejercer el sagrado ministerio en los pueblos, unas veces enviados por el vicario general y otras por iniciativa propia.

En la capital (Tarragona), se establecieron dieciocho centros de acción sacerdotal, en otras tantas casas habitadas por sacerdotes o por otros ministros sagrados. Además, se organizaron servicios religiosos para casos de necesidad en la cárcel, en el hospital civil, en el hospital militar y en el asilo de ancianos. Así empezó la actuación, con la mayor cautela y clandestinamente. No era aconsejable pedir permiso a las autoridades aunque estuvieran dispuestas a concederlo.

NORMAS ESPECIALES Y PRIVILEGIOS PONTIFICIOS.- El Papa Pío XI, asociado al dolor de la Iglesia española de modo muy expresivo y paternal, facilitó con extraordinarias concesiones la labor sacerdotal, a fin de que, en medio de aquellas calamidades de las cuales no había precedente en España, no faltase lo más esencial del culto divino, que es la santa misa, ni lo más conveniente para la asistencia espiritual a los fieles. Las concesiones llevan diversas fechas, desde el 7 de agosto de 1936 al 3 de octubre de 1938. De ellas entresacamos las siguientes:

SANTA MISA.- Podía celebrarse en cualquier lugar decente, sin ara, sin vasos sagrados, sin ornamentos; pero no se dispensó del pan ácimo.

COMUNIÓN EUCARÍSTICA.- Todos los fieles seglares podían comulgar por devoción a cualquier hora del día o de la noche, con dispensa del ayuno eucarístico por concesión del ordinario; pero la comunión debía ser administrada por un ministro sagrado, nunca por seglares y menos aún por mujeres aunque fuesen religiosas. Se cometieron en esto algunos abusos, que el ordinario debió reprimir con dureza, aunque fuesen hechos con buena fe.

A los enfermos graves, el viático debía serles administrado por lo menos por un clérigo si no había un ministro “in sacris”. Pero en el caso de no haber clérigos podía llevar el santísimo un seglar varón –nunca una mujer- de absoluta confianza; pero este seglar no podía administrar la comunión, sino que debía tomársela el mismo enfermo, a menos que este no pudiese, en cuyo caso podía darla la misma persona que había llevado el Santísimo Sacramento.

Para los casos de condenados a muerte, el Papa dejó a la providencia del ordinario; pero no se dio ningún caso en la archidiócesis.

RESERVA DEL SANTÍSIMO.- No hubo concesiones especiales sobre este punto. El ordinario podía conceder que se guardase donde fuere necesario para la asistencia de los fieles, con tal que fuese en lugar seguro, decente y bajo el cuidado constante de un sacerdote. Esta última circunstancia urgía entonces más que nunca ante la constante inseguridad en que vivían los católicos. Por esta razón, el viario general se vio obligado a restringir los permisos de reserva, concediéndola tan solo a los ministros sagrados que pudiesen tenerla con toda seguridad y decencia. Y que, al propio tiempo, estuviesen dispuestos a prestar a los fieles los servicios religiosos. También en este punto se deslizaron algunos abusos que el vicario general se vio obligado a corregir, a pesar de reconocer la buena fe y el espíritu de piedad.

CONFIRMACIÓN.- El día 3 de octubre de 1938, la Santa Sede concedió al vicario general de Tarragona, y después a los vicarios generales de las restantes diócesis de la provincia eclesiástica, la extraordinaria facultad de administrar el sacramento de la Confirmación.

MATRIMONIO.- Fue concedida a los ordinarios la facultad de dispensar de los impedimentos aún dirimentes menores y de muchos de los mayores, y también de conceder sanciones “in radice”.

NORMA GENERAL.- Para casos dudosos y graves, la Santa Sede dispuso que no pudiendo reunirse, los vicarios generales de las diócesis de esta provincia eclesiástica, se reuniesen en conferencia para tomar acuerdos aun con dificultades ejecutivas según los casos. La presidencia de estas conferencias correspondía al vicario general de Tarragona, quien era a la vez administrador apostólico de las diócesis de Lleida y Tortosa.

Estas concesiones y normas fueron de gran orientación e impulso para todos. De este modo pudieron resolver más fácilmente los problemas que se presentaban, orientando sobre el criterio que debía presidir la actuación sacerdotal en aquellos días.

EJERCICIO DEL MINISTERIO EN FORMA OCULTA.- Así empezó el ejercicio del sagrado ministerio en forma oculta al principio, pero casi desbordante hacia el fin de aquel periodo, con la nota consoladora de que se aprovecharan de estos ministerios no solamente las personas más piadosas, los familiares de los sacerdotes, las religiosas enclaustradas, las aspirantes al estado religioso, sino también personas bastante indiferentes en religión, y que vivían alejadas de sus prácticas. Y también personas que tenían cargos oficiales en los organismos entonces dominantes: soldados y militares de graduación, policías, guardias civiles, maestros oficiales, secretarios de comisarios y empleados de todas clases. No todos los que figuraban en estos puestos oficiales eran republicanos o marxistas; otros, aunque simpatizaban con el régimen, reprobaban los crímenes cometidos y conservaban su fe y sus prácticas cristianas; y ni querían vivir unidos sólo civilmente, ni toleraban que sus hijos no fuesen bautizados. Por otra parte, unos y otros vivían presionados por el terror de una muerte próxima y segura ante el peligro constante de los bombardeos y del desenlace que en cada localidad pudiese tener la guerra.

CELEBRACIONES A MILLARES.- Los bautizos fueron a millares, pudiendo administrarse muchas veces con todas las ceremonias. Fueron numerosos los fieles católicos que recibieron el sacramento de la Confirmación. El primero que lo recibió fue un hijo de un policía, apadrinado por el jefe del mismo cuerpo. Las confesiones y comuniones sumaban algunos millares en los últimos meses. Los enfermos eran asistidos y confortados con los sacramentos en sus casas, en los hoteles, en los hospitales, allí donde se encontraban. Fueron muchísimos los matrimonios contraídos en la forma canónica ordinaria y con la bendición litúrgica. No pocos difuntos fueron acompañados por sacerdotes vestidos de seglar, pero rezando de memoria los salmos y oraciones de las exequias, confundidos con los demás asistentes del cortejo funerario.

La misa fue celebrada en gran número de casas particulares de la ciudad y de fuera, y a ellas solían asistir parientes y amigos de confianza. En la ciudad se reglamentó el horario para los días festivos, celebrándose en horas distintas y siempre fijas para mayor comodidad y buen orden de los fieles. En ellas no se predicaba porque la falta de libros para prepararse y el peligro de que algunas ideas o frases del predicador fuesen tergiversadas, no hacían aconsejable la predicación, que era sustituida por la lectura de libros piadosos o el catecismo.

La asistencia a las misas era numerosa en los días festivos; podían asistir hasta cincuenta personas en una misa. Testigos presenciales afirman que el recogimiento y la devoción que se respiraba en ellas edificaban y conmovían. Un día se produjo un intenso bombardeo en la ciudad, que coincidió con el momento de la elevación del santísimo. Nadie se movió de su sitio ni pronunció palabra. En otra ocasión el bombardeo coincidió con la comunión de los fieles. Pese al violento estampido de las bombas que caían cerca, no se produjo el más mínimo desorden. El oficio terminó con absoluta normalidad.

Además de la misa, en algunas casas se celebraban otras funciones religiosas como novenas, horas santas, las cuarenta horas, con turnos de vela al santísimo, entre otras.

Testigos presentes en estos actos han podido confirmar que era conmovedora y edificante la intensa emoción que muchos experimentaban al asistir a estos actos y recibir los sacramentos, así como los sacrificios que se imponían. Algunos venían de pueblos lejanos salvando largas distancias de sesenta y más kilómetros, muchos de ellos a pié, a causa de la escasez o carencia de medios regulares de transporte. Hubo quien, todas las semanas, andaba a pié veinticinco o más kilómetros para poder oír la misa o compartir otras funciones religiosas. Todo se sacrificaba para cumplir con fe y amor los preceptos de la Iglesia, gracias al abnegado trabajo de los sacerdotes que tenían que actuar en secreto y a escondidas para evitar la represión marxista.

EL TRABAJO SACERDOTAL.- Merece especial mención la acción sacerdotal en la ciudad de Valls, bajo la dirección del mosén Ramón Baldá, dignamente correspondida por los seglares, donde cabe resaltar la labor realizada por Laureano Moncunill, y de forma singular por la Congregación Mariana.

El trabajo sacerdotal se extendió, también, a la preparación de alumnos para su ingreso en el Seminario. Algunos jóvenes empezaron entonces su carrera, en silencio y en plena represión marxista; otros continuaron sus estudios iniciados, con el fin de adelantar cursos. Tampoco se descuidó la organización de círculos de estudios para jóvenes seglares, bajo la dirección de una religiosa, dependiente de la autoridad eclesiástica, la cual señalaba programas y revisaba textos y apuntes.

ACTUACIONES CLANDESTINAS.- Hay que destacar que todas estas actuaciones eran clandestinas; estaban prohibidas legalmente. Los actos referidos se celebraban siempre en lugares ocultos o bien a puerta cerrada, aun cuando en los últimos tiempos eran conocidos por las autoridades y sus agentes. En noviembre de 1938, el ministro de Justicia de la República realizó un viaje a Tarragona para pedir personalmente al vicario general que abriese las iglesias al culto, incluso la misma Catedral, ofreciendo al efecto toda clase de seguridades. A pesar de las varias razones y promesas, expuestas en un largo diálogo de casi dos horas, el vicario general Salvador Rial Lloberas, nombrado por el cardenal Vidal y Barraquer en el exilio, se negó a ello con toda cortesía pero con toda firmeza, por el peligro que representaba para los fieles.

Algunos miembros de la Acción Católica, arriesgando su propia vida, organizaron actuaciones delicadas allí donde no podía llegar la presencia o intervención personal del sacerdote, aunque estuviese investido de autoridad. Con suma cautela y de forma sigilosa, este grupo de colaboradores gestionó y obtuvo alimentos para los pobres, documentación personal para sacerdotes, libertad para muchos presos, y llegó a obtener una singular conquista: reservarse una hora semanal de la emisora de radio para un tema religioso, que se reservó la autoridad eclesiástica bajo el rigor de la censura. Esta conquista no llegó a tener efectividad porque cuando se preparaba la primera emisión se produjo la liberación de la ciudad por las tropas de Franco.

La actuación de los sacerdotes y los fieles que se salvaron de la matanza fue extensa, intensa, compleja y arriesgada, siempre con la mirada puesta en Dios y en el bien de las almas. De este modo se pudieron rescatar algunos restos dispersos entre las humeantes ruinas de los templos; muchos sacerdotes y católicos pudieron salir de sus escondrijos y regresar a casa; se pudo confortar a muchos espíritus débiles y abatidos; enardecer a los fervorosos, afrontando todos los gravísimos peligros que corrieron, preparándose para trabajar en la magna tarea de la reconstrucción espiritual de la archidiócesis.

LOS SACERDOTES REFUGIADOS EN BARCELONA.- Pero no menos importante fue la labor desarrollada por sacerdotes de la archidiócesis de Tarragona que, en gran número, se hallaban refugiados en Barcelona. La situación de las docenas de sacerdotes de Tarragona que sobrevinieron a la matanza, ocultos unos desde el principio, liberados de la cárcel más tarde otros, que se habían refugiado en Barcelona, preocupaba seriamente al vicario general Salvador Rial, por varias razones. Comentó el problema con mosén Jaime Toldrá, que propuso la creación de un organismo cultural que desarrollara una labor científica y literaria, bajo la tutela o dependencia del prelado de Tarragona. Fue un lugar de refugio moral y económico para el sacerdote, así como un medio fácil de contacto entre los sacerdotes de la archidiócesis de Tarragona y su vicario general. Era un centro de actividades sacerdotales, que recibió el nombre del “Consultorio Bibliográfico por Correspondencia”. El día 1º de octubre de 1937 inauguró sus tareas culturales, con el fin de informar a los estudiosos sobre cualquier libro, revista o periódico, antiguo o moderno, nacional o extranjero, literario o científico, fuese como fuese.

Se envió información a las editoriales nacionales y extranjeras, esencialmente de Francia, Italia, Bélgica, Suiza y de las Repúblicas americanas, anunciándoles la fundación del consultorio (Apartado 422, de Barcelona), pidiéndoles los catálogos de sus obras. Recibidos estos en gran abundancia, de procedió a la catalogación de los mismos. Se logró, también, la instalación de un teléfono.

El consultor, para tener derecho a un servicio o consulta, debía de inscribirse como socio de la entidad, con una cuota de dos reales, y acompañar a cada carta un sello para poder contestarla. Toda consulta debía hacerse por correspondencia; por regla general eran despachadas dentro de las 24 horas. Se recibían consultas sobre libros de las más distintas materias. Estaba prohibida la venta de libros religiosos para el país.

La casa editora Librería Religiosa fue la más favorecida por las peticiones del consultorio. Durante el año y medio de funcionamiento fueron solicitadas centenares de obras de fondo y de surtido. Gracias a este consultorio se pudo emprender y proseguir el “Índice de las Bibliotecas de Barcelona”, ímproba labor que no había logrado realizar ninguna institución ni cultural ni política, pese a los medios con que estas podían contar.

INTENSA ACCIÓN SACERDOTAL.- Paralelamente a esta labor cultural, el consultorio realizaba una intensa acción sacerdotal, con actos heroicos llevados a cabo por muchos sacerdotes administrando los últimos Sacramentos. El consultorio tuvo mucha parte en el éxito de la acción sacerdotal desarrollada. Más de 150 sacerdotes de todas las diócesis catalanas refugiados en la ciudad condal, recibían el aliento de esta entidad. Se repartían limosnas a los sacerdotes necesitados. Favorecía a los sacerdotes libres y encarcelados en Barcelona y extra-radio, bien directamente o por medio de los sacerdotes del consultorio. Éste hizo circular unas hojas entre los sacerdotes en las cuales podían declarar los maestros (léase sacerdotes) los días de fiesta y de labor, las horas convenientes en que podían celebrar la misa en la casa donde se hospedaban y en otras, para poder complacer a la familias que deseaban oír misa encasa y los sacerdotes pudiera beneficiarse de las limosnas.

Con la ayuda y la colaboración de muchos seglares católicos, con gran interés y sacrificio- y exponiendo sus vidas – se logró para muchos sacerdotes una colocación decorosa dentro de la ciudad, en pueblos cercanos o en la plana de Vic, en donde se disponía de víveres en abundancia, cuando en Barcelona llegaron a escasear tanto.

A todos estos sacerdotes, que por medios providenciales y arriesgados, habían logrado llegar a Barcelona, huyendo de la feroz persecución religiosa, sin otro equipaje que lo puesto, se les facilitaron vestidos adecuados al tiempo y a la situación y ropa interior, unas veces usa y otras nueva, pero siempre limpia y en buen estado.

El consultorio era, asimismo, el portavoz de las disposiciones oficiales eclesiásticas del obispado de Barcelona y del arzobispado de Tarragona. Se daban instrucciones y medios para conseguir células personales, tanto para la ciudad como para los pueblos. Si el interesado tenía dificultades, la entidad se encargaba de conseguir los papeles, haciendo las diligencias necesarias. Lo mismo sucedía para la obtención de carnets para el trabajo.

A los dos meses de abrir el consultorio, la ciudad de Barcelona estaba “sembrada” por una infinidad de pequeñas parroquias, regentadas cada una de ellas por un sacerdote fijo o variable, establecidas en casas particulares en las cuales se celebraban todos los días una o varias misas, se oían confesiones, se administraba la comunión, se predicaba a los adultos y se realizaban todas las funciones parroquiales. Además de las casas particulares, los sacerdotes solían ir a los hospitales y asilos, atendidos por religiosas vestidas de enfermeras. Ellas cuidaban  de llevar a una habitación contigua a la sala general al enfermo para que allí, a solas con el sacerdote y con otra persona que pudiera ayudarle, fuera de las miradas indiscretas y de las posibles delaciones de otros enfermos.

El consultorio disponía de vasos con los santos óleos para el bautismo, la extremaunción y el matrimonio, los cuales eran prestados a los sacerdotes que los necesitaban, juntamente con unos pequeños cuadernos en que, escritos a máquina, estaban los ritos y oraciones para administrar los sacramentos. Propagó muchos impresos para que llegaran a los hogares cristianos de la ciudad condal; entre estos cabe destacar los referentes a los meses de mayo, junio y octubre. Eran hojitas de cuatro páginas que contenían las oraciones principales de cada una de estas prácticas religiosas. También se editaron, escritas a máquina, grandes hojas que, en forma de cartas, contenían varias disposiciones de la Santa Sede y del vicario general de la archidiócesis de Tarragona, supliendo así la falta del Boletín Oficial Eclesiástico.

Además, divulgó entre los sacerdotes y algunos seglares escritos religiosos interesantes y de actualidad, extractados de doctas revistas católicas extranjeras, así como sentidos mensajes de felicitación, exhortación y aliento del cardenal Vidal y Barraquer desde su destierro.   (BOAT, núm. 16, pag. 230-243, 15 de septiembre de 1944).

APOYO DEL CARDENAL A LOS PERSEGUIDOS.- El Boletín Oficial del Arzobispado de Tarragona (BOAT) de octubre de 1943 publica una amplia referencia al cardenal Vidal y Barraquer, con motivo de su fallecimiento el 13 de septiembre del mismo año. Es el primer número editado después de la guerra civil y lo dedica a la memoria del prelado que durante 24 años rigió la archidiócesis tarraconense, escrito a modo de “miniatura psicológica”. El autor no firma el texto, (fue, posiblemente, Salvador Rial), apoya la credibilidad de sus afirmaciones en base a los “cuarenta y nueve años de trato personal con el difunto, y un riquísimo y abundante fondo documental”. Cuando habla de caridad, en la pag. 16, dice  que “la revolución roja le arrancó violentamente de la compañía de sus hijos; pero desde Italia, donde le llamó el Santo Padre para salvar su vida, después que los rojos le separaran de la casa paterna de la archidiócesis, y posteriormente de los propios confines de la misma, desde Italia, – decimos -, continuó espiritualmente entre nosotros, dirigiendo, vigilando, instruyendo, preocupándose por todos, especialmente de los sacerdotes, mendigando para todos, gestionando nuestra libertad, preparando asilo seguro ante la perspectiva de sangrientos acontecimientos cuando llegase la hora de nuestra liberación por las tropas del Caudillo libertador de España, producidos por otras partes, por la resistencia de los marxistas, o por sus devastaciones y asesinatos cometidos en cobarde huida. Suman muchos centenares de miles de pesetas los socorros enviados entonces – continua -; no por protección oficial del Gobierno republicano sino clandestinamente, para dar pan a los sacerdotes necesitados, de cuyo paradero y necesidad tenía noticia; socorros que la caridad del cardenal hacia llegar en los posibles a sacerdotes de otras diócesis de la provincia eclesiástica; socorros de los cuales una suma importante no fue posible distribuir por haber llegado pocos días antes de la liberación, y por tanto, sujetos al instante a la forzosa desvalorización monetaria”.

Son numerosos los escritos del cardenal, de su puño y letra, dirigidos en aquellos aciagos años, a sacerdotes y seglares, con los cuales instruía, alentaba, consolaba y elevaba el espíritu de todos, escritos que enviaba a sus direcciones clandestinamente, burlando la vigilancia y la censura del Gobierno republicano. En el destierro continuó siendo el pastor y padre de todos sus diocesanos. Sin embargo, muchos fieles de hoy y algunos sacerdotes de la época opinaban que el cardenal debió renunciar al exilio para quedarse aquí, con las ovejas perseguidas y asesinadas para velar por ellas desde su archidiócesis.

RECUERDOS AMARGOS Y EDIFICANTES.- Tras el forzoso y largo paréntesis en la publicación del Boletín Oficial del Arzobispado de Tarragona, en el número correspondiente al 31 de julio de 1944 inicia la narración de los hechos de más relieve de la vida eclesiástica y religiosa de la archidiócesis durante el periodo comprendido entre el 20 de julio de 1936 al 15 de enero de 1939.

Considera que la primera víctima fue el cardenal Vidal y Barraquer en razón de su dignidad, tal vez en prioridad de tiempo y en duración. Hay que recordar que la Iglesia venera como mártires a muchas personas que sufrieron persecuciones por razón de su fe, pero sin efusión de sangre.

Al iniciarse la guerra civil y la persecución religiosa en Cataluña, el cardenal Vidal y Barraquer fue expulsado de su residencia por la autoridad pública que gobernaba en aquellos momentos; es decir, la Generalitat de Cataluña. El deseaba afrontar la situación sin moverse del palacio arzobispal, “porque soy pastor y no debo abandonar a las ovejas, sino compartir con ellas los peligros y sufrimientos”. Así contestó, con apostólica entereza, a los representantes de la autoridad pública. Pero fue sacado del palacio con amenazas, por la fuerza pública y trasladado al monasterio de Santa María de Poblet, lugar elegido por él para no ausentarse de la diócesis. Allá le condujo la policía, y allí quedó instalado con sus más íntimos, sin la menor protección policial ni defensa. Al ser expulsado de palacio ofreció a las autoridades el edificio del Seminario para hospital de sangre.

Denunciado su traslado a Poblet, a poco fue a detenerle una patrulla de la FAI procedente de Barcelona. Detenido juntamente con su secretario particular, el Dr. Viladrich, y casi sin ropa con que vestirse, fue conducido a Vimbodí para fusilarle; pero habiéndose resistido el comité local, fue conducido a Barcelona. Una avería en el coche en que viajaba con sus captores les obligó a permanecer muchas horas en la carretera, no lejos de Montblanc. El cardenal fue trasladado preso a la cárcel de la villa ducal. Esta circunstancia hizo posible que en la Generalitat se enteraran de la situación en que se hallaba. El cónsul de Italia en Barcelona, con su actitud activa, enérgica y amenazadora, mientras vencía la formidable oposición de algunos miembros del Gobierno de la Generalitat, que se oponían a la libertad del cardenal, hizo realizable una reclamación diplomática del Papa, y, como consecuencia, el embarque del purpurado para Italia en un buque de guerra italiano que a la sazón estaba anclado en el puerto de Barcelona. El cardenal Vidal y Barraquer consiguió que embarcase con él el obispo de Tortosa, Dr. Félix Bilbao, salvando así la vida del venerable prelado.

El cardenal permaneció en su puesto para no abandonar a sus diocesanos, hasta que las autoridades del Frente Popular y la Generalitat catalana le expulsaron del país, los milicianos le encarcelaron para matarle y el Papa le oficio asilo en el destierro, por medio del un pasaporte diplomático. Desde su refugio continuó atendiendo a su diócesis. Sacerdotes y seminaristas; religiosas y miembros de Acción Católica fueron objeto constante de sus preocupaciones y desvelos en aquellas duras circunstancias. Supo hallar la manera de comunicarse con su representante en la diócesis y con otras personas, pese a la rigurosa censura a que era sometida la correspondencia. Pudo ir formando un amplísimo fichero de todos los sacerdotes de la diócesis, de quienes le preocupaban en gran manera la vida, la libertad, la conducta edificante, la actividad sacerdotal y los medios de decorosa subsistencia.

Confirma BOAT que “gracias a sus gestiones, gran número de sacerdotes fueron salvados de la muerte y obtuvieron la libertad sin que los interesados tuviesen noticia de ello”. Desde el destierro mantuvo siempre contacto con su diócesis. La proveyó de vicario cuando tuvo conocimiento del asesinato del Dr. José Brú. Con cartas breves hacía llegar su pensamiento y su corazón a los sacerdotes dispersos de cuyo paradero tenía noticia. El cardenal recaudó importantes sumas de dinero en Francia, Italia, Suiza, Gran Bretaña y otros países para ayudar a la manutención de sus sacerdotes y a otros de diócesis de la provincia eclesiástica. Cuando supo que escaseaban los víveres se esforzó para obtener remesas de alimentos. Dos o tres días antes de la liberación de Tarragona por el ejército de Franco, habían llegado a Barcelona varias cajas con alimentos para los sacerdotes, los enfermos y los ancianos. La línea de fuego entre Barcelona y Tarragona impidió que llegaran a su destino.

Una anécdota: Cuando el Gobierno de la República acentuó la nota de tolerancia religiosa – presionado desde el exterior – y gestionaba la reapertura de iglesias y catedrales al culto, por diversos medios hizo llegar al cardenal la impresión de que podía regresar del destierro y establecerse libremente en Tarragona, donde sería tratado con los honores correspondientes a su jerarquía. La contestación del cardenal fue esta: “Yo no debo regresar a mi diócesis mientras haya un solo sacerdote en las cárceles. No pueden hermanarse la libertad del pastor con la prisión de sus sacerdotes”. Fue la primera víctima de la barbarie extremista.

SACERDOTES DIOCESANOS MARTIRIZADOS DURANTE LA PERSECUCION RELIGIOSA

(BOAT núm 15, pag. 209-212, 30 agosto de 1944)

Esta lista ha sido completada con otra idéntica, aparecida en el AHN, Causa General de Tarragona, remitida por el Arzobispado de Tarragona en 1940, bajo el título “Relación de Sacerdotes de la Archidiócesis de de Tarragona asesinados por las hordas marxistas, desde el 18 de julio de 1936 hasta el 14 de enero de 1939”. La mayoría de ellos fueron beatificados en Tarragona el 13 de octubre de 2013. (Para más información el libro del mismo autor 522 MÁRTIRES BEATIFICADOS EN TARRAGONA, en la librería ADSERÀ, de Tarragona).

1.- Magín Albaigés, dignidad de arcipreste, 47 años de edad.

2.- Enrique Claverol, canónigo, 74 años de edad.

3.- Narciso Feliu Costa, canónigo, 57 años de edad.

4.- José Dachs, canónigo, 67 años de edad.

5.- José Brú Ralduá, canónigo, 66 años de edad.

6.- Miguel Villatimó Lloberas, canónigo, 48 años de edad.

7.- Mariano López, beneficiado de la Catedral, 49 años de edad.

8.- Francisco de P. Val, beneficiado de la Catedral, 61 años de edad.

9.- Pedro Farrés, beneficiado de la Catedral, 33 años de edad.

10.- Juan Roca, beneficiado de la Catedral, 30 años de edad.

11.- Juan Monrabá Martorell, benefic. de la Catedral, 37 años de edad

12.- Joaquín Jovani, director del Seminario Pontificio.

13.- Vicente Jovani, superior del Seminario Pontificio.

14.- Juan Dalmau Rius, sacristán de la Catedral, 64 años de edad.

15.- Luis Janer, portero del Coro, 60 años de edad.

16.- Isidro Almenara, benef. organista de Constantí, 69 años de edad

17.- Ramón Artiga, regente de Vilaplana, 54 años de edad.

18.- José Badia Minguella, beneficiado de Sant Pere, de Reus, 71 años edad.

19.- Joaquín Balcells, regente de Vallespinosa, 36 años de edad.

20.- Juan Barberá, capellán monjas Enseñanza, Reus, 49 años edad

21.- Jaime Benaiges, beneficiado de Sant Pere, Reus, 68 años de edad.

22.- Pablo Bertrán, párroco la Selva del Camp, 61 años de edad.

23.- Jocundo Bonet, párroco Sant Joan, Reus, 61 años de edad.

24.- José Brú Boronat, capellán noviciado La Salle, Cambrils, 53 años.

25.- José Cabré, párroco de l’Aleixar, 70 años de edad.

26.- Tomás Capdevila Miguel, regente de Conesa, 33 años de edad.

27.- Francisco Carné Almenara, coadjutor de Vallmoll, 40 años edad.

28.- Francisco Cartanyá, coadjutor Sma. Trinitat, Tarragona, 43 años.

29.- José María Catalá, de Reus, 32 años de edad.

30.- Juan Ceró Cedó, coadjutor Pla de Cabra, 29 años de edad.

31.- José Civit Hortoneda, párroco de la Sang, Reus, 62 años de edad.

32.- Magín Civit Roca, regente de El Morell, 59 años de edad.

33.- Francisco Climent, beneficiado de Sant Pere, de Reus, 69 años de edad.

34.- Juan Clotet, regente de Tamarit (Tgna.), 65 años de edad.

35.- José Colom Alsina, coadjutor de Montblanc, 30 años de edad.

36.- José Comas, Barcelona.

37.- Ramón Comas Segú, regente de La Riba, 44 años de edad.

38.- Francisco Company, profesor Seminario Pontificio, 50 años de edad.

39.- Juan Compte, párroco de Castellvell, 59 años de edad.

40.- Jaime Constantí, coadjutor de Salou, 50 años de edad.

41.- Ramón Dalmau Pena, capellán Pere Mata, Reus,  38 años edad.

42.- Salvador Doménech, Vilanova i la Geltrú.

43.- José Domingo Soler, coadjutor Sant Joan, Tgna., 45 años edad.

44.- Luis Domingo Mariné, coadjutor Pont Armentera, 25 años edad.

45.- Isidro Fábregas Gils, párroco de Cambrils, 68 años de edad.

46.- Jerónimo Fábregas Camí, coadjutor de Vilabella, 26 años edad.

47.- Juan Farriol Sabater, beneficiado Montblanc, 68 años de edad.

48.- Melchor Ferraté Porta, párroco de Lilla, 50 años de edad.

49.- Gabriel Ferraté Nicolau, profe. Seminario Pontificio, 45 años edad.

50.- Jaime Figueras Navarro, párroco de Maldá, 54 años de edad.

51.- Antonio Figuerola Girona, beneficiado de La Selva, 70 años edad.

52.- Gabriel Figuerola, de 57 años de edad.

53.- Pablo Figuerola Rovira.

54.- Antonio Fuster, beneficiado de Sant Joan, Tagna., 52 años de edad.

55.- José Garravó Cisteré, coadjutor Pma. Sang, Reus, 64 años de edad

56.- José Garriga Ferré, párroco de Montbrió del Camp, 60 años de edad.

57.- Juan Gibert, beneficiado de Pla de Cabra, 56 años de edad.

58.- Pablo Gili, familiar el Obispo auxiliar, 24 años de edad.

59.- Enrique Gispert, regente de La Canonja, 57 años de edad.

60.- José Gomis, coadjutor de  Sant Pere, Reus, 41 años de edad.

61.- Carlos Grau, regente de Puigpelat, de 62 años de edad.

62.- Miguel Grau Antolí, ecónomo de Sant Joan, Tarragona, 67 años.

63.- Agapito Gorgues, aún sin destino, 24 años de edad.

64.- Agustín Ibarra, coadjutor de Sant Joan, Tarragona, 25 años edad.

65.- José Jesé Jansá, (Mallorca)

66.- Dalmacio Llabería, plébano de Montblanc, 59 años de edad.

67.- Domingo Lloberas Agrás, regente de Alió, 40 años de edad.

68.- José Mañé March, beneficiado de El Morell, 70 años de edad.

69.- Francisco Mariné, capellán casa Caridad, Reus, 55 años de edad.

70.- José Martí, beneficiado de la Catedral, 68 años de edad.

71.- Ramón Martí Amenós, coadjutor de Falset, 31 años de edad.

72.- Rafael Martí, párroco de Cabra del Camp, 58 años de edad.

73.- Luís Martorell, párroco de La Massó, 53 años de edad.

74.- José Masquef, adscrito a Tarragona, 54 años de edad.

75.- José Masip,  en Barcelona, 55 años de edad.

76.- Francisco Mercadé Rendé, párroco de Barberá, 55 años de edad.

77.- José Mestre Gavaldá, coadjutor de Riudoms, 39 años de edad.

78.- José Mestre Escoda, adscrito a Tarragona, 47 años de edad.

79.- Alejo Miquel, ecónomo de La Riera, 54 años de edad.

80.- Ramón Miralles Bosch, regente de Sant Magi, 33 años de edad.

81.- José Miró Recasens, adscrito a Pobla Cérvoles, 54 años edad.

82.- Miguel Miró Recasens, beneficiado de Maldá, 56 años de edad

83.- José Montserrat Boronat, párroco de Fullera, 57 años de edad.

84.- José Mur, coadjutor de Sant Joan, Tarragona, 48 años de edad.

85.- Antonio Nogués, párroco de Falset, 50 años de edad.

86.- Juan Olivé, en Barcelona.

87.- Alejandro Ossó, adscrito a Sant Pere, de Reus, 62 años de edad.

88.- José Padrell, beneficiado organista de Espulga Calba, 38 años de edad.

89.- Juan Palau Doménech, prof. Seminario Pontificio, 46 años edad.

90.- Ramón Palau, párroco de Vinaixa, 60 años de edad.

91.- José Pallarés Dalmau, adscrito en El Catllar, 54 años de edad.

92.- José Panadés Ferré, capellán Hermanitas Tgna., 64 años edad.

93.- Antonio Parera Constantí, prior Hospital Tgna., 64 años edad.

94.- Antonio Pedró, párroco de Arbeca, 64 años de edad.

95.- Eladio Pérez, capellán Hermanos Cambrils, 55 años de edad.

96.- Javier Plaza, ecónomo Pobla de Cérvoles, 48 años de edad.

97.- Andrés Prats, párroco de Els Pallaresos, 59 año de edad.

98.- Antonio Prenafeta, párroco Sant Francesc, Tgna., 62 años edad.

99.- Luís Puig, párroco de Bráfim, 52 años de edad.

100.- José Pujol Pous, en Barcelona.

101.- Juan Punsoda González, coadjutor de Solivella, 31 años de edad.

102.- Pablo Queralt, beneficiado de Montblanc, 62 años de edad.

103.- Francisco Rabadá Llompart, beneficiado organista Valls, 50 años.

104.- José Rebull Mariné, regente de Nulles, 55 años de edad.

105.- Luis Rius, adscrito a Tarragona 39 años de edad.

106.- Magín Rius, beneficiado de Sant Joan, Valls.

107.- Juan Rofes, regente de Riudecanyes, 50 años de edad.

108.- Pedro Rofes Llauradó, coadjutor de Mont-roig, 26 años de edad.

109.- Josué Roig Pasalaigua, beneficiado organista, Valls, 48 años

110.- José Roselló, beneficiado de Montblanc, 53 años de edad.

111.- Pablo Roselló Porqueras, profe. Seminario Pontif., 41 años de edad.

112.- Juan Rosich, beneficiado de Alcover, 52 años de edad.

113.- Francisco Rovira Garravé, benef. S. Pere, Reus, 67 años edad.

114.- Miguel Rué Gené, coadjutor de El Morell, 25 años de edad.

115.- Francisco Saladrigues, párroco de Espulga Fli., 71 años de edad.

116.- Miguel Saludes, párroco de les Borges del Camp, 69 años edad.

117.- Marcos Salvadó, párroco de Botarell, 56 años de edad.

118.- Francisco Salvat, benef. Sant Pere, Reus, 70 años de edad.

119.- José Sancho Toda, coadjutor de Falset, 28 años de edad.

120.- Jaime Sanromá, regente de Solivella, 57 años de edad.

121.- Estanislao Sans, ecónomo de Clará, 49 años de edad.

122.- Juan Sans Macip, Regente de la Vilella Alta, 41 años de edad.

123.- Luís Sans, párroco de Sarral, 49 años de edad.

124.- José Serra, párroco del Carmen, de Valls, 67 años de edad.

125.- Jaime Tarragó, párroco Pont Armentera, 67 años de edad.

126.- Sebastián Tarragó Carré, párroco de Bellmunt, 56 años edad.

127.- Juan Tomás, regente de Vilosell, 34 años de edad.

128.- Isidro Torres, párroco de Alcover, 62 años de edad.

129.- Juan Torres Santacana, adscrito a Tarragona, 62 años de edad.

130.- Jaime Trillas, adscrito a Tarragona, 52 años de edad.

131.- José Valldeperas, beneficiado de Alcover, 69 años de edad.

132.- José Vallhonrat, adscrito en Reus, 62 años de edad.

133.- Pedro Vallvé, adscrito en Valls, 62 años de edad.

134.- Juan Vernet Macip, regente de Querol, 36 años de edad.

135.- Francisco Vidal, coadjutor Sant Francesc, Tgna., 70 años.

136.- José Vilá, párroco de Blancafort, 58 años de edad.

137.- José Vilarrubí, párroco de Pontils, 48 años de edad.

138.- Joaquín Virgili, adscrito en Tarragona, 59 años de edad.

139.- Pablo Virgili, párroco de Pla de Cabra, 67 años de edad.

140.- Francisco Vives Antich, párroco de Creixell, 60 años de edad.

141.- Luís Vives, beneficiado de Alforja, 68 años de edad.

Estas son las víctimas sacerdotales de la archidiócesis de Tarragona que juntamente con el obispo auxiliar Manuel Borrás fueron martirizados, perdonaron a sus asesinos y dieron su vida por la Fe.

Pero quedaría incompleta esta relación si no añadiéramos una segunda lista con buen número de sacerdotes que fallecieron de muerte natural durante aquel luctuoso periodo o poco después. Su muerte, aunque no fue violenta, estuvo originada en su mayor parte por los sufrimientos morales que soportaron a causa de la persecución religiosa, la quema y de destrucción de imágenes sagradas y templos. Son los siguientes:

SACERDOTES PERSEGUIDOS, FALLECIDOS DE MUERTE NATURAL

(BOAT, núm. 15, pag. 213, 30 de agosto de 1944)

Francisco J. Vázquez, canónigo; Pedro Guillamet, canónigo; José R. Sanz, canónigo; Lorenzo Virgili, doctoral; Juan Cartañá, beneficiado; Vicente Cucala, beneficiado; Joaquín Aubanell. presbítero; Senén Aguadé, párroco; José Bassedas, beneficiado de Borgues del Camp; Hermenegildo Ciurana, presbítero; Pedro Domingo, presbítero; Sebastián Giralt, presbítero; José Grau Serra, párroco; Francisco Guardia, presbítero; Francisco Jové, presbítero; Francisco Magarolas, presbítero; José Pau, presbítero; Salvador Roca, presbítero; Ignacio Romaní, presbítero; Juan Soldevila, presbítero; José Solé, presbítero; Francisco Vidiella, presbítero; Ramón Bargadá Piñol, presbítero; José Belltall, presbítero; Antonio Arqués, presbítero; Francisco Montserrat, presbítero.

La mayor parte de estos sacerdotes fueron perseguidos, y no pocos sufrieron los horrores de una larga prisión. Son los mártires sin efusión de sangre. No faltaron quienes, sin ser encarcelados padecieron lo suyo, pasando largos meses perdidos en el bosque, en cuevas, cisternas y en los lugares más inhóspitos. Algunos, con admirable celo apostólico, supieron compaginar su vida errante con sus actividades por el bien de las almas. Esta lista seguramente será incompleta, pues en ella deberían incluirse, también, quienes sobrevivieron a la tragedia después de sufrir numerosas penalidades, y que llevan también en su cuerpo y en su espíritu las señales del martirio con el recuerdo de aquellos funestos días.

Un reportaje del periodista Francesc Basco Gracià, basado en los datos que obran en el Archivo Histórico Nacional, Archivo del Arzobispado de Tarragona y en el Boletín Oficial de la Archidiócesis tarraconense.

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LA GENERALITAT ORDENÓ LA EXPOLIACIÓN DE LOS BANCOS

LA GENERALITAT ORDENÓ LA EXPOLIACIÓN DE LOS BANCOS

La desmemoria histórica

RECUPERACIÓN DEL TESORO ARTISTICO DE TARRAGONA

* LA GENERALITAT ORDENÓ LA EXPOLIACIÓN DE LOS BANCOS.

 Declaración del canónigo mosén Juan Serra Vilaró, que obra en la pieza separa núm. 11. correspondiente al Tesoro Artístico, canónigo archivero de la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona y encargado de la recuperación del tesoro artístico de la misma:

Todo el tesoro artístico fácilmente transportable fue sustraído para transportarlo al extranjero, la mayor parte del cual pudo ser controlado por el Ejército de liberación en la frontera francesa, aunque una parte del mismo llegó hasta Ginebra. Entre los objetos sustraídos figuran los que a continuación Serra Vilaró reseña, cuyo enorme valor confiesa que no es capaz de calcular.

Nueve retablos barrocos y del Renacimiento: destruidos.

Ocho retablos góticos, tres de la Catedral y el resto del tesoro artístico de la misma: recuperados.

Quince tablas, procedentes de retablos góticos: recuperadas.

Un templete de filigrana de plata, con piedras preciosas de grandes dimensiones, que cobijaba la custodia: fundido.

Un ostensorio de plata, con abundantes piedras preciosas: recuperado.

Un viril de oro macizo, de un kilo de peso: desaparecido.

Siete relicarios góticos de plata y oro, algunos con esmaltes: recuperados.

Dos vera-cruces, una de plata dorada con camafeos romanos y piedras preciosas; la otra de oro con perlas y esmaltes: recuperados.

Tres cruces románicas, dos de ellas con esmaltes: recuperadas.

Ocho cruces góticas procesionales de plata: recuperadas.

Un paño mortuorio de los duques de Segorbe y Cardona: recuperado.

Cincuenta y dos tapices, en los que hay varias historias representadas: recuperados.

Varias casullas góticas y telas preciosas: recuperadas.

Y todos los cálices y demás joyas de plata del tesoro de la Catedral. Serra Vilaró no lo puede reseñar debido al gran número de piezas, que están dispersas en las distintas sacristías del templo metropolitano.

Afirma el canónigo que lo que se conservó de la Catedral se debe a que las autoridades de la época, – la Generalitat de Lluís Companys -, proyectaban convertirla en museo medieval. Todo esto fue recuperado por los nacionales en Darnius, antes de atravesar frontera francesa, y en el Centro de Recuperación de Barcelona. Trece de los tapices y el paño mortuorio se recuperaron en Zaragoza, donde fueron trasladados desde la frontera francesa por el Servicio de Recuperación Nacional, para exponerlos en la capital aragonesa. Firman el documento Alejandro Sanvicente, fiscal instructor de la C.G.; Serra Vilaró, canónigo Archivero de la Catedral;  y Pedro Solano, secretario letrado de la C.G.

EXPOLIACIÓN DE LA BANCA.- En el mismo documento, Pedro Solano certifica que, de los datos obrantes en la pieza separada de Banca, obran los siguientes datos referentes a la expoliación de valores, alhajas, oro y objetos preciosos:

Valor de las alhajas sustraídas: 320.150 pesetas de la época.

Alhajas incautadas no valoradas: Setenta y siete (77) sortijas; sesenta y ocho (68) pendientes; sesenta y ocho (68) alfileres de pecho y corbata; siete (7) pares de gemelos; once (11) pendantif; dos (2) collares; cuarenta y una (41) pulseras; veintidós (22) cadenas; dieciséis (16) rosarios; trece (13) cruces; quince (15) medallas; un portamonedas; un colgante de cadena de reloj; una cubierta de tarjetero; un lápiz de oro; un cáliz; una patena; varias joyas de la Iglesia; un tersillo y un reloj de oro. “Todas estas joyas eran de oro, engarzadas piedras preciosas”.

Pesetas oro sustraídas del Banco de España (sucursal de Tarragona), Banca privada y particulares: 1.624.607’68 pesetas; 425 dólares; 140 francos; 2 libras esterlinas y 5 dracmas.

En los distintos oficios que obran en la pieza separada de Banca, los directores de las distintas entidades declaran que “las autoridades que ordenaron las expoliaciones en los distintos Bancos eran la Generalitat de Catalunya, los Comités revolucionarios antifascistas y los Ayuntamientos rojos”. No consta la fecha exacta en que se llevaron a cabo dichas expoliaciones.

DEPÓSITOS DEL TESORO ARTÍSTICO.- En la pieza separada núm. 11, (folio 18) correspondiente al Tesoro Artístico obra también la declaración de Samuel Ventura Solsona, en la que dice:

“Que en los primeros días del mes de febrero de 1939, por orden de la superioridad, se hizo cargo de todos los servicios del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos de esta ciudad (Tarragona) y de la delegación del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, dedicándose a la tarea de devolver a entidades y particulares de toda clase, los objetos artísticos, bibliográficos y arqueológicos de los que habían sido desposeídos durante la revolución”.

“Que esto hubo que hacerlo con los objetos que integraban el enorme depósito que encontró establecido en el palacio arzobispal y con los que se habían diseminado por otros depósitos de Cataluña, como el Museo de Arqueología de Barcelona, el Palacio Nacional, el Palacio de Pedralbes; en Figueras, Gerona capital y, sobre todo, en una casa de campo de Bescanó, a pocos kilómetros de la carretera de la capital, donde se encontró un caudal enorme de objetos, procedentes de las colecciones históricas de los establecimientos oficiales y de varios particulares”.

“Que, especialmente, hubo de orientar su actividad en la recuperación de los fondos del Museo Arqueológico Provincial y del Museo Paleocristiano, centros de su natural más obligada atención, por ser los destinos que sirve, aún en la actualidad. De estos Museos se halla ultimada en el día la revisión de sus colecciones, labor que se ha ido informando cumplidamente por la vía administrativa a las autoridades ministeriales, y se puede establecer que han aparecido casi todos los objetos que las componían, incluso la célebre muñeca de marfil, que por el valor intrínseco y de afección que se le atribuía, se guardaba antes de la guerra en el Banco de España, y fue arrebatada de su segura estancia y trasladada al extranjero, y aparecida con los fondos que el Gobierno español logró recuperar. Apareció despedazada, sin que en el taller de reparaciones del Museo Arqueológico Nacional, donde en la actualidad de conserva provisionalmente, se haya podido recuperar la integridad que tenía antes del expolio sufrido en 1936”.

“Que del Museo Arqueológico Provincial sólo se puede dar como desaparecido, entre alguna pieza de poca importancia, una sortija de oro con inscripción, de la época visigoda, número 3.231 del catálogo. Del Museo Paleocristiano desaparecieron todas las monedas que en mueble se encontraban, en la sala central del establecimiento, que procedían de la Necrópolis, mueble que el declarante encontró fracturado y totalmente vacío al hacerse cargo del servicio, a los pocos días de la liberación de Tarragona”.

Firman el documento el cinco de junio de 1945, Alejandro Sanvicente fiscal instructor; Samuel Ventura, del Cuerpo Facultativo de Archiveros, responsable de los museos oficiales de Tarragona, y Pedro Solano, secretario letrado.

Francesc Basco Gracià. Periodista. (AHN, CGT, pieza separada de Patrimonio Artístico y Banca).

GANDESA: 43 ASESINATOS DURANTE EL DOMINIO DEL FRENTE POPULAR

GANDESA: 43 ASESINATOS DURANTE EL DOMINIO DEL FRENTE POPULAR

GANDESA: 43 ASESINATOS DURANTE

EL DOMINIO DEL FRENTE POPULAR

29 FUERON FUSILADOS EN EL CEMENTERIO,

SIENDO ALCALDE VICENTE SORO.

 El 16 de junio de 2016, Diari de Tarragona informaba que ERC rendiría un homenaje al que fuera alcalde de Gandesa, Vicente Soro Bauló, el sábado 18, fusilado el 24 de enero de 1941, y considerado víctima del franquismo. Se olvidaron de invitar a los familiares de los cuarenta y tres (43) vecinos asesinados durante el dominio del Frente Popular en la ciudad, – uno de los cuales era familiar del que suscribe, José María Terrats Basco -,  veintinueve (29) de los cuales fueron fusilados en el cementerio la noche del  12 al 13 de septiembre del 1936, cuando este buen señor era alcalde de la ciudad y responsable del orden público. El primer Ayuntamiento revolucionario de Gandesa estuvo constituido por Vicente Soro Bauló, alcalde; Lorenzo Salvador Tomás, 1er. teniente de alcalde; Miguel Vidal Pradell, 2º. teniente de alcalde; y como concejales: José Lloris Celma, Juan Doménech Martínez y Tomás Alcoverro. Este Ayuntamiento funcionó hasta el día siguiente de los 29 asesinatos del 13  de septiembre de 1936, perpetrados en el cementerio. El Comité revolucionario local fue quien acordó estos fusilamientos, según un informe judicial de 15 de mayo de 1938.

He aquí el relato de la masacre descrita por el sepulturero, Rafael Llorens Navarro, natural de Alcoy (Alicante) y vecino de Gandesa, ante el juez. Manifiesta que la noche del 12 al 13 de septiembre de 1936, fueron a su casa cuatro individuos del pueblo de los que sólo se acuerda de Joaquín Canalda Guimerá “porque era una noche muy oscura”. Le pidieron las llaves del cementerio en nombre de las autoridades locales, y le ordenaron que les acompañara. Así lo hizo. Una vez en el cementerio vio a varios forasteros pertenecientes a la llamada “Columna de la Muerte”, apodados también “Los chicos de Fresquet”. También había algunos vecinos de Gandesa, entre los que recuerda a José María Bonfill (a) “Roset de Fredes”, que era el que estaba al frente de los del pueblo; Joaquín Calanda Guimerá (a) “El Calanda”; Antonio Blasco Mañé (a) “Llifonso”; Joaquín Guimerá Sancho (a) “El Aspo”; Joaquín Selma Serres (a) “Calgort”; Tomás Alcoverro Batista (a) “Margall”; Benito Cabús Antolí; Clemente Bauló Fontanet; Antonio Sabater Martí; Antonio Rius Lloris; Juan Cres Cubells, Bautista Puey Barberá, José Vandellós Mañá y Paulino Fontova. No había ninguna mujer.

Al poco tiempo de haber llegado al cementerio llevaron a ocho personas de derechas que fueron fusiladas por los de Fresquet, los cuales advirtieron a los revolucionarios del pueblo allí presentes que se escondieran para que no los vieran los que iban a ser fusilados. Después de ejecutados estos ocho, se marcharon asustados al pueblo algunos vecinos allí presentes. Poco después bajaron a otros ocho, que fueron también fusilados. Más tarde mataron a siete personas más, y por último, a seis. (Si sumamos 8+8+7+6 = 29 personas inmoladas la misma noche en el cementerio). Las víctimas fueron obligadas a cavar su propia fosa.  Los que quedaron del pueblo viendo el “espectáculo” ayudaron al sepulturero a enterrar a los muertos. ¿Dónde estaba el alcalde, responsable del orden público de la localidad, para evitar esta masacre? Posiblemente confeccionando las listas o sacas de las víctimas, en el Ayuntamiento. A los “chicos de Fresquet” alguien les indicó, con autoridad para hacerlo, a qué vecinos debían arrestar para apresarlos y fusilarlos en el cementerio.

He aquí la relación de los cuarenta y tres (43) vecinos asesinados en la ciudad durante el dominio del Frente Popular, del que el señor Soro Bauló fue líder destacado. Estos son sus nombres: Mosén Tomás Soldrá Vaquer, asesinado entre Gandesa y Corebera; mosén Domingo Mauri Valldeperez, asesinado en Tortosa por vecinos de Gandesa; Juan Figueras Doménech, procurador, de 69 años de edad; Lorenzo Ferrer Fuster, procurador, de 69 años de edad; Miguel Mañá Saún, propietario, de 43 años de edad; Jaime Alcoverro Font, propietario, de 52 años de edad; Rafael Figueras Doménech, propietario, de 54 años de edad; Santiago Soro Meix, propietario, de 45 años de edad; Zacarías Pujol Bonfill, panadero, de 40 años de edad; Manuel Boira Bosquet, propietario, de 58 años de edad; Luis Garreta Zanuy, médico, de 41 años de edad; Miguel Salvadó Laporta, comerciante, de 61 años de edad; José Lliberia Viña, propietario, de 33 años de edad; Fermín Rams Vallespí, propietario, de 55 años de edad; José Rius Martínez, propietario, de 61 años de edad; Lorenzo Amades Vilella, labrador, de 36 años de edad; Sebastián Cabestany Font, escribiente notaría, de 29 años de edad; José Joaquín Alcoverro Serrano, propietario, de 61 años de edad; Ramón Alcoverro Mañá, labrador, de 26 años de edad; Tomás Alcoverro Mañá, propietario, de 57 años de edad; Bautista Alcoverro Fernández, labrador, de 25 años de edad; Tomás Ferré Cabús, propietario, de 48 años de edad; Enrique Meix Meix, propietario, de 57 años de edad; Carlos Perdiguer, relojero; José Fontanet Pallás, comerciante, de 30 años de edad; Francisco Juancomartí Vidal, labrador, de 58 años de edad; Antonio Vidal Moncortés, labrador, de 53 años de edad; José Maria Terrats Basco, comerciante, de 51 años de edad; Luis Valls Serres, propietario, de 59 años de edad; Tomás Folqué Ceuma, empleado municipal, de 55 años de edad; José Esquirol Lliberia, labrador, de 56 años de edad; Lorenzo Solé Pradells, labrador, de 53 años de edad; José María Jornet Altés, labrador, de 41 años de edad; Andrés Pedrola Saún, empleado municipal, de 46  años de edad; Enrique Estopiñá Bauló, comerciante, de 47 años de edad; Rafael Aubá Meseguer, propietario, de 53 años de edad; Pedro Vázquez Marín, responsable de la cárcel, de 62 años de edad; José Biosques Arce, estudiante, de 26 años de edad; Rafael Figueras de Ossó, comerciante, de 40 años de edad; Domingo Figueras Doménech, propietario, de 59 años de edad; Francisco Jornet Riera, comerciante; Tomás Alcoverro Aubá, propietario, de 29 años de edad;  y Ángel Ferrés Franch, labrador, de 57 años de edad.

Unido al sumario hay un plano, levantado en unión del sepulturero, en el que constan cuarenta y cuatro enterrados (44). De ellos, no todos eran vecinos de Gandesa, porque algunos fueron fusilados fuera de la población. Sin embargo, fueron enterrados en el citado cementerio víctimas de otros municipios, que habían sido fusilados en el término municipal de la ciudad. También hay siete listas que relacionan los miembros del primer Comité revolucionario; el primer Ayuntamiento, a partir del 18 de julio de 1936; el segundo Ayuntamiento; directivos de la Colectividad; concejales de los distintos consistorios; último Ayuntamiento del Frente Popular y una relación de milicianos al servicio del Comité revolucionario local.

Entre los desmanes provocados durante este periodo cabe destacar el asesinato de los sacerdotes y las personas indicadas, el saqueo e incendio de los templos del municipio; destrucción de la cruz cubierta y el cimborio de la iglesia. Respecto a la propiedad privada, se procedió a la colectivización de la industria, el comercio y la agricultura locales. Robaron las cajas fuertes de los Bancos establecidos en la población. Las fuerzas nacionales entraron en la ciudad el 2 de abril de 1938.

Francesc Basco Gracià.

Periodista. (AHN, CGT, Gandesa, 1445, exp. 6)

Fuera los santos de los municipios

Fuera los santos de los municipios

SEGURETAT INTERIOR

SUPRESSIÓ DEL NOM DE SANTS ALS MUNICIPIS

(DOGC núm. 1, de divendres, 1 de gener de 1937).

El 29 de desembre de 1936, Josep Tarradellas, conseller primer de la Generalitat, signa un decret de canvi del nom tradicional dels municipis que es relacionen, a proposta dels consistoris respectius, amb el vist-i-plau de A. Aguadé Miró, Conseller de Seguretat Interior. Aquests són el canvis fets:

Molins de Rei, per Molins de Llobregat / San Esteve de Palautordera per Vallflorida / Sant Pere de Ribes per Ribes del Penedès / Santa Coloma de Cervelló per Pinedes del Llobregat / Toses per Toses de la Muntanya / Sant Pau de Segúries per Segúries de Ter / Sant Feliu de Llobregat per Roses de Llobregat / Sant Vicenç de Mont-alt per Llavaneres de Mont-alt / Santa Coloma de Gramanet per Gramanet de Besós / Sant Joan de les Abadesses per Puig-alt de Ter / Sant Vicenç dels Horts per Horts de Llobregat / Sant Vicenç de Castellet per Castellet de Llobregat / Sant Celoni per Baix Montseny / Sant Martí de Segueioles per Sesgueioles / Sant Climent de Llobregat per el Cirerer de Llobregat / Sant Martí de Maldá per Plana de Riucorb / San Pere de Torelló per Bellserrat / Sant Quinti de Mediona per Aigüesbones / Sant Vicenç de Torelló per Lloriana de Ter / Sant Feliu de Codines per Codines del Vallés / Sant Quirze de Besora per Bisaura de Ter / Sant Cugat del Vallés per Pins del Vallés / la Pobla de Granadella per Bellaguarda / Monistrol de Calders per Monistrol de Bagues / Santa Coloma de Farners per Farners de la Selva / Sant Joan de Palamós per Vilarromà / Sant Hilari de Sacalm per Fonts de Sacalm / Sant Joan Despí per el Pi de Llobregat / Sant Jaume del Domenys per Domenys del Penedés / Sant Martí Sarroca per Castellsarroca / Premiá de Dalt per Premià / Sant Martí de Tours per Tours d’Anoia / Santa Coloma de Queralt per Segarra del Gaià / Santa Perpétua de Moguda per Perpètua de Moguda i la parròquia de Ripoll per Fontfreda de Ter.

MÉS CANVIS DE NOM

(DOGC núm, 7; del dijous 7 de gener de 1937)

A proposta del Conseller de Seguretat Interior i d’acord amb el Consell, es aprovat el canvi de nom dels pobles de Sant Andreu de la Barca pel d’Aigüestoscs de Llobregat / Sant Salvador de Bianya pel d’Hostalets de Capsacosta / Sant Pere Pescador pel d’Empori / Sant Adrià de Besós, pel de Pla del Besós / Figols d’Arganyà, pel de Fígols de Segre / Sant Julià de Ramis, pel de Costa-roja del Terri / Sant Jaume de Frontanyà, pel de Frontanyà de Roca / Sant Llorenç Savall, pel de Ripoll del Vallés / Santa Cecilia de Voltregà, pel de Cecilia de Voltregà / Santa Fe del Penedés, pel de la Torre del Penedés / Sant Mateu de Bages, pel de Bages d’en Selves / Pedret i Marçà, pel de Marçà / Sant Daniel, pel de la Vall de Gallegans / Sant Fost de Campoentelles, pel d’Alba del Valls / Sant Pere Sallavinera, pel de Sallavinera d’Anoia / Sant Fruitós de Bages, pel de Riudor de Bages / i Santa Susagna, pel de Montagut de Mar. Barcelona, 2 de gener de 1937. El Conseller Primer, Josep Tarradellas. El Conseller de Seguretat Interior, A. Aguadé i Miró.