LA CONVERSIÓN DE AZAÑA

 Manuel Azaña, Jefe de Gobierno y presidente durante la Segunda República, fue un exponente del anticlericalismo. No actuó con diligencia a la hora de evitar la quema masiva de iglesias y conventos en 1931. Es el autor de la famosa frase: “ni todos los conventos de Madrid valen la vida de un republicano”; o la de “España ha dejado de ser católica”, pronunciada en las Cortes. El espíritu de la Constitución de 1931, aprobada cuando él era jefe del Gobierno, estaba en esta línea. El texto regulaba de manera restrictiva el estatuto jurídico de las confesiones religiosas así como la libertad de conciencia. Su desarrollo legislativo tuvo una serie de graves consecuencias, como la disolución de la Compañía de Jesús en 1931 o la ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de 1933. El Cardenal Vidal y Barraquer dirigió, en su día, las siguientes palabras al presidente Azaña: “Aunque sea V.E. un perseguidor de la Iglesia, cumpliendo el precepto de Cristo le encomiendo a Dios todos los días, a fin de que un día se acuerde de que tiene V.E. un alma para salvar”.

El sacerdote Gabriel M. Verd, en el libro “La Conversión de Azaña”, describe los últimos momentos del político en su exilio francés. Pudo haber muerto arrepentido de su actuación, pidiendo perdón, piedad y misericordia a aquel Dios que tanto combatió en vida. Según relató el obispo francés de Montauban, monseñor Pierre-Marie Théas, que se acercó a él en los últimos días de su vida, años después del fallecimiento del dirigente del Frente Popular, hizo públicos los últimos momentos de Azaña, que él vivió de cerca.

“JESÚS, PIEDAD Y MISERICORDIA”.- El 18 de octubre de 1940 se produjo el primer encuentro entre el prelado y el presidente, gravemente enfermo, a petición del dirigente español. “Vuelva a visitarme todos los días”, dijo Azaña al prelado tras la primera cita. El obispo le visitó a diario; así lo relata: “Hablamos de la Revolución, de los asesinatos, de los incendios de iglesias y conventos… El me hablaba de la impotencia de un gobernante para contener a las multitudes desenfrenadas”. En estos escritos, rescatados por Gabriel M. Verd, el obispo añade que “deseando conocer los sentimientos íntimos del enfermo, le presenté un día el Crucifijo. Sus grandes ojos abiertos, enseguida humedecidos por las lágrimas, se fijaron largo rato en Cristo crucificado”. Tras esto, Manuel Azaña “lo cogió de mis manos, lo acercó a sus labios, besándolo amorosamente por tres veces, exclamando cada vez: ¡Jesús, piedad y misericordia!”. Siguiendo con el relato de los hechos, el obispo francés le preguntó: “¿Desea usted el perdón de los pecados?”, y contestó que sí. “Recibió con plena lucidez el sacramento de la Penitencia, que yo mismo le administré”, declaró monseñor Théas.

Sin embargo, cuando el obispo habló con los que rodeaban al enfermo para administrarle la comunión en forma de Viático (Sacramento que se administra a los enfermos moribundos), le fue denegado con estas palabras: “¡Esto le impresionaría!” La insistencia del prelado no dio resultado. Pero el presidente Azaña recibió la Extremaunción y murió el 3 de noviembre de 1940, en presencia del obispo francés.

Este acercamiento al catolicismo también fue confirmado por su viuda, que destacó la importancia que en estos hechos narrados tuvo una monja, que actuó como enlace para que pudiera conocer al obispo. Además contó que el día de la muerte del político, “ya por la noche, viéndole morir, por encago mío salieron en búsqueda de la monja, y ésta, cumpliendo mis deseos igualmente, vino acompañada del obispo. Minutos después, nuestro enfermo expiraba”.

REFLEXIONES DE CID MULET.- Joan Cid Mulet, delegat de Cultura de la Generalitat a Tortosa, descriu des de l’exili mexicà, en el seu llibre “La Guerra Civil i la revolució a Tortosa”, els últims díes de la guerra: “Ni un sol soldat republicà va quedar-se a defensar Barcelona. Ni un sol ministre va oblidar-se de fugir. Cap conseller de la Generalitat va emular Rafel de Casanova. Entre Olot, Girona i Figueres, l’aiguabarreig oficial augmentava la confusió de la dantesca caravana que per tots els camins que van a França es llençava a un èxode que no tindria parió en la història dels pobles” […]  “Ningú va sospitar mai el calvari que tot just començava. La República entrava en agonía. La lluita fratricida tocava a la seva fi. La revolució, que havia ensangonat les ciutats i els villarges, quedaria només amb tota la rastellera de crims i de disbauxes. Els pobles que havien patit el malson de por de tres anys, rebien Franco com a alliberador. Pero…, una nova repressió comançaria i les presons s’ompliren. Als orfes i a les vidues que amagaven el plor en la soletat i en l’odi, s’hi afegirien noves vidues i nous orfes. […] “Uns ídols subtituirien uns altres ídols. Les multituds sense consciència política, renegarien d’uns i beneirien uns els altres. Espanya, peró, endolada, sagnant, martiritzada, no oblidarà mai els horrors que  ha patit durant uns mesos de follia, per la incomprensió entre germans que l’abocaren a una bàrbara carnicería.”

Francesc Basco Gracià. Periodista. Tarragona, 18 de mayo de 2016.

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