EL ASESINATO DEL BEATO

TOMÀS CAPDEVILA MIQUEL

LE SACARON LOS OJOS, LE AMPUTARON LA LENGUA

Y LOS GENITALES, ANTES DE ASESINARLO

 Natural de Forés. Bautizado, el 25 de enero de 1903. Ordenado, el 22 de septiembre de 1928. Ejerció su ministerio sacerdotal como vicario en Altafulla y en la Santíssima Trinitat de Tarragona, Riudecanyes, Sarral, Montbrió del Camp regente de Conesa. Martirizado el día 6 de septiembre de 1936, en Solivella. Tenía 33 años de edad y llevaba 8 de vida religiosa. Beatificado en Tarragona el 13 de octubre de 2013.

Sacerdote. Nació el 22 de enero de 1903 en Forés (provincia y arzobispado de Tarragona); bautizado el 25 del mismo mes en la iglesia de San Miguel Arcángel, de la misma población; hijo legítimo de los consortes Tomás Capdevila Batet, de Blancafort, y Dolores Miquel Tarragó, natural y vecina de Forés. Fueron sus abuerlos paternos Miguel y Rosa, y los maternos, Juan y María, de esta población. Actuaron como padrinos Isidro Capdevila Batet, de Blancafort, y Antonia Miquel Taragó, de ésta, a quienes el oficiante, mosén Pablo Figuerola, advirtió el parentesco espiritual que contraían y la obligación de enseñar la doctrina cristiana al bautizado, al que se le impusieron los nombres de Tomás, Ramón, Pablo. Los certifica el doctor Blas Quintana, secretario de Estudios del Seminario de Tarragona, el 22 de agosto de 1952.

El pequeño Tomás, a los siete años, presidía el rosario en la iglesia parroquial. Fue ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1928, según consta en la página 11 del Libro III de Ordenaciones Sacerdotales de la Archidiócesis. El 30 de septiembre cantó la primera misa en su parroquia de Forés. Fue destinado como vicario en Altafulla y se doctoró en la Universidad Pontificia de Tarragona.

Ejerció su ministerio sacerdotal como vicario a las parroquias de Altafulla y en la Santísima Trinidad de Tarragona, Riudecanyes, Sarral, Montbrió del Camp y Conesa. En Sarral no permitió que tocaran las campanas el Viernes Santo de 1934. En Conesa manifestó un gran celo apostólico, en especial durante el mes de mayo y en la enseñanza del catecismo a los niños. Introdujo la comunión semanal. Tenía una gran capacidad de trabajo. Era amado por sus feligreses. En Conesa hizo construir un rico comulgatorio de alabastro; restauró las estatuas de la fachada de la iglesia. Era aficionado a la arqueología y a la archivística.

SU ÚLTIMA MISA.- Celebró la última misa el 21 de julio de 1936. Alrededor de las 22:00 horas abandonó la parroquia que regentaba para ponerse a salvo de la persecución religiosa. Se trasladó a pie a su pueblo natal, Forés, acompañado de sus padres. Permaneció pocos días en casa; junto a su padre se refugió en un bosque situado al norte de Forés, en la partida llamada Sabellá, hasta el 5 de septiembre, día en que regresó a la casa paterna, forzado por una urticaria con fiebre.

PERSEGUIDO Y HUMILLADO.- A las cinco de la tarde del día siguiente, 6 de septiembre de 1936, un grupo armado del comité revolucionario local se personó en la casa, situada en los alrededores del pueblo. El sacerdote huyó por una puerta trasera y se internó entre los matorrales de un bosque contiguo. Pero fue divisado y denunciado por un grupo de milicianos que vigilaba los alrededores. Más de treinta personas, todos hijos del pueblo, se lanzaron a la caza y captura del sacerdote con las armas en las manos, y cercaron el barranco. El sacerdote, viéndose preso se sentó encima de una piedra esperando a sus verdugos. “Manos arriba; pasa delante”, le dijeron al encontrarle. Obedeció sin rechistar y se dispuso a caminar con los brazos en alto.

A media cuesta pidió descansar; se lo permitieron, pero con las manos en alto. Y les dijo: “Levantádmelas, que no puedo”. Entonces le obligaron a proseguir y empezaron a pegarle, a escupirle y a mofarse de él. Llegados a la cumbre, se congregó en ella la mayoría del pueblo, que no movió un dedo por defenderlo. Lo condujeron al Ayuntamiento, a cuya entrada le esperaba su madre. Cuando llegó se abrazaron; y le dijo: “No llore mi muerte; no se vengue ni haga atentado alguno”. Luego, abrazando a su sobrino, le dijo: “Adiós; sé muy bueno”. La escena arrancó lágrimas en muchos de los presentes. Bruscamente, y con palabras soeces, fue arrancado de los brazos de su madre; a empujones fue conducido en presencia del Comité. Le preguntaron si quería beber vino; contestó que no. “¡Bien lo bebías en misa!”, le espetó uno, y le echaron el vino al rostro.

UN PUEBLO REVUELTO Y TEMEROSO.- El pueblo estaba revuelto y temeroso. El Comité local de Forés llamó a los de Conesa y Sarral. Para condenarlo constituyeron un tribunal que le acusó, entre otras cosas, de no dejar tocar las campanas de la iglesia parroquial de Sarral el Viernes Santo de 1934, y de escribir en diarios católicos. El sacerdote, contestó: “Primero hemos de obedecer las leyes de la Iglesia”. A continuación le abofetearon y le escupieron. El Comité de Forés, al entregarlo a los de Sarral y Conesa, dijeron: “Haced de él lo que queráis”. Entonces lo introdujeron en un coche y se dirigieron hacia Solivella. Durante el trayecto, por espacio de hora y media, empezó el cruento martirio del sacerdote. Le amputaron la lengua y los miembros genitales, le sacaron los ojos y le fracturaron la clavícula izquierda. La víctima iba desangrándose poco a poco.

EN SOLIVELLA.– Llegó Solivella tan exhausto que permaneció desmayado y sin conocimiento en la plaza mayor, durante media hora. La macabra comitiva se puso de nuevo en marcha y se dirigió al cementerio de la localidad. Como el camino era de herradura, lo bajaron del coche, fue arrastrado hasta el cementerio y lo precipitaron por un terraplén. El reloj de la iglesia parroquial tocaba, en aquel momento, las once de la noche del día 6 de septiembre de 1936. Los milicianos, siguiendo el pausado compás de las campanas, le descerrajaron once tiros a boca de jarro. Allí permaneció el cadáver, – que “presentaba toda suerte de cortaduras, – según declaró su madre al fiscal-, hasta el día siguiente en que se le dio sepultura, cubriéndole el cuerpo con unas lechadas de cal.

SOLEMNES FUNERALES.- Sus restos, exhumados del cementerio de Solivella el día 2 de septiembre de 1939, fueron trasladados a Conesa, recibiendo cristiana sepultura  al día siguiente. El sacerdote era muy querido en su pueblo natal, por lo que, una vez liberada la población por las tropas nacionales, lo primero que se hizo fue el traslado de sus restos mortales, de una manera espontánea y solemne. Los vecinos se arrodillaban al paso del féretro. Gentes de los pueblos cercanos se sumaron a los solemnes funerales.

El dueño del coche, requisado por los milicianos para trasladar a la víctima de Forés a Solivella, declaró que antes de ser puesto nuevamente en circulación, hubo necesidad de lavarlo intensamente y cambiar algunos forros de la parte trasera, puesto que las intensas manchas de sangre habían empapado la lona y eran difíciles de borrar.

 DECLARACIÓN DE SU MADRE, DOLORES.- Dolores Miquel Tarragó, viuda, natural y vecina de Forés (Tarragona), domiciliada en la calle Arrabal, 9, el 16 de noviembre de 1944, declaró ante el juez municipal de Forés que su hijo, el sacerdote Tomás Capdevila Miquel, de 33 años de edad, con domicilio en Conesa, fue detenido por Pedro Boldó Castellá y Manuel Malo Vives, en Forés, el 6 de septiembre de 1936, siendo conducido al Ayuntamiento de la villa, avisando el alcalde, Ramón Pons Miquel, a los comités revolucionarios de Sarreal y Conesa, que, juntamente con varios vecinos de Forés, se lo llevaron al término municipal de Solivella, donde lo asesinaron. Considera personas sospechosas de haber participado en el crimen a Miguel Malo Vives y José Tarragó Roselló, ambos en la cárcel, junto con varias personas de Sarral. Se defunción fue inscrita en el Registro Civil de Conesa (F. 1330) (AHN, CGT, fol. 1.333).

DECLARACIÓN DE JOSÉ FERRÉ FLORIT.- El párroco era natural de Forés, de 33 años de edad, y ejercía el cargo de regente de esta parroquia. Fue detenido el 6 de septiembre de 1936 en Forés, donde se había refugiado, por unos 18 personas de aquella misma población. Rodearon la casa donde tenían sospechas que estaba escondido. Advertido de la maniobra se escapó por la puerta de atrás, que daba al campo. Le persiguieron durante media hora, hasta que cayó al suelo y lo detuvieron. Fue conducido al Ayuntamiento de Forés, en medio de groseras burlas de palabra y obra. Allí fue comunicada su detención a los comités de Sarral, donde había sido coadjutor, y Conesa, de donde era regente. Personados los componentes de ambos comités, fue cruelmente maltratado. Y habiendo suplicado: “Tinc sed”, le echaron un vaso de agua en la cara. En todas estas escenas estuvo presente su madre.

“MARE, NO PLOREU LA MEVA MORT”.- Al llegar, mosén Tomás se abrazó a su madre, diciéndole: “Mare, no ploreu la meva mort”. El comité de Conesa entregó al detenido al de Sarral, y este se lo llevó al cementerio de Solivella; antes de llegar, le obligaron a bajar del coche. Mientras se acercaban al cementerio lo arrastraban por el suelo y le cortaron diferentes miembros del cuerpo. Al llegar al camposanto lo remataron con diversos disparos. Eran las tres de la madrugada del día 7 de septiembre de 1936. Allí mismo fue sepultado. Todos estos detalles han podido ser recogidos de boca de los asesinos que lo explicaban en público durante el periodo republicano y se jactaban de ello. Algunos han sido ejecutados y otros fueron encarcelados. (AHN, Causa General de Tarragona).

CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN.- El cura ecónomo de la parroquia de Santa María de Conesa, Francesc Florit, certifica que el 3 de septiembre de 1939 mandó dar sepultura eclesiástica al cadáver de mosén Tomás Capdevila Miquel, de treinta y tres años de edad, natural de Forés, hijo de Tomás Capdevila Batet y de Dolores Miquel Salvadó, de Forés que falleció  “cruelmente martirizado y asesinado por su intrepidez y santa intransigencia en defender y vindicar los derechos de Cristo y su Iglesia” el 6 de septiembre de 1936 en el cementerio de Solivella. Sus restos fueron trasladados por acuerdo del Ayuntamiento, “y en medio de la consternación del pueblo que le venera como un mártir”. Acudió a su solemne entierro una ingente muchedumbre de los pueblos de la comarca y todo el pueblo de Conesa. Lo certifica el párroco Manuel Baldrich, el 16 de abril de 1952.

TESTIGOS DE SU VIDA Y MARTIRIO.- Francisca Duch Pijoán, Rosalina Torrellas Mañé, Marta Puig Corbella, Matilde Farré Savidó, Montse Mariano Torrellas, Cecilia Giné Clarazo, Pilar Giné Serra, Salvador Bosch Farré, Pedro Llorach Moix, Luis Puig Murtra, Juan Carlos Corbella Llort, Celestina Moix Gasol, Santiago Moix Capdevila, María Capdevila Miquel, Dolores Miguel Tarragó. (Son los que prestaron declaración ante el Tribunal Esclesiástico y el fiscal de la Causa).

Un reportaje del periodista Francesc Basco Gracià, basado en los datos que obran en el Archivo Archidiocesano de Tarragona (positio del obispo Borrás) y en el Archivo Histórico Nacional.

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